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FINALISTA DEL PREMIO PLANETA

Daniel Sánchez Arévalo nos llevó a su isla

Daniel Sánchez Arévalo en el Club de Lectura de Diario de navarra

Daniel Sánchez Arévalo nos llevó a su isla

Daniel Sánchez Arévalo en el Club de Lectura de Diario de navarra

Eduardo Buxéns
Actualizada 17/10/2016 a las 10:38
  • José Ignacio Roldán
Daniel Sánchez Arévalo protagonizó el pasado 22 de marzo uno de los encuentros más íntimos y personales de los últimos años en el Club de Lectura de Diario de Navarra. Llegó para presentar La isla de Alice, la novela con la que logró ser finalista del Premio Planeta, y dejó que nos aproximáramos a su propia isla para conocerlo un poco mejor. "Yo ya no tengo mucho pudor para hablar de mí mismo", confesó antes de empezar.

Sánchez Arévalo (Madrid, 1970) atrajo a un público interesado fundamentalmente por su novela. Siendo como es un director y guionista de prestigio, con varios Goya en su palmarés, en la biblioteca de la calle Zapatería se dieron cita mayoría de lectores con su novela bajo el brazo para que se la firmara. Un hecho que prueba que este año el finalista del Planeta interesa por encima de lo que se espera de un finalista por el hecho de serlo.

El escritor madrileño, hijo de la actriz Carmen Arévalo y del dibujante e ilustrador José Ramón Sánchez, confesó haber tenido una infancia fuera de lo común. Es daltónico, hipocondriaco y algo neurótico. A los 16 años comenzó a ir al psicoanalista y lo dejó a los 34, coincidiendo con su primera película. Cuenta que le obsesionaba no aburrir con sus historias al psicoanalista y que llegaba a fabular para entretenerlo. De manera que aquello entrenó su mente a para construir historias que luego trasladar al cine o los libros.

Escribir La isla de Alice -su "primera novela de verdad"- le obligó a dejar el resto de su trabajo durante bastante tiempo. Fueron dos años de viajes para localizar los escenarios de Alice y de muchos gastos hasta el punto de que los 150.000 euros del Planeta le llegaron cuando estaba con el agua al cuello. Había apostado todo a una carta y le salió bien.

Aunque se ha calificado la novela de thriller, no está completamente seguro de que sea huna novela de género. "Alicia Giménez Bartlett, con la que he compartió gira, me lo dijo más de una vez. Es una novela que habla de la superación del dolor".

En el plano más íntimo, escribir La isla de Alice supuso para Daniel Sánchez Arévalo poder agarrarse a su propia tabla de salvación. “Yo quiero mucho a mi padre, pero por aquella época enfermó gravemente la pareja de mi madre, Héctor Colomé, actor en varias de mis películas y al que tenía un cariño muy especial”. Todo el proceso de la enfermedad y la muerte del actor le dolió muchísimo a Daniel y por eso también le dedica al final del libro unas palabras muy cariñosas que, seguro, han vuelto a hacer llorar a su madre.

Daniel Sánchez Arévalo fue comentando la trama de la novela y las características de sus personajes a lo largo de hora y media. Alice Williams queda viuda a los 33 años con una hija de 6 años y otra en camino. Su marido, Cris, muere en accidente de circulación en un lugar donde no debería estar, de ahí que sospeche que su vida matrimonial ha podido ser una gran mentira. Esa es la razón por la que investiga de forma obsesiva los trayectos de Cris de los últimos años hasta dar finalmente con el destino de sus viajes: Robin Island. De forma manifiestamente ilegal, conseguirá entrar en las casas de todos sus sospechosos buscando pistas sobre las razones que llevaron a Cris a visitar la isla durante dos años.

Sánchez Arévalo ha situado la trama en Estados Unidos porque cree que es un tipo de sociedad distinta a la latina: más preocupada por las apariencias y por el qué dirán. Si Alice fuera española nunca hubiera ideado el mismo plan sino que lo hubiera hablado con todas sus amigas.
En medio de la tragedia, deja un hueco para el humor en algunas escenas. Según el autor, es algo consustancial con su forma de contar historias porque la vida en sí es una tragicomedia. La vida, dijo, es en sí la meta, vivir es la meta y los asuntos trascendentes hay que tratarlos con ligereza, frente a los ligeros, que hay que tomarlos con cierta trascendencia. Esta frase, que se repite a lo largo de la novela, cree que se la escuchó decir alguna vez a su padre, pero no está seguro de dónde la ha sacado.
Confía en rodar La isla de Alice y sueña con Amy Adams de protagonista. Ser daltónico no es para él ningún inconveniente. Al contrario. Se libera de un trabajo que deja totalmente en manos del director de fotografía. No hay mal que por bien no venga.

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