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Encuentro con la verdad del autor

Alejandro Palomas: "Escribir me salva de morirme"

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Alejandro Palomas: "Escribir me salva de morirme"

Alejandro Palomas presentando Un perro en el Club de Lectura de Diario de Navarra

Actualizada 17/10/2016 a las 09:58
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  • José Ignacio Roldán
Alejandro Palomas dejó el pasado 6 de octubre en el club de lectura de Diario de Navarra un reguero de confesiones rotundas, de verdad sin concesiones, después de abrirse en canal ante un público que asistió con el corazón encogido a un encuentro para recordar. La cita era para hablar de su última novela, Un perro, pero Rulfo se convirtió en actor secundario de una presentación cargada de emociones.

El escritor barcelonés lo anticipó al comienzo de la charla cuando afirmó que hay autores que tienen tendencia a quedar bien, a decir sin decir o que se limitan a analizar la estructura de su novela. "Eso no me interesa. Me interesa quién está detrás, si me está mintiendo, si es un artificio lo que cuenta. Porque si su novela es un artificio, no lo quiero. Si no concuerda lo que escribe con lo que dice, me siento estafado".

Y Alejandro Palomas fue plenamente fiel a su forma de ver la literatura. "Aunque solo tuviera un lector, no querría engañarle con ninguna de mis novelas. Me muero si llego a pensar que estoy falseando. He vivido mucha mentira en mi familia y eso me ha hecho mucho daño".

Esta reflexión surgió inmediatamente después de escuchar la presentación de José Ignacio Roldán. "Oigo hablar de mí y me estoy dando cuenta ahora de que sí me lo he currado mucho, pero que no tengo amigos escritores. Estoy solo. En el gremio de escritores hay algunos que se apoyan entre sí y crecen juntos. Yo no me he sentido acompañado por ningún compañero. Quizás porque no he encontrado ningún afín a mí. Los habrá, en cuanto a lenguaje y sensibilidad, pero no he encontrado ninguno que sea y escriba así".

Cuando hablan los de dentro

Para Alejandro Palomas, escribir va más allá de la profesión. "Escribir me salva de morirme. Es una locura mía, pero mientras pueda imaginar y escribir, tengo una razón para seguir aquí. Cuando no sea así, ya está: 24 horas". Y escribe cuando no oye nada. "Cuando no vivía en el campo lo hacía por la noche. Es el momento más ruidoso del día porque callan los de fuera y hablan los de dentro. Hay una vida que es esta y otra que empieza cuando yo me encierro y que es mejor".

Explicó Palomas que abordó con mucha presión Un perro después del éxito que había tenido Una madre. Por un lado, cómo explicar al nuevo lector los antecedentes y, por otra, no aburrir al que ya los conocía y se había quedado sorprendido y prendado de Amalia. El resultado es una novela que, según su autor, tiene otro color.

Escribir desde el infierno

"Una madre salió sin que nadie la esperara, nadie lo sabía y yo era dueño de mis tiempos. En cambio, Un perro tenía detrás una editora esperando con una fecha de entrega y con muchas expectativas". Esa editora acabó convirtiéndose en una de las claves del resultado final de la obra. "Cuando escribí la primera parte hice algo que no había hecho nunca: se la pasé a la editora. La vio y solo me hizo un comentario sobre el encaje de un personaje. Me di cuenta de que lo que no valía de lo escrito era en realidad el tono general porque estaba redactado desde la rabia hacia mi madre. Hablé con ella y me dijo que mi problema era que yo esperaba que fuera la madre que no es. Ahí se acabó la rabia y a partir de ahí salió todo seguido. Sin aquel comentario de la editora, la novela hubiera sido otra".

Contó Palomas que antes de terminar Un perro tuvo una crisis profunda. "Estaba en una reunión y no entendía nada, estaba confuso, como si me hablaran en otro idioma. Entré en un infierno mental. Confundía las letras del teclado. No podía conducir porque no entendías las señales, los colores del semáforo. Pero tenía que terminar la novela y la terminé sin saber qué escribía. Me daba miedo decir lo que me pasaba. No lo dije nunca a la editora. Escribí estos 4 capítulos así. Los leyó la editora y no cambió nada. Ni una sola corrección. Le pareció estupendo".

Aquella experiencia le hizo a Alejandro Palomas empatizar con la enfermedad mental. Ahora veo alguien enfermo y siento una empatía profunda, no me da miedo. Es la enfermedad oculta. Se sufre mucho. Es un infierno y yo lo he vivido, yo pasé una crisis de ansiedad. No sabía qué era, ni cómo se manifestaba, ni que afectara a tantas cosas. Ahora sé lo que es. No hay que avergonzarse por medicarse. Bastante peso es la enfermedad."

La verdad inverosímil

Confesó también que en todas sus novelas hay parte de él y de su familia. "En todas mis novelas lo que parece más increíble es la verdad y lo más verosímil es ficción. Es así de triste. Lo otro es relleno. Es diversión, jugar".
Un ejemplo de realidad se produce cuando Fer le dice a su madre que no podría vivir sin ella y su madre le contesta que si él se va, ella se va 24 horas después. "Eso es una conversación real muy difícil de tener con una madre. Pero lo bonito es lo sincero. Hablamos mucho de si nos ayudaríamos a morir. Yo sé quién me ayudaría y quién no. Cada uno en la familia sabe a quién pedir ayuda. Es terrible pero la vida es así".

La familia que Palomas retrata mantiene una relación muy intensa, como ocurre en la realidad. "Estamos muy unidos, pero ha costado mucho. Yo por mi familia mato. No la cambiaría por nada". Y usa la escritura para tunearles, insuflarles vida cuando la necesitan y hacer reparos en la imaginación. "Las voy equilibrando para que no se hundan. Quiero que nuestro andamio se mantenga. No quiero que falle ninguna de las tres. Mi vida haría crac si falta alguna. Como pasaría con Rulfo".
¿Y cuando Rulfo muera? "Mi psicoanalista me dice que llevo doce años un medio preparándome para esto. Escribí Un perro con Rulfo enfermo. Creo que si le inyecto vida, vivirá. Mi madre también estaba enferma y le insuflé vida escribiendo Una madre. No quiero que se vaya nadie. Y si se van, lo sobreviviré. O no, no lo sé, pero seguramente sí. Aprenderé colores y texturas distintas que usaré para salsas distintas".

Lo que sí da por seguro es que no tendrá más perros. "Me ha dado tanto Rulfo, he vivido tan intensamente con mis ojos en él. Los paseos, quererlo, curarlo, escribirlo… no puedo hacer nada más". Lo que no hizo por Rulfo fue dejarle aparecer en la portada porque le pareció que estaba comerciando con él. "No puedo hacerle esto, venderle de esta manera. Puedo vender la imaginación, lo que construyo con imágenes… pero su foto no me gustaría nada".

Entre Una madre y Un perro hay varias coincidencias. Una de ellas es que Amalia cobra mayor lucidez según se acerca el día mientras los demás personajes se apagan. Otra es que comienzan por la tarde y terminan al amanecer. "No hay cosa peor que enfermar por la noche porque parece que el mal no termina nunca. Por eso quiero que los personajes pasen por la noche y que, cuando llega la luz, noten un alivio grande".

La ausencia del padre y de la abuela

El padre es el gran ausente presente, un padre que hizo aflorar en Palomas los peores deseos cuando era niño. "Es complicado colocarle, pero todos orbitan alrededor de él. Todos se acuerdan de él. Es fundamental. Si no hay padre no existirían ninguna de las dos novelas".

Otro personaje clave en la vida del escritor fue su abuela. "Era alguien muy especial y escribí para ella El tiempo que nos une. Yo quería regalarle la novela para que viera lo que era capaz de hacer con ella. Pero no lo leyó porque murió pocos días antes de publicarla. Me hizo mucho daño. La tengo ahí arriba como lo más bonito que he escrito nunca. Si la pudiera leer estaría muy orgullosa".

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