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"Lo último que verán tus ojos"

Isabel San Sebastián dedica su última novela a los que no se resignan

Isabel San Sebastián en el club de lectura de Diario de Navarra

Isabel San Sebastián en el club de lectura de Diario de Navarra

Actualizada 20/01/2017 a las 16:46
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  • José Ignacio Roldán

"A todos los que no se resignan, ni se venden ni se callan ni se rinden" está dedicado "Lo último que verán tus ojos", un homenaje de Isabel San Sebastián a la figura del diplomático español Ángel Sanz Briz, que salvó del exterminio a 5.000 judíos húngaros. La novela fue presentada en un abarrotado club de lectura de Diario de Navarra el pasado 13 de diciembre.

"La novela homenajea la figura de Sanz Briz, a quienes colaboraron con él y a todos los que no miraron para otro lado, porque basta con que los buenos no hagan nada para que el mal triunfe", dijo Isabel san Sebastián, que precisó dos cosas: hay más personas buenas que malas y también hay más cobardes que valientes. "Hay muchísimas más personas  buenas que malas, infinitamente más, pero esas buenas personas rara vez alcanzan el poder porque para llegar al poder hay que ser mala persona, hay que dejarse escrúpulos, traicionar principios y amigos, hay que tener conductas que no encajan con una buena persona".

Ángel Sanz Briz era encargado de negocios en la embajada española de Budapest al final de la Segunda Guerra Mundial y se queda al frente de la embajada después de que el embajador Miguel Ángel Muguiro fuera obligado a abandonar la delegación diplomática. Muguiro, que ya había comenzado a ayudar a los judíos, le pide que continúe con esa labor.

"Sanz Briz era un jovencísimo consejero de embajada de 34 años y hay que ponerse en su situación. Budapest, ciudad ocupada por los nazis, gobernada por unos salvajes comandados por Szálasi, un nazi peor que Hitler, un loco, un fanático, y sitiada por los rusos. En esta situación se echa a las espaldas la responsabilidad de salvar cuantas más vidas de judíos pueda y llega a salvar 5.000, más que Schindler, que salvó 200 después de explotarlos en la fábrica. Usa la embajada y abre 9 pisos protegidos en los que aloja centenares de judíos sin permiso de Madrid y enfrentándose a las autoridades húngaras".

El destino de los judíos húngaros eran los campos de exterminio o el asesinato. "Reunían a grupos de cuatro o cinco, los ataban con alambre, le pegaban un tiro a uno y arrojaban al río a todos para que se ahogaran con el muerto. Así ahorraban munición. Les obligaban a quitarse los zapatos y los dejaban en la orilla antes de hundirlos. He visto museos y monumentos sobre el Holocausto, pero el más evocador de todos es el que está a orillas del Danubio, junto al Parlamento de Budapest, con zapatos de bronce de niños, de ancianos, de hombres y mujeres que lo recuerdan."

Esta hazaña le vale a Sanz Briz 20 años después, en 1964, el reconocimiento de justo entre las naciones por parte del gobierno de Israel, pero Franco le prohíbe acudir a recibirlo. "Muere en el más absoluto anonimato sin que su propio país ni ningún otro agradeciera lo que había hecho". Y es que, recuerda Isabel San Sebastián, la España de Franco era antisemita, "como es la extrema izquierda ahora. Pero Franco nunca fue racista. Franco vinculaba el judaísmo con Marx, con Engels con el extremismo y con los masones… con intrigas contra España. Era antisemita por razones políticas, no raciales. La ideología nazi sí era profundamente racista. Consideraba subhumanos a los judíos."

Durante la guerra, Serrano Suñer, profundo antisemita, puso todo tipo de obstáculos para los visados a judíos fueran o no sefardíes. Después Gómez Jordana, anglófilo, sí practicó la política de mirar a otro lado cuando se ayuda a los judíos, "pero la orden formal a todas las embajadas y consulados era abstenerse de intervenir, no implicarse. Cuando los embajadores pedían pasaportes para sefardíes, la mayoría de los telegramas que recibieron ordenaban abstenerse de actuar y no interferir. No recibieron órdenes de salvarlos. Al final de la guerra para salvar su imagen ante los vencedores, se enviaron emisarios a vender la salvación de estos judíos como mérito del régimen".

Otro caso fue el de Sebastián Romero Radigales, cónsul general de España en Atenas, que fue a Berger Belsen a exigir la liberación de 300 judíos sefardíes de Salónica deportados a pesar de tener visados españoles. "Su orden era expresamente no hacerlo. Había que tener valor para presentarse allí a exigir su liberación".

Odio a los judíos

Para contar la historia del diplomático español, Isabel San Sebastián idea la historia de una familia parcialmente salvada por Sanz Briz, a la que un oficial alemán expropia un cuadro del Greco que un antepasado sefardí se llevó a Budapest desde Toledo. Este recurso lo utiliza la autora para relacionar el Holocausto con la expulsión de los judíos de España en 1492 y reflexionar sobre los pogromos padecidos por el pueblo judío a lo largo de la historia.

Cuenta la escritora que los judíos no podían ejercer determinadas profesiones. "No podían tener tierras, con lo cual no fueron agricultores. Tampoco carniceros ni otros oficios de cristianos y se les relegó al comercio. Además, a los cristianos les estaba prohibido prestar dinero con interés y en cambio los judíos sí podían, así que se convirtieron en los prestamistas de todo el mundo. Los reyes los utilizaron como recaudadores de impuestos, de modo que siendo y ricos y recaudadores de impuestos, eran los perfectos chivos expiatorios en épocas de vacas flacas. Así vinieron las expulsiones y los pogromos".

Sin embargo, existe una corriente dentro del judaísmo más ortodoxo que atribuye el Holocausto y las persecuciones a un castigo divino. "Los jasídicos que viven en Nueva York y los ultraortodoxos de Jerusalén están convencidos de que el Holocausto fue un castigo divino merecido por tratar de integrarse en la sociedad occidental, por abandonar los mandamientos y adoptar costumbres gentiles. El protagonista de mi novela se pregunta cómo se puede creer en un dios así, tan perverso, cruel e implacable. Ya es difícil creer en uno misericordioso como para creer en uno así. Esa actitud ha llevado a los judíos a separarse del resto de la sociedad en distintas etapas de la historia, lo que también explicaría el temor y rechazo a los judíos en distintas épocas históricas".

Otro aspecto para el debate es la causa de que los judíos fueran a las cámaras de gas por su propio pie, que no se rebelaran en masa ante el exterminio emprendido por los nazis. "Se negaron mucho tiempo a admitir que eso iba a ocurrir. Los españoles pensaron hasta el último momento que no les expulsarían e intentaron comprar su derecho a permanecer en España. Los húngaros hicieron lo mismo. Toleraron leyes antisemitas sucesivas a cada cual más dura e intolerable. Algunos se fueron, pero la mayoría se quedó pensando que aquello pasaría y que si aguantaban el mal menor evitarían el mal mayor. Bueno pues el mal mayor llegó".

La autora ve en esa actitud cierto paralelismo con la actualidad. "Cuando se consienten determinadas ideologías y se mira a otro lado ante el ascenso de determinados movimientos pensando que no es para tanto, que ya pasará, que no va conmigo o que no nos toca. Pues acaba tocando. Estas ideologías acaban derivando en tragedias colmo el Holocausto o la guerra mundial. Ante ideologías totalitarias, excluyentes, hay que levantar la voz, hay que rebelarse. Lo inaceptable es inaceptable. El mal menor no evita el mayor, sino que lo consolida"

Isabel San Sebastián tiene una extensa obra sobre el terrorismo de ETA, pero no cree que vuelva a escribir sobre ello y menos una novela. "No sé si volveré a escribir. Lo que sí sé es que no puedo leer temas de terrorismo porque es mi vida. He vivido 11 años con escolta, mis hijos han tenido pesadillas tengo un primo asesinado por ETA, otro en la organización, he vivido esa división en mi familia. El día del funeral de mi padre me levanté de la mesa por una discusión política relacionada con ETA. Para mí esa es algo que sangra, que ha marcado una época larguísima y durísima de mi vida. No me imagino haciendo ficción sobre eso, toda novela tiene un componente frívolo de imaginación y me resulta imposible frivolizar con el tema ETA. Escribiré artículos, quizás un ensayo, pero no una novela relacionada con ETA porque me toca demasiado de cerca, demasiado hondo. Es algo que no me veo novelando. Agradezco que alguien lo haya hecho con maestría para que quienes no conocían la historia la conozcan, pero me sorprende que hoy en día haya quien se sorprenda. Yo prefiero novelar cosas que me duelan menos".

Los extremismos

Le preocupan los extremismos sean del tinte que sean. "Los populismos de derechas, como Trump, que quiere eliminar el libre comercio cuando la mejor forma de prevenir una guerra es mantener relaciones comerciales. También el extremismo opuesto, los populistas de izquierda, que dicen que el que no piensa igual es un fascista al que acosan en redes sociales con sus lobos tuiteros que se lanzan a contra ti. También está resurgiendo el racismo, los nacionalismos que hablan de Rh hielan la sangre. A estas alturas de la vida algunos piensan que es mejor ser vasco, húngaro o andaluz que ser zamorano o que ser sueco. Eso es demencial. Estamos ante un nuevo auge de estos fenómenos y caemos en el mismo error que se incurrió en el pasado: mirar para otro lado, ya pasará… no llegará la sangre al río. Y es muy grave".

Los medios

Según Isabel San Sebastián, "la vulnerabilidad de los medios les está poniendo en manos de los grandes anunciantes y de los partidos políticos, cada vez más exigente e intolerantes con la crítica". Afirma que jamás ha dicho algo que no quisiera decir ni ha callado algo que quisiera decir. Lo único que le hubiera hecho traicionar sus principios hubieran sido los hijos. "La única razón por la que me habría sometido es que mis hijos no tuvieran qué comer. Hubiera hecho lo que fuera, hubiera prostituido mi pluma, con gran dolor, pero lo hubiera hecho. Afortunadamente, nunca lo he necesitado".


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