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Juan Manuel de Prada y "Mirlo blanco, cisne negro"

"Llevo 22 años escribiendo a la contra y eso fatiga mucho"

Juan Manuel de Prada en el club de lectura de Diario de Navarra

Juan Manuel de Prada en el club de lectura de Diario de Navarra

Actualizada 04/11/2016 a las 19:57
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  • José Ignacio Roldán

"Las editoriales tienen una responsabilidad grave en la pérdida de relevancia social de la literatura" declaró Juan Manuel de Prada en el curso del encuentro celebrado el pasado 25 de octubre en el club de lectura de Diario de Navarra para presentar Mirlo blanco, cisne negro, su última novela. La sala de Zapatería se llenó para escuchar al escritor.

El autor basó su afirmación en la necesidad de las editoriales de maquillar sus resultados económicos como consecuencia de la crisis, la piratería y la fascinación tecnológica. "Los libros se venden un 40% menos que hace diez años y las grandes editoriales han reaccionado publicando libros que no son estricta literatura". Prada se refería a obras escritas por famosos con las que suplir la caída de ingresos por la vía de obras de calidad literaria. "Mitigan resultados económicos pero esto es pan para hoy y hambre para mañana porque aplastan las nuevas generaciones de lectores. Hay libros de youtubers que son para homínidos".

En este sentido, citó a su propia editorial, de la que dijo que antes publicaba 24 novelas al año y ahora publica doce, de las cuales solo dos son de auténticos escritores. "Los buenos escritores ya no venden tanto y se acaban marchando a editoriales pequeñas. Allí les va bien porque los costes estructurales son menores y la editorial puede sobrevivir vendiendo mil o dos mil ejemplares. Esto está muy bien, pero condena al escritor al hambre. Si vende 1.000 ejemplares, recibe 2.000 euros de ingresos y eso al año no da para vivir. Un escritor profesional es ahora un caso de ciencia ficción".

No obstante, el autor confesó que su editorial fue generosa "porque mis dardos más duros en esta novela son contra mí y contra las editoriales. Hay pasajes dolorosos y sugirieron que los suavizara, pero he de reconocer en su honor que me hice el sueco y no insistieron".

En estas condiciones, hacer carrera en el mundo de las letras españolas se antoja difícil. "Soy optimista con respecto a las jóvenes promesas y soy pesimista respecto a la relevancia que puedan llegar a tener. Hoy en día, para llegar a ser influyente, un escritor tendría que ir a Gran Hermano o pelearse con Belén Esteban. Hay jóvenes muy interesantes, pero en casi todos los casos no logran relieve alguno o solo en círculos".

En relación a los consagrados, la opinión de Juan Manuel de Prada es que tienen por lo general una visión del mundo paradigmática, comulgan con las ideas capitales sobre las que se sostiene el mundo de nuestra época. Son escritores complacientes, pero eso no quiere decir que sean malos, buenos o regulares. Virgilio vivía de los mecenas y era sistémico, lacayo de los paradigmas culturales de su época. Mozart, lo mismo. Escribían obras que complaciesen a los poderosos. Eso no quiere decir que fueran malos. Del mismo modo, no ser complaciente no significa ser bueno. De todos modos, para ser académico hay que ser sistémico".

El papel de la crítica

En Mirlo blanco, cisne negro hay también una ácida crítica de los críticos y un personaje se refiere a ellos como eunucos que saben cómo hacerlo, pero no pueden. "No estoy del todo de acuerdo con esa frase porque hay y ha habido críticos muy buenos, como Azorín. Sí existe el zoilo, el acre, quisquilloso, que en lugar de transmitir pasión por el arte, trata de envolver el arte en su bilis. Se da mucho. Gente amargada porque no consiguió ser escritor y se desquitan por sus carencias juveniles. Yo creo en la crítica como el arte de hacer disfrutar del arte. No encuentro el sentido a escribir sobre obras que no te han gustado. Una obra literaria que merece un estudio es la que te ha conmovido, deslumbrado. La crítica se ha convertido en un ajuste de cuentas endogámico".

De todos modos, Prada sostiene que "la crítica ya no es lo que era, ya no marca el destino de una obra literaria. Antes podías pasar del anonimato al estrellato. Cuando yo empecé, Umbral hizo una crítica sobre Coños y eso hizo que de no conocerla nadie, se hablara de ella. Hoy es impensable. Hoy, ni el columnista de más prestigio puede hacer que un libro triunfe o no. Ya no existen medios con la influencia y penetración de los grandes periódicos de hace 30 años".

La parte positiva de la escasa influencia de la crítica es que una mafia cultural ya no puede imponer su criterio como antes. La parte negativa es que un escritor joven tiene más difícil darse a conocer. "Los elogios que pueda recibir no los va a conocer nadie".

Crítica inmisericorde

Confiesa el autor que casi nunca ha tenido buenas críticas. "Mi primera novela ya tuvo reseñas negativas. La crítica ha sido inmisericorde conmigo. Hacerle una reseña buena a Prada es como condenarte. Esto me ha distinguido porque el nivel de compadreo es tan brutal que esta situación ha generado curiosidad".

A lo largo de la conversación se habló del suplemento Barataria citado en la novela, al que el lector podría identificar con Babelia. "Nunca me ha tratado bien y es una medalla que me cuelgo. La única crítica buena que tuve fue con Morir bajo tu cielo y la firmó un argentino despistado. A partir de Las máscaras o me han zurrado o me han ninguneado. Pero me siento orgulloso de ello porque el 99% de los escritores de mi generación y de la anterior que han triunfado han sido lacayos del imperio mediático de Prisa. Me jacto de haber sido el único que ha consolidado una carrera al margen de ellos. Es una medalla que me ha costado heridas y descalabros. Durante mucho tiempo parecía imposible asomar la cabeza sin ser bendecido por los popes de esta misa negra, misa democrática, que dice Saldaña".

Juan Manuel de Prada tuvo vocación de marginalidad en el sentido de que su visión del mundo no encaja con los paradigmas de nuestro tiempo. "Llevo 22 años escribiendo a la contra y eso fatiga mucho, es incómodo. Es más cómodo decir las paparruchas correctas que se llevan. Lo otro es más cansado y desalentador porque te diriges a una sociedad más moldeada en esos paradigmas y cada vez es más hostil. Pero fuera también hay vida. No me quejo".

Umbral y Cela

A lo largo de su carrera ha buscado el magisterio de otros escritores, como Umbral y Cela. "Aprendí de los dos que la condición fundamental del escritor verdadero, una vez que se tiene talento, es la constancia, la disciplina, la capacidad de sacrificio, el trabajo. Umbral era compulsivo, tenía que sentir que había ganado 100.000 pesetas antes de salir de casa. Publicó 120 libros y 90 son bazofia, pero hasta en la bazofia hay talento". Sin embargo, la relación entre ambos terminó mal. "Mi relación fue intensa, breve y terminó muy mal. Tuve una época dura de cruce de artículos rabiosos".

Con Cela tuvo un trato más luminoso. "Umbral quería que los discípulos fueran enanitos y que no crecieran. Pensaba que un joven con éxito le quietaba lo conquistado. Cela era distinto, ya había ganado el Nobel, había alcanzado la gloria. Era mucho más reposado y tranquilo".

El Nobel necesitaba escribir todos los días. "Me dijo una cosa que es una gran verdad. Los estreñidos justifican su tardanza en que una novela necesita tiempo, pero mire: si escribe un folio al día, tiene una novela al año. Y escribir un folio al día no es hercúleo".

Concluyó sus recuerdos de Cela diciendo: "Creo en la inspiración más que nadie, pero considero que la disciplina es la base del escritor. Así es como llega la inspiración. La novela necesita que vivas en ella.

Mirlo blanco, cisne negro

Juan Manuel de Prada explicó a una sala llena de público que Mirlo blanco, cisne negro "no es una venganza. Pretende ser una especie de purga del corazón, como decía Cela. Él necesitaba hablar de los sentimientos más escondidos y verdades más hondas, las que afectan a la propia vida, a su vocación literaria. Llegados a esta edad provecta, pensé que había que hacer un ejercicio así. Unas memorias era algo pomposo y vanidoso, así que decidí escribir un libro sobre mi experiencia, pero novelado y que no tuviera que ver con mi vida, sino con mis sueños. Los sueños aparecen de modo inteligible, nada me ha sucedido pero sí es fruto de mi experiencia. Al final es una confesión muy desgarrada de mis errores y sobre todo de los dos momentos en que mi vocación estuvo a punto de naufragar".

Esos dos momentos tuvieron lugar cuando alcanzó el éxito a la edad de 26 años. "El trabajo del artista es callado, discreto, requiere soledad, vida austera y yo triunfé de forma rápida y estrepitosa. Publico con 24 años y con 26 gano el Planeta. Paso del anonimato al estrellato y esto estuvo a punto de destruirme. Pude convertirme en un gilipollas integral, en un escritor del régimen que se amolda al gusto y se convierte en un lorito de lo que la gente quiere oír y de la propaganda del momento. Lo superé, afortunadamente".

La segunda tentación tuvo que ver con circunstancias más personales y dramáticas. "Dice Connelly que la menopausia del artista llega a los 37 años. Es cuando el escritor que se toma en serio su trabajo no puede admitir que digan sigue haciendo lo mismo. Entonces, o se convierte en una caricatura o se transforma en un escritor distinto. De velocista a maratoniano. Y luego está el que ante la dificultad de la transformación entra en crisis y deja de escribir para encontrarse a sí mismo. Me ocurrió a los 37 años, cuando publico El séptimo velo. Estuve 4 años sin escribir y tardé otros dos en publicar. También la superé".

En la novela, "esto lo aplico a dos personajes distintos que tiene que ver conmigo, pero son ficticios y veo como lo afrontan y los enfrento entre sí. Este es el núcleo de la novela: cómo afrontar el éxito y el desistimiento. Y al mismo tiempo como dos figuras en crisis colisionan entre sí y como es su relación".

Al mismo tiempo, hay bromas y guiños al lector que le ha seguido. La mayoría de las bromas van dirigidas contra él mismo. Por ejemplo, la primera novela de Octavio Saldaña guarda semejanza con Las máscaras del héroe y Volverán banderas victoriosas tiene semejanza con Me hallará la muerte. "Hay secretos contados y reflexiones mías, pero otras reflexiones que pienso lo contrario. Es como un juego, mezcla rara dolorosa y divertida de mezclarme a mí mismo con elementos ajenos a mí. Que nadie busque una clave".

Saldaña es el personaje del que está más orgulloso de todos los que ha creado. Saldaña representa la tragedia que hay en la vocación artística. Se suele soslayar el componente terrible que tiene la creación porque es verdad que una vez lograda produce serenidad, gozo, pero la creación requiere de abismo. Una frase de Nicolás Gómez Dávila que se usa en la novela dice que el verdadero escritor es el que es capaz de arrancar una pluma del ala de un arcángel y mojarla en tinta infernal. Saldaña es la creación pura. Está sustancialmente unido a su vocación y es su destino para bien o para mal. Tiene una fuerza especial ye s el epicentro de la novela".


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