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JAVIER MORO PRESENTÓ "A FLOR DE PIEL"

Los 22 postes de 22 niños

Los 22 postes de 22 niños

Los 22 postes de 22 niños

Javier Moro presentando A flor de piel

Jesús Caso
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Actualizada 22/10/2015 a las 11:48
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  • Laura Puy Muguiro
En A Coruña hay un monumento frente al mar: 22 postes con una placa y los nombres de 22 niños. "Es lo único que hay de ellos". La anécdota parecía el particular homenaje del escritor madrileño Javier Moro a esos niños. Esa y la novela que acaba de publicar, A flor de piel, y que presentó el 6 de octubre en el Club de Lectura de Diario de Navarra: el relato novelado sobre la historia de la expedición Balmis, la que llevó a cabo el médico alicantino Francisco Xavier Balmis a principios del siglo XVIII para llevar la vacuna de la viruela a América y Asia portándola en los cuerpos de 22 niños de entre 3 y 8 años para que llegara fresca. "Experto en recuperar personajes del pasado, postergados e incluso olvidados por la historia", como le definió José Ignacio Roldán, presentador del acto, Moro destacó que lo increíble de esta gesta histórica es que "tuviera éxito a pesar de que tenía todo para no tenerlo".
Él se lanzó a escribir al descubrir lo desconocida que era. "Que una gesta semejante, que de alguna manera marcó la historia de la medicina española, y de la vacunología en el mundo, hubiese caído completamente en el olvido me parecía injusto". Supo de ella por la entrevista de una televisión en el Jardín Botánico de Madrid a raíz de publicar su anterior novela, El imperio eres tú. Y es que allí conoció a la persona encargada de atender a los medios de comunicación, que le contó que los archivos del Jardín Botánico atesoran la documentación de las grandes expediciones científicas españolas, "que hay muchas", y que le habló de la última del Imperio, ésta protagonizada por niños.
Aquella expedición se llevó a cabo con muy pocos medios, quizá en el momento más oscuro de la historia de España, con un rey (Carlos IV) a punto de ser captado por Napoleón y luego secuestrado prácticamente en Francia, cuando se desgajaba el Imperio, cuando había guerras civiles, cuando la propia existencia de la Nación estaba en tela de juicio. "¿Pero cómo pretendemos salvar el mundo desde la ruina en la que nos encontramos?", se escuchó en aquella época. La viruela ha sido "el enemigo más antiguo de la humanidad", encontrándose "momias de faraones con picaduras de viruela".
Con este panorama se encontró Carlos IV un día de 1802 en su Palacio de La Granja cuando llegó un correo de América, del cabildo de Santa Fe de Bogotá, anunciando que había una nueva epidemia de viruela sobre la ciudad. "¿Otra vez la viruela?". Antes había sido Caracas, Lima, Quito... "No había un año en que la viruela no azotase completamente alguna de las grandes ciudades de América. Y Carlos IV sabía perfectamente que cuando una epidemia se declaraba en una ciudad suponía la muerte económica de esa ciudad: se cerraba el acceso, los precios dentro subían, se creaba inflación, mercado negro... Sin contar los muertos", indicó el escritor.
Balmis era un médico que buscaba además resarcirse de una humillación que había sufrido años atrás, al mofarse de él los médicos de Madrid por no tomarle en serio cuando regresó de México con la cura para la sífilis, "cura que resultó que funcionaba". "Quería quitarse esa espina y se convirtió en el mayor vacunólogo de Madrid: supo utilizar la tecnología para hacer la vacuna de la viruela lo más efectiva posible".
Carlos IV dio el permiso a la expedición, que además llevaba detrás una razón política: los nobles americanos se quejaban de que su mano de obra se moría constantemente y, si se iba allí con la vacuna, la monarquía española demostraba que se ocupaba de ellos.
Balmis escogió los primeros seis niños de la Casa de Desamparados de Madrid, que era el orfanato más antiguo. ¿Y por qué huérfanos? "¿Qué padre en su sano juicio iba a permitir aquello: arriesgar la vida de su hijo por salvar el mundo?".
El médico viajó con aquella media docena de niños en diligencia hasta A Coruña, de donde zarparían hacía América, dándose cuenta entonces el doctor que "los niños no eran niños, sino monstruitos: no estaba educados, estaban resentidos, heridos por la vida, dolidos, se escapaban, robaban comida... Hasta los propios marineros dijeron luego en el barco que hubieran preferido enfrentarse contra un ejército de ingleses o franceses que contra aquellos niños que no dejaban de hacer trastadas", explicó Moro, que reconoció que "para contar lo horriblemente traviesos que eran" tomó de modelo a su propio hijo Sebastián.
Para la travesía hasta América, Balmis contó con la ayuda de una mujer, la directora del hospicio de A Coruña, Isabel Zendal. "¿Para llevar a cabo esa hazaña necesitáis a la gente más vulnerable de la sociedad?", le preguntó la mujer. "Lo increíble de esta historia es que no lo podía hacer otro", apuntó Moro. "Vacunaban a un niño inyectándole la viruela de las vacas. Al cabo de una semana le salía un grano del que extraían el líquido vacunífero y se lo pasaban a otro niño, al que el grano le salía otros ocho o nueve días después, y de ahí a otro niño... Con tres niños habían ganado tres semanas y calcularon que con 22 niños les daría tiempo de cruzar el Atlántico".
El desafío para Moro ha sido, literariamente, recrear el drama dentro del viaje, no el viaje en sí. "En el drama de los personajes he recurrido a la ficción. Se trata de captar la atención del lector por la emoción, y eso solo te lo transmite un buen relato literario".
La viruela fue erradicada en 1978. Hoy el virus de la viruela se conserva en sendas neveras en Rusia y EE UU. "La viruela es la primera enfermedad conquistada por el hombre. Ya no se vacuna de viruela a la gente. La última batalla de esta guerra que lleva siglos librándose la emprendieron los individuos que zarparon aquel día de 1803 de A Coruña rumbo a América".



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