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Gonzalo Giner explicó cómo los perros llegaron a nuestra vida

Cuando el perro vino a mí

Presentación de

Gonzalo Giner presentando "Pacto de lealtad" en el Club de Lectura de Diario de Navarra

Jesús Caso
1
Actualizada 07/01/2015 a las 14:14
  • Laura Puy Muguiro
Lealtad: "amor o gratitud que muestran al hombre algunos animales, como el perro y el caballo". No lo dice Gonzalo Giner sino el diccionario de la Real Academia Española. Pero a poco que uno conozca a Giner no le sorprendería que esa definición fuera suya. Escritor después que veterinario, es autor de novelas como El sanador de caballos y El jinete del silencio, y en la quinta y última, Pacto de lealtad, cede el protagonismo que hasta entonces tenían los caballos al perro. El día 30 de diciembre habló sobre ella en el Club de Lectura de Diario de Navarra. Aunque más que del libro adentró al público en el mundo del perro, su papel a lo largo de la historia y especialmente en las guerras, como la Guerra Civil española, en la que se ambienta la novela a partir de la revolución de Asturias, en el 34, "un homenaje a la tercera España", a aquellas personas que no se sentían ni de un bando ni de otro y que la sufrieron como los demás. Y lo hace a través de Campeón, un perro sin raza, "listo, espabilado, como son los perros de la calle" y que dibuja la imagen que desde dentro puede tener una guerra".
Y ese tratado sobre el perro lo inició con la historia de Canelo, "un ejemplo de lealtad espectacular" y al que la ciudad de Cádiz levantó un monumento: mientras caminaba por la calle con su amo, éste se sintió mal, fue al hospital y prácticamente murió en el acto. Pero el perro se quedó en la puerta, esperando a que saliera. Y no lo hizo ni una hora ni dos. Ni un día ni cinco. Sino doce años. Hasta que murió.
¿De dónde viene esta lealtad?, ¿por qué los perros se comportan de esta manera? Para explicarlo, hizo un recorrido por la historia. Y lo inició contando que el perro y el hombre empezaron a relacionarse hace 35.000 años, y que fue una relación curiosa, "una de las pocas veces que un animal ha venido a nosotros, porque nosotros siempre hemos ido a por ellos para cazarlos, comerlos o utilidades determinadas". Pero no fue así con el perro, que se acercó "probablemente porque tenía hambre" y creyó que podría alimentarse de los restos dejados por el hombre en sus poblados, sin necesidad de cazar.
"La relación empezó a crecer de tal manera que no sólo el perro vio ventajas. También el hombre: el animal no era agresivo contra él y podía tener utilidades". En labor de pastoreo de rebaños. En la caza. En las guerras, "todas, desde las civilizaciones egipcia, griega y romana". En la época medieval, para proteger fortalezas. Y en el Renacimiento, cuando empezaron a tener otra función: perro de compañía.

Pedirles lo peor

Ante su auditorio, el escritor, al que había presentado la periodista Belén Galindo, aseguró que el siglo XX pidió a los perros "lo peor y lo mejor". De lo primero, ser perros bomba, como mostró con una fotografía. "Los utilizaron los rusos en el frente cuando los nazis intentaron conquistar Rusia, y a los rusos se les ocurrió un sistema: dar de comer a los perros debajo de los tanques". Les adiestraban de forma que cuando tenían hambre iban debajo del tanque a comer. Pero lo perros llevaban una mochila con explosivos y una pequeña antena, un percutor, que, al introducirse los animales bajo el vehículo, se movía y deflagraban, el perro y el tanque. "Con este sistema desaparecieron 300 tanques nazis, así que también perros, aunque éstos fueron muchos más, porque cuando los nazis descubrieron el sistema en cuanto veían un perro con una antena iban tiro al blanco", apuntó Giner.
Durante la I y la II Guerra Mundial fueron utilizados para infinidad de cosas: para llevar mensajes al frente, documentación, munición pequeña, para tirar cable telefónico...
Pero a los perros también se les pidió lo mejor: fines humanitarios, algo que se empezó a establecer en los años 20 y 30. Giner citó a Dorothy Eutis, una americana que trabajó en Suiza como adiestradora de perros guía y que aparece en Pacto de lealtad. "Ella empieza a conocer todos los excesos que se han hecho con los perros en la I Guerra Mundial, entiende que se les pude sacar utilidad y monta el centro de adiestramiento".
Ya en los minutos finales, el escritor reconoció que la excusa de la novela "tiene que ver con Gamonal", que fue un aeródromo que utilizó la Legión Cóndor , la que ayudó a Franco en bombardeos y en el avance del frente norte. "Durante el año 37, los aviones que llegaban de Alemania cargados con bombas se volvían cargados de perros". Y es que los nazis empezaron a buscar perros por España. ¿Para qué? La respuesta, añadió, está en la novela.
Y dijo también que se puso a escribir el libro porque le apetecía contar algo sobre los perros en la Guerra Civil. Eso significaba que ya tenía la idea buena de la que se había enamorado. "Estuve buscando y apareció el relato de un periodista e historiador, Moisés Domínguez". Hablaba de Salero, el perro de un comandante de la Legión y del que reconstruye su recorrido. "Aparece en Asturias, luego en Badajoz, después en el Frente Universitario, donde muere su amo... El perro sigue vagando y resurge en Soria". Para Giner fue "la historia bonita" que le inspiró. "Pero no me interesó contar tanto la vida del perro como contrastar el valor de la raza no pura y la obsesión en el nazismo con la raza, incluida en los perros", concluyó.


  • *
    (10/01/15 21:32)
    #1

    Pregunten al sr. de Peralta al que atacó un mastín ayer. Consecuencias de idealizar tanto a los animales y sus, a veces, imprevisibles comportamientos.

    Responder


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