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Clara Sánchez presentó "Cuando llega la luz"

El mal que se disfraza de bien

Clara Sánchez en el club de lectura de Diario de Navarra

El mal es que el que se disfraza de bien

Clara Sánchez en el club de lectura de Diario de Navarra

CALLEJA
Actualizada 17/10/2016 a las 10:35
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  • José Ignacio Roldán
El pasado 8 de septiembre, Clara Sánchez presentó en el club de lectura de Diario de Navarra su novela Cuando llega la luz, en la que de nuevo aborda la presencia de nazis en la costa levantina española, un hecho real que la propia autora pudo comprobar en primera persona. "Si no os lo creéis –afirmó- id al cementerio de Denia y veréis las tumbas de algunos de ellos, como Anton Galler o Gerhard Bremer".

Aunque Clara supo de la presencia de Gerhard Bremer en Denia y conocía algunos lugares donde se reunían nazis, no pensó en escribir una novela hasta que no vio la foto de un matrimonio de ancianos que vivían ocultos en la Costa del Sol. "Era el cumpleaños de él y la foto salió en el periódico de su colonia. Ese fue el origen. ¿Quién piensa mal de un anciano y que detrás de ellos hay dos monstruos? Son la materialización de mi idea de que no somos lo que parecemos. Hasta grados como este". Para Clara Sánchez, el peor mal, el mal absoluto, es el que va disfrazado de bien. Por eso comienza con una cita de Hamlet que dice "Uno puede sonreír y sonreír y ser un villano".

Ese aspecto venerable y el hecho de haber pasado tanto tiempo es lo que invita a algunos a olvidar su pasado perverso. "Pero si son unos viejecitos, si total se están muriendo y no significan nada. Para mí sí significaban –dijo Clara Sánchez- porque no se había ajustado cuentas con ellos y servían de cobertura ideológica a unos descerebrados con ganas de sentirse superiores, con baja autoestima y humanidad muy frágil".

En realidad, hubiera escrito la continuación de Lo que esconde tu nombre poco después de su publicación, pero las amenazas que sufrió "con nombres y apellidos porque no eran anónimas" retrasó Cuando llega la luz seis años. "Luego me he alegrado porque han pasado cosas en este tiempo que refuerzan la primera parte. Por ejemplo los grupos neonazis. Esta novela es una consecuencia de la otra y también de lo que ha pasado en este tiempo".

No quiso la autora hablar de las amenazas ni confirmar si una de ellas era del hijo de Aribert Heim, conocido como Doctor Muerte y Carnicero de Mauthausen por sus experimentos con presos. Clara Sánchez se limitó a decir que no quería dar más publicidad al asunto y que fue una mala experiencia.

La novela es también un homenaje a los miles de republicanos españoles que estuvieron en Mauthausen y que colocaron un cartel en la fachada que decía "Los republicanos españoles damos la bienvenida a las fuerzas liberadoras". Uno de esos españoles, Francisco Boix, al que la autora cita como Perelló, era fotógrafo y gracias a sus testimonios gráficos se pudo conocer mejor el horror de este campo de concentración y exterminio. De hecho, Boix participó como testigo en el juicio de Nuremberg.

Clara Sánchez admitió también que a su protagonista, Julián, le ha puesto el corazón de su padre y que Sandra, la joven que le ayuda, tiene mucho que ver con ella. Otros personajes también están inspirados en la realidad, como Otto (Otto Scorzeny) y Violeta, de quien no dio detalles.

Clara Sánchez y Tennessee Williams

La autora rememoró su infancia y su temprana relación con la literatura hasta el punto de convertirse en una adicción. "En mi casa había un ambiente de Tennessee Williams, todo muy psicológico" Ahí empezó su necesidad de evadirse y esa evasión la encontró en los libros y en el cine. "Estaría evadiéndome toda la vida sin poner los pies en la realidad, porque la realidad me ha atado mucho y me ha hecho sufrir mucho y eso no es lo mío, lo mío es la evasión, el jolgorio, pero me puede la responsabilidad".

Estudió Filología Hispánica por ser la carrera más relacionada con su vocación de escritora. Antes de alcanzar su sueño, tuvo muchos trabajos pero confesó que los inspiradores fueron los que creía que le estaban haciendo perder el tiempo. "Trabajé en una gran empresa, pero esa empresa me sirvió para escribir Un millón de luces, sobre la competencia y las luchas internas en el lugar de trabajo. Fue un laboratorio de la condición humana. Lo que se aprende en un espacio cerrado 8 horas con personas que no son de tu familia te enseña todo: generosidad y mezquindad".

Casi todas las novelas están basadas en alguna experiencia vital. Otro ejemplo fue el ingreso en un hospital de su madre. "Fue como atravesar una pared e ir al otro lado donde estaba el mundo real. A partir de ahí comencé ser sensible con cualquiera que tuviera un problema. Antes iba a lo mío, pasaba. Pero allí me di cuenta de lo que es el mundo. En esa novela el hospital se convirtió en algo mítico. Recordé una frase de un médico "Si quieres conocer el mundo, ven al hospital". Era verdad".

Ese exceso de empatía se convirtió en un problema. "Una excesiva empatía lleva a querer contentar a todos porque así serán más felices. Hay un gran riesgo de vampirización de unos por otros. Yo he caído en eso, pero me estoy liberando. Sé que no debo contentar a nadie porque no van a ser más felices. La felicidad la lleva uno dentro".

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