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"Creían que sabían"

Fernando Aramburu y la literatura contra el olvido

Fernando Aramburu en el club de lectura de Diario de Navarra

Fernando Aramburu en el club de lectura de Diario de Navarra

Eduardo Buxéns
Actualizada 22/11/2016 a las 14:40
  • José Ignacio Roldán

"Escribo contra el olvido", afirmó Fernando Aramburu cuando presentaba Patria, su última novela, en el club de lectura de Diario de Navarra el pasado 11 de noviembre. En el libro, el escritor recrea las consecuencias del terrorismo etarra para dos familias que viven en un pequeño pueblo del interior de Guipúzcoa, en un periodo que va de mediados de los 80 hasta el verano de 2012, incluido el asesinato de uno de sus protagonistas, un empresario extorsionado que no paga la totalidad del llamado "impuesto revolucionario".

La novela va a publicarse de momento en siete países, incluido el Reino Unido, lo que contribuye, en opinión de Aramburu, a la derrota literaria de ETA, a contrarrestar la versión que puedan dar sus adeptos. "Nosotros lo hemos vivido, pero los ciudadanos del futuro, no. Lo vivirán, como nosotros la batalla de Waterloo, por lo que lean, por los testimonios que dejemos hoy. Si son falaces, su idea de esos acontecimientos será falsa y hay interés por parte de la izquierda abertzale por hacer un relato glorificador del terrorista y justificativo del crimen. Frente a estos relatos tendenciosos y falaces existe la posibilidad de escribir otros más cercanos a lo que ocurrió y a la sensibilidad de las víctimas. Escribo contra el olvido".

Fernando Aramburu nació el mismo año que ETA y recuerda que la primera noticia que tuvo de los terroristas fue el secuestro del cónsul alemán en San Sebastián, Eugene Bëihl, en 1970. "Tenía 11 años y, desde entonces, también estuve expuesto a sus doctrinas, pero afortunadamente vivía en una ciudad, no en un pueblo, y siempre tuve un ingrediente cristiano en mi modo de pensar. No soy creyente, pero el "no matarás" me ha convencido desde pequeño. Tenía la sensibilidad del que tiene en cuenta al otro, sintiendo una especie de empatía. Mi gran salvación para no caer en grupos violentos fueron también los libros. Con ellos me alejaban del orgullo milenario, de mi pueblo".

Detrás de Patria hay un doble estímulo. Uno de ellos era una nota que tenía guardada hace tiempo en su libreta. El segundo estímulo se produjo en 2011 cuando ETA anunció el cese definitivo de la actividad armada. "Mientras leía un libro, me vino repentinamente a la cabeza la imagen que está al final de la novela. En un momento determinado combine esa imagen con la vieja nota y vi que había una novela. Pero en realidad, la novela no es más que un prólogo a la escena final, todo está dirigido hacia ese final. Y quiero añadir que no tenía tantas páginas, pero pedí al editor que aumentara el tamaño de la letra por piedad con los lectores".

Responsables de palabras duraderas

Aramburu concede una importancia extraordinaria a la narrativa ante el hecho histórico del terrorismo. Tras el periodista y el historiador, que ofrecen los datos, el escritor es el último en llegar al lugar de los hechos para hacer una interpretación personal. "Los escritores relatamos como se vivió todo aquello. Como se vive tener un hijo que ha matado, cómo reaccionaría yo… Estamos implicados emocionalmente. Somos los responsables de las palabras duraderas. Esto es de vital importancia porque el relato histórico se refuta con otro, pero el hecho estético no. Si el escritor lo hace bien, el texto será perdurable y, aunque se interprete de forma distinta, seguirá remitiendo a los lectores del futuro a los hechos de ahora. Y si esa versión es contraria a lo que quieren transmitir los defensores del terrorismo, se habrá producido una victoria literaria. Tengo esa ambición, otra cosa es que lo consiga".

Esa sensación de verdad es lo que Aramburu quería conseguir a toda costa y en este trabajo no ha estado solo, todo tiene un filtro de verosimilitud. Aunque los personajes son ficticios, han sido construidos a partir de otros reales y los hechos narrados se han producido en algún momento a lo largo de los años que abarca la novela.

En el caso del papel de la Iglesia vasca, representada en Patria por el cura del pueblo, Aramburu dice que no se puede generalizar porque ha habido curas con escolta, "pero una gran parte ha estado cerca del nacionalismo, incluido el obispo, al que le he oído declaraciones directamente racistas cuando se supone que ha asumido el ministerio de Cristo para difundir el amor y la caridad". El que sí era un cura real, explicó Aramburu, es el que aparece en Años lentos y adoctrinaba a los jóvenes del barrio. "Buscaba jóvenes vascoparlantes y apellidos vascos y los llevaba al monte".

Es también el cura de Patria el que le pide a uno de los personajes que escriba en euskera en favor de la causa. "Lo peor que le puede pasar a un idioma es que se instrumentalice", afirmó Aramburu. En ese sentido, también es crítico con los escritores que prefieren situar sus novelas fuera de este entorno para no comprometerse. "No escribo mi novela en clave, pero ese tipo de escritor se ha dado".

Una foto de la realidad

Aramburu se planteó la aparición de los personajes en la novela como una partida de ajedrez, pero sin blancas y negras "porque eso habría tumbado la novela". Los personajes no son arquetipos, tienen sus aristas, sus dudas, y reflejan lo que hubiera aparecido en una fotografía de la sociedad vasca de la época: asesinatos, extorsión, amenazas y también dispersión de presos, viajes de familiares y tortura. "He puesto la cámara, he apretado el disparador y sale lo que sale porque se ha producido. No me tapo un ojo y cuento una parte. Esto es una catarsis, sinceridad, poner las cosas en su sitio y tratar de entenderlas. Las generaciones futuras lo merecen, no podía dejar zonas de silencio".

Junto a un cameo del propio Aramburu en un capítulo de la novela donde explica las razones que le movieron a escribir Patria, uno de los pocos hechos reales que se cuentan es el asesinato del concejal del PP de Rentería Manuel Zamarreño. "Tiene un ingrediente de homenaje, sacarle del saco de 850 víctimas… dejar de ser un número. La ficción literaria tiene la posibilidad de singularizar, el escritor puede devolverles las señas de identidad que se les arrebató".

Las madres de las dos familias son los personajes de mayor fortaleza y determinación. Una de ellas, Miren,  la madre del miembro de ETA, llega incluso a fanatizarse. "Por amor a su hijo, entiendo que una madre sea capaz de adoptar la actitud de Miren. Se puede discutir si es exagerado o mal concebido. El lector sacará consecuencias. Además ella elige a ese hijo por encima de los otros y al final su propio hijo le coge miedo porque le supera en cuanto a fanatismo".

Creían que sabían

Preguntado por las reacciones que ha suscitado Patria dentro y fuera del País Vasco y Navarra, Aramburu afirmó que "las opiniones favorables no son de personas del entorno abertzale. Me inquietaría que ciertas personas me alabasen. Por lo demás, hay una zona de silencio respecto a mi trabajo. No me importa nada".

¿Fuera? "Fuera creían que sabían pero no sabían. Veían telediarios y periódicos pero no se imaginaban que fuera tan terrible. Hay cosas que no llega a los periódicos: que no te sirvan en la tienda o que te manden una bala por carta. Esa vivencia cotidiana en un lugar donde impera el terror no sale en la tele, no se conocía. La llamada diciendo Gora ETA, con el cuerpo del Txato aún caliente, es un hecho que se ha dado en la realidad".

El estilo al servicio del tema

El autor explicó después cómo escogió el estilo que creía adecuado. "Dependiendo del terma modulo de un modo u otro el lenguaje. Al ser vascos, iban a hablar como mis vecinos, gente callada, expresiones propias de ellos como el "si yo vendría…" Cualquier descripción superflua se eliminaba sin dudar. No hay ninguna comparación del estilo ‘ojos azules como…’, no necesitaba ampliar la masa lingüística porque el texto tenía que entrar de forma directa, rápida y bien. Tenía que ser creíble al lector. No quería poner ni una palabra de más en la novela".

Cuando pensó en la voz narrativa, Fernando Aramburu creyó oportuno que los 9 protagonistas interviniesen en la narración. "Sus pensamientos están expuestos personalmente y en el momento en que se producen. Interrumpen al narrador externo cuando lo consideran oportuno". En cuanto al narrador, Aramburu recuperó el modelo de narrador de Ávidas pretensiones. "El texto es consciente de ser utilizado para contar, pero no sabe la historia, y de repente interviene con preguntas para que se aclaren cosas. Está presente al final con una pregunta que desencadena las últimas frases dando una respuesta al texto".


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