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JULIA MONTEJO Y "LO QUE TENGO QUE CONTARTE"

Un relato del pasado para el siglo XXI

Julia Montejo

Un relato del pasado para el siglo XXI

Julia Montejo

Jesús Caso
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Actualizada 05/06/2015 a las 17:07
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  • Eva Fernández
Reivindicar el sufrimiento para aprender y crecer como personas, para poder sentir muchas más emociones, para actuar y para dejar de tener miedo. Esa es una de las principales ideas que la escritora y guionista navarra Julia Montejo (Pamplona, 1972) confesó querer trasmitir con su tercera novela, Lo que tengo que contarte, que presentó el pasado 4 de junio en el Club de Lectura de Diario de Navarra, acompañada por del coordinador del club, José Ignacio Roldán.
El libro cuenta la historia de Asier, "un hombre joven con alma de viejo", que siempre ha deseado ser escritor y tener un estilo propio, pero que nunca ha encontrado una buena historia. "Con unos padres muy protectores, a Asier le han puesto constantemente las cosas fáciles; nunca ha tenido que ganarse la vida, ni responsabilizarse al completo, nunca se ha comprometido, y todo eso le ha hecho quedarse atrás, absolutamente desganado, esperando a que la vida llame a su puerta, pero sin que él tenga que hacer nada a cambio", explicó Montejo.
Frente a su fracaso, la hermosa Amaia le entrega un trepidante relato, que se remonta a 1615 y que se basa en uno de los episodios más sangrientos de la historia islandesa: la matanza de 32 balleneros guipuzcoanos a manos de los nativos, amparados por una antigua ley (que casualmente acaba de derogarse) y que permitía asesinarlos "por una mera cuestión de supervivencia", aclaró la escritora.
Y esa historia del siglo XVII, protagonizada a su vez por Amalur -una joven vasca que decide escapar de un terrible futuro y se embarca disfrazada de hombre en un barco ballenero, del que se convertirá en su líder y logrará que el grupo se mantenga con vida-, sirve de excusa a Montejo para despertar la conciencia de Asier .
"Quería contar la historia de mujeres fuertes (Amaia, Amalur), alejadas del estereotipo que siempre nos ha reservado la historia -meras comparsas- y contarla además desde el punto de vista de una mujer", desveló la autora de Violetas para Olivia (2011) y Eva desnuda (2005), con la que quedó finalista del Premio Torrevieja.
"La mujer vasca ha sido siempre un poco más libre que las demás -reconocía Montejo-, sobre todo si era viuda", añadía entre risas. Y, aprovechando la pregunta de una de las asistentes al encuentro, describió las diferencias que encontró entre las mujeres islandesas y las mujeres vascas, del pasado y de la actualidad. "Las islandesas son mucho más fuertes y más seguras a la hora de tomar la escena pública", y citó como ejemplo a sus alumnas (Montejo es profesora de guion en la Universidad de Navarra y en el Centro Universitario Villanueva, adscrito a la Complutense): "En la presentación de los trabajos de la asignatura, ellas siempre han trabajado más y están más preparadas, pero cuando hay que coger el micro, lo cogen ellos. ¡Me da una rabia! Y les digo, 'pero bueno, cómo es posible que consintáis eso...".
"Además, en el pasado -prosiguió Montejo-, cuando los vikingos volvían a su casa, se encontraban que sus mujeres habían tenido hijos con otros hombres y los aceptaban como propios. ¡Eso nunca le sucedía a un marinero vasco!", exclamó. " Y en la actualidad, cuando una pareja islandesa tiene un hijo y se separa, el padre se traslada a una casa cercana y tiene la obligación de pagar al Estado una cantidad económica por haber tenido ese hijo. Después es el Estado el que pasa a la mujer esa cantidad en concepto de pensión, por lo que es imposible que las parejas tengan problemas por una cuestión económica", remarcó.
La escritora pamplonesa, que trabajó durante 8 años en EE UU como guionista y desde 2004 reside en Madrid, planteó también el deseo de que su novela trasmitiese a los lectores "el poder que tenemos las personas como creadoras de nuestro propio mundo, del que está a nuestro alrededor". "Somos importantes como especie, como eslabones de una cadena, y tenemos una responsabilidad grandísima, porque todo lo que hagamos será un legado para el futuro", señaló. "De ahí, el valor de no comportarnos como borregos y de ser comprensivos con los demás".



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