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Lorenzo Silva y "Donde los escorpiones"

"Quería contar una historia que llegara a cualquier persona con sensibilidad, no un tratado militar"

Actualizada 17/10/2016 a las 10:00
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  • José Ignacio Roldán
"Pensé que había que hacer algo para contar la experiencia humana de los que van y de los que se quedan; de españoles de hoy uniformados, con hijos, esposas y madres en vilo porque no saben si van a volver. Me pareció que Bevilacqua era una buena manera porque el lector empatiza mucho con él". Así explicó Lorenzo Silva el pasado día 20 de septiembre, en el club de lectura de Diario de Navarra, las razones que le llevaron a escribir Donde los escorpiones, la última novela de la saga protagonizada por la pareja de guardias civiles Bevilacqua y Chamorro, quienes en esta ocasión se desplazan hasta una base española en Afganistán para resolver un crimen.

Silva dedicó la práctica totalidad de su intervención a contar su experiencia en Afganistán, hasta donde viajó para vivir sobre el terreno la realidad de la presencia española en ese país y ambientar adecuadamente la novela. "No quería un tratado de militares, sino una historia que llegara a cualquier persona con sensibilidad. Trasladarle al lector esas sensaciones humanas directas, proponerle una inmersión en esta situación".

"Por preparado que estés, ningún plan estratégico resiste el primer choque con el enemigo. A partir del primer contacto hay que empezara a improvisar", afirmó Silva para añadir después que la guerra moderna no se declara: "Es subrepticia y clandestina, no abierta. El otro día nos enteramos de la presencia de un francotirador británico en Raqqa y nadie sabía que hubiera francotiradores allí"

También piensa que es una guerra hiperasimétrica, con drones que lo ven todo a 3.000 metros y que está muy privatizada. "En las bases hay empresas, gente que hace negocio. Hay contratistas españoles. Por ejemplo, hay tienda regentada por una señora de 50 años de Cuenca llevaba 4 años en Afganistán. Y conocí a un americano que llevaba allí 10 años ganado mucho dinero".

En cuanto a la evolución de la sociedad afgana, Silva se mostró muy pesimista. En primer lugar porque los soldados caen antipáticos. "Los blindados no ceden ningún paso, van armados y todo el mundo se aparta ante el temor a que se produzca una escaramuza. Es muy difícil que a esa gente les convenzas de que estás ahí para ayudar."

Ese pesimismo se acentuó al escuchar algunas historias reales, como la del asesinato de varias niñas a manos de sus padres por el hecho de haber sido escolarizadas. "En 1979, en tiempos de la ocupación soviética, decidieron obligar a escolarizar a los niños y el alcalde comunista de un pueblo escolarizó a las niñas a la fuerza. Mataron al alcalde, los funcionarios y a las niñas, sus propias hijas, contaminadas por ir tres días al colegio".

La mujer apaleada por ser agradecida

Otra historia que Silva contó con detalle fue la de un militar español de la base de Calinao, que veía a las mujeres con burka y sandalias a 20 grados bajo cero. Le pidió a su mujer que le enviara zapatos suyos y de sus amigas para repartirlos en el mercadillo de la base. "Las mujeres vieron los zapatos, cuchicheaban y se reían, pero no cogían ninguno. Se enteró de que los colores eran inapropiados para ellas y que muchos tenían tacón, un tipo de zapato que atribuían a las prostitutas. Ordenó cambiar el color a los zapatos y serrar los tacones. En el siguiente día de mercado, las mujeres se llevaron los zapatos y una de ellas se rezagó, se levantó el burka y besó la mano del militar en señal de agradecimiento. Al día siguiente esa misma mujer apareció apaleada casi hasta la muerte en la puerta de la base".

Afganistán es muy complejo desde el punto de vista religioso, étnico, culturas irreconciliables… "En estos 50 años han ido interviniendo distintos actores: soviéticos, los muyahidines del golfo pérsico, una tercera invasión extranjera por los talibanes y siguen llegando gentes armadas. Solo quieren poder comer, cultivar su campo, ir al mercado… y no ven el día que sea un país normal".

Vivió en la base a su aire y una de las cosas que le llamó la atención fue la notable presencia femenina en la base en puestos de responsabilidad. Aunque la mayoría son voluntarios, Silva afirmó que muchas familias no sobreviven tras el regreso del soldado.

La Guardia Civil y los clichés

En ese clima introdujo a sus personajes Vila y Chamorro. "Mi intención es tomar al guardia civil como modelo para una propuesta narrativa: normalizar la percepción de los colectivos porque es muy roma, superficial y con clichés. Pasa lo mismo con los jueces, los abogado o los médicos. He conocido abogados muy variopintos misioneros, tiburones y buitres. En cualquier colectivo existe esa variedad de la condición humana".

En el caso concreto de la Guardia Civil, "el 90% de los guardias civiles hace años era de extracción rural e hijos de guardias. Hoy yo conozco más de 20 guardias que son doctores en derecho, que yo no lo soy. Esto es un relato de la España contemporánea que ha salido de su atraso y donde se dan fenómenos de apertura. En las últimas promociones entra gente muy preparada".

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