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Marta Sanz y "Farándula" en el Club de Lectura

Escribir de lo que duele y aun provocar placer

Marta Sanz

Marta Sanz presentando Farándula

CEDIDA
Actualizada 03/06/2016 a las 17:25
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  • Eva Fernández
No dar puntada sin hilo. Ser consciente, como en su opinión lo fueron Henry James, Marguerite Duras, León Tolstói o Benito Pérez Galdós, de que en la literatura mundo y palabra no pueden separarse. "Ejercer la honestidad del compromiso". Ese es el sentido de la escritura de Marta Sanz (Madrid, 1967), la ganadora del último premio Herralde de novela que el pasado 31 de mayo visitó el Club de Lectura de Diario de Navarra para hablar de la obra vencedora, Farándula, y de su particular modo de entender la literatura. La editorial Anagrama describe la profundidad de Farándula en la propia contraportada del libro. Trata "sobre las pompas de jabón, sobre el desprestigio de la cultura y la posibilidad del arte de intervenir en la realidad". Indaga además en "la devaluación de la imagen pública del artista y en su precariedad, así como en la contradicción glamour-compromiso". Y aborda, por último, "la situación del público", "el relevo generacional" y "el envejecimiento del receptor cultural". Y por si a los asistentes al encuentro en la calle Zapatería les quedaba alguna duda de la intención literaria de su autora, el propio director del Club de Lectura, José Ignacio Roldán, definió la obra nada más empezar. "Esto no es fast-food", dijo.
La escritora y doctora en Literatura Contemporánea por la Universidad Complutense quiso profundizar, ante un auditorio selecto pero interesado, en el sentido de su literatura. "Yo escribo de las cosas que nos duelen", aclaró. "Para combatir la visión romántica del amor que nos ha causado tanta infelicidad, escribí El Frío (1995), para tratar de evitar que la visceralidad se imponga a la racionalidad, Lenguas muertas (1997) y para confrontar esa visión arcangélica de la Transición Española, publiqué Los mejores tiempos (2001)".
Sanz no quiso mostrarse intolerante con los "escritores de evasión", ya que -según reconoció- han ayudado muchísimo a las personas en situaciones difíciles, pero lamentó que "el mercado editorial haya pasado como una apisonadora sobre la literatura" y que haya desplazado "cualquier otra posibilidad que no sea el puro divertimento".
La autora madrileña aseguró que la literatura "debe ser necesariamente entretenida y provocar placer", pero ese placer es "algo más sofisticado de lo que pensamos". "La trama me interesa, por supuesto, y hay muchísimas tramas en Farándula, pero me interesa menos que la psicología de los personajes, su vida interior y cómo compaginan esa espeleología interna con el estar abierto al mundo en que vivimos", añadió.
En opinión de la ganadora del último premio Herralde, "las novelas deben ser respetuosas con los lectores y exigirles algo más que entretenimiento". "Una trama atractiva y que enganche al lector desde las primeras páginas es algo relativamente fácil de conseguir", aunque admitió que quizás ella no fuera una buena autora de best-sellers. Sin embargo insistió en que "hay que hacer visibles a los lectores determinados aspectos de la realidad", y lamentó que, por ello, algunas personas tiendan a considerarla "una autora elitista y que utiliza recursos literarios complicados".
La invitada se quejó también de vivir en un país donde "la cultura no se valora" y puso como ejemplo el caso de María Asquerino (Ana Urrutia, en la novela), una actriz española de reconocido prestigio que, sin embargo, murió en la soledad más absoluta. "Eso hubiera sido impensable en otros países, ese abandono de sus representantes culturales", criticó, y señaló que la "excepción cultural" es un concepto que honra la cultura francesa.
De izquierdas y feminista
Sanz, que se definió ante su auditorio como una mujer de izquierdas, reivindicó el derecho y también el deber del actor de manifestarse políticamente "algo que está muy mal visto en este país". "Aquí siempre hemos pensado que la cultura está al margen de la política y eso no es así. Los actores también son ciudadanos y, como tal, pueden manifestarse. Otra cosa es que tengan que ser más responsables con sus opiniones, porque estas van a tener una repercusión mayor", precisó.
La autora reconoció que desde el principio supo que "Farándula, por ser una sátira, iba a despertar ampollas", pero parece que "estas ampollas han sido de las buenas". Muy bien tratada por la crítica y declarada mejor novela del año por los periódicos El Mundo y El País, Sanz reconoció la "enorme dosis de amor que hay detrás de ella". "Una vez, una lectora de Palencia me espetó: 'Hija mía, tú dirás lo que quieras, pero tú feminista no eres'. Y yo sorprendida le pregunte por qué. Ella me respondió: 'Porque eres muy simpática".

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