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ALEJANDRO PALOMAS EN EL CLUB DE LECTURA

El pánico a dejar indiferente

Alejandro Palomas en el Club de Lectura de Diaro de Navarra

El pánico a dejar indiferente

Alejandro Palomas en el Club de Lectura de Diaro de Navarra

Jesús Caso
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Actualizada 25/09/2015 a las 16:54
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  • LAURA PUY MUGUIRO
El número de hombres en el Club de Lectura de Diario de Navarra no era suficiente el pasado 24 de septiembre para formar un equipo de fútbol. Ni tan siquiera con quien lo conduce, José Ignacio Roldán (responsable de Comunicación del grupo La Información), ni con su invitado, Alejandro Palomas. Sin embargo, no había dedos de manos para contar las mujeres que llenaban la sala. Y si parecía que ya se las había ganado antes de iniciar el encuentro, ni qué decir tras hora y media de escucharle hablar y reírse con él.
Barcelonés, de 47 años, filólogo, escritor, autor de novelas como El tiempo del corazón, El secreto de los Hoffman, El tiempo que nos une, Un hijo y Una madre, por la que se encontraba en Pamplona, conquistó al auditorio con su humor. "Conozco muy bien los personajes femeninos porque me he criado en un matriarcado". Confesó que "el rollo femenino" le encanta. "Cómo se relacionan entre ellas, lo malas que son, y lo buenas que son, y cómo juegan, y cómo se dirigen la A a la B pero no a la C y cómo la C lo sabe todo de la A...", describió con las carcajadas femeninas de fondo. "Las conversaciones de las mujeres tienen más planos que las de los hombres: es lo que dicen, lo que se callan, lo que se callan de lo que se callan, lo que solo comparten con, lo que no van a compartir nunca con... Hay un entramado en cinco minutos que muchas veces no lo sabe ni la que habla. En cambio, la relación entre tíos es muy distinta: '¿Qué dices', '¡Que sí!', '¿Sí? Pues vale'. Y ya está. Qué fácil es todo. ¿Dónde he estado yo para aprender todo esto? En un matriarcado donde todo era complicadísimo". Roldán había dicho de él que cuando escribe se vuelca por completo, que no hay nada más que el texto. Que solo comparte estos momentos con su perro Rulfo y que los combina con la comida sana, el ejercicio físico y el zumo de pomelo. Que le inspira lo que tiene más cerca y que no planifica lo que va a escribir. Que escribe como respira y que lee en voz alta para ver si algo le rechina. Que le gustan los títulos cortos y que un "no" de una editorial no es suficiente para desistir.
Y es que ninguna de sus novelas fue aceptada por las editoriales a la primera. Adora a los libreros y cree que un elogio suyo es lo mejor que le puede ocurrir a un escritor. Ha sido muy feliz escribiendo Una madre, "un libro de caras A y B, de secretos, de historias ocultas, de huidas de la realidad, de cosas que pueden suceder en esta vida y no sabes que te pueden doler hasta que las sufres... Una tragicomedia en la que lo mismo te ríes en momentos determinados, que lloras en momentos de ternura sublimes. Y nada empalagosa".
Y como le inspira lo que tiene más cerca, su madre, Angélica, es Amalia, la madre de Una madre. A la suya le ha gustado el libro, a pesar de que él tuviera que convencerle para que lo terminara: había leído tres cuartas partes y no pudo seguir. "Sufría por tus hermanas, sufría por ti. He sufrido tanto que no he podido terminarlo", le dijo ella. Y él tuvo que recordarle que sus novelas terminan bien y que eso significa que nadie muere. Unas palabras que surtieron efecto. "Espero que nunca me hagas ir a una presentación", le pidió ella al acabarlo. "Creo que no daría la talla". Y jamás ha aparecido en una presentación. "Le da pánico".

Empezando de nuevo

Alejandro Palomas lleva año y medio hablando de Una madre. Y , en el día que se cumplía la última vez que iba a hacerlo, se dio cuenta de algo de lo que no había sido consciente hasta escuchar a Roldán presentarle: "Es muy curioso oír hablar de ti como si no estuvieras presente". Y lo contaba para explicar la relación de dos personajes de Una madre, Fer y su padre, porque ese padre hace exactamente eso con su hijo: hablar de Fer con él delante como si no lo estuviera, una de las cosas que Fer odia de su relación con su padre.
"Lo comento porque ahora estoy trabajando en una novela en la que ocurre eso y me acabo de dar cuenta de que viene de ahí. Acabo de hacer un trabajo personal". "¿No te habrás enfadado por hablar de ti como si no estuvieras?", bromeó Roldán. "¡No, no!", le respondió el escritor. "Pero he pensado: '¡Claro, es por esto! Hay un gran problema de comunicación en la novela que estoy escribiendo y es por esto'. Y me acabo de dar cuenta ahora, tras un año y medio: acabo de entender algo que no sabía en el libro en el que estoy trabajando".
Fue un encuentro sin apenas preguntas. Había advertido nada más comenzar que tenía mucho que decir, y prosiguió. Contó que ha costado que las editoriales crean en él, que para él no es fácil publicar. "Soy uno de esos autores que cada vez tiene que empezar de nuevo". Y es que unos le dicen que es demasiado literario y otros, que es demasiado poco literario. "Nunca sé exactamente qué tengo que hacer para encontrar el punto justo, la línea justa, el tono justo". Pero escribe como es. "Si te ha gustado Una madre, te gustaré yo". Escribir es su vida, es lo que más feliz le hace, porque no sabe hacer nada más, aunque lo ha intentado.
Y confesó que le da pánico dejar indiferente a nadie. Que le ocurre también en la vida real, con una conversación, por ejemplo: "Si no sirve para nada, para mí es como tiempo perdido, energía perdida, estoy invirtiendo mal la emoción. Soy muy intenso, y lo que hago pretende ser muy intenso. Sobre todo soy muy directo". Ahí se dio cuenta de que no había parado de hablar, de él. "Soy una cotorra. Es que no estoy acostumbrado: como vivo en el campo, cuando veo gente..."



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