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Al frente de la revolución por la decencia

Leopoldo Abadía, un joven de 82 años

Leopoldo Abadía presentando

Leopoldo Abadía, un joven de 82 años

Leopoldo Abadía presentando "Yo de mayor quiero ser joven"

José Antonio Goñi
Actualizada 19/10/2016 a las 16:57
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  • José Ignacio Roldán
Leopoldo Abadía volvió a llenar la biblioteca del club de lectura de Diario de Navarra el pasado día 12 de abril, esta vez para presentar Yo de mayor quiero ser joven, su último libro.
A sus 82 años, Abadía ve su futuro corto, pero ni tiene prisa por morirse ni renuncia a ser una persona completa. "Al comienzo del libro ya enumero las 18 cosas que quiero hacer para ser una persona completa: saber ser mayor, saber perdonar, no ser prepotente, saber callarme y equivocarme, saber escuchar, tener detalles, tener criterio, ser responsable, sacar lo mejor de las personas, tener sentido común, ser normal, tener esperanza, vivir con dignidad, ser honrado, sembrar paz y confiar en los demás".
A continuación fue desgranando anécdotas de su vida para explicar por qué quiere ser como algunos personajes populares. Por ejemplo, Ithak Perlman, el violinista al que en pleno concierto se le rompió una cuerda y no por ello dejó de tocar. "Había tenido la polio y se movía con dificultad. Al poco de comenzar rompió una cuerda y tocar un violín con una cuerda es imposible. Sin embargo, Perlman le pidió al director, pasados unos segundos que siguiera y el violinista terminó el concierto". Abadía quiso así poner de relieve la importancia, no solo del talento, sino también de la responsabilidad. Lo mismo que Luis Miguel Dominguín a quien un día vio malherido por una cogida y, cuando un subalterno le dijo "maestro, mañana no puede torear", él respondió que sí lo haría porque se debía a su público. "Toreó y resultó cogido d enuevo". Y así fue pasando por JF Kennedy, Julio Iglesias e incluso Liz Taylor, rememorando "el día que papá habló con Liz Taylor en Boston".
Pero junto al lado más anecdótico del libro, Leopoldo Abadía abordó también la muerte, a la que dedica la parte final. No exento de gracia y sentido del humor, Leopoldo explicó que aspira a "morir con estilo". Para empezar, no quiere que le incineren porque nunca se sabe qué ocurrirá con sus cenizas. En este punto hizo reír a carcajadas a todo su auditorio cuando contó una anécdota relacionada con las cenizas de su abuelo y de su madre, que acabaron mezcladas en la misma urna. "Menos mal que se llevaban bien", afirmó entre risas.
Sin dejar el tono coloquial y risueño, Abadía explicó su teoría del mínimo riesgo. "Yo creo que habrá un juicio final donde Alguien nos felicitará o nos dará una colleja. Otros dicen que no habrá nada. Yo, por si acaso, voy a hacerlo bien. Si no hay nada, pues nada, pero ¿Y si lo hay? Yo creo que sí y prefiero ser un tipo decente. Además, el que no lo sea, haya o no haya juicio final, quedará como un desagradable. Es lo que llamo la Teoría del Mínimo Riesgo o Minimun Risk Theory, que suena mucho mejor".
Abadía no eludió la política e insistió en que todo el que siembra el odio entre Cataluña y el resto de España es un impresentable. También tuvo palabras muy duras para los políticos en general y los corruptos en particular. En este punto habló de su concepto de Revolución Civil, que consiste en que los 46 millones de españoles seamos decentes. La responsabilidad es –según Leopoldo- absolutamente personal para bien y para mal. Es lo contrario a la globalización de la indecencia, que es lo que ocurre actualmente y que se cura con actos decentes de todos.
Tampoco tuvo buenas palabras para las escuelas de negocios. Propone en su libro quitar subvenciones a las que hayan formado a 3 o más chorizos. "Lo anormal hecho muchas veces no es normal, es una anormalidad frecuente. Y estoy muy satisfecho de esta frase".
Volvió a la responsabilidad personal para hablar de la educación de los hijos, que no se puede dejar en manos de los colegios porque el primer educador es la familia. En un terreno más práctico, fue tajante al decir que todos deben aprender inglés "porque quien no sepa inglés pasará hambre".
Y Leopoldo se marchó después de firmar muchos libros, el último de ellos a Martín, el entrenador de Osasuna, con quien estuvo charlando un buen rato de fútbol y de motivación para los jugadores.

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