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¿A quién salvaría: a su paciente o a su hija?

Presentación de

Presentación de "El Paciente", de Juan Gómez-Jurado

Presentación de "El Paciente", de Juan Gómez-Jurado

JOSÉ ANTONIO GOÑI
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Actualizada 13/03/2015 a las 18:06
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"Anda, la segunda edición!". Juan Gómez-Jurado acababa de entrar al Club de Lectura de Diario de Navarra y se había topado de frente con varios ejemplares de su último libro, El paciente, sobre el que iba a hablar el pasado 13 de marzo. Era la primera vez que veía esa segunda edición. De ahí su reacción espontánea. "¡Muy chula!", añadió, y cogió su móvil. Quería hacer una fotografía de la portada para colgarla en Twitter, su pasión. Y ésta no quedó ahí: ya con los asistentes sentados y en el momento en que José Ignacio Roldán, director de comunicación del Grupo la Información, le presentaba, volvió a coger el móvil y enfocó hacia los asistentes. Nueva foto, de nuevo para subirla a Twitter. "Estoy tuiteando. ¡Os van a ver a todos ahora mismo!", les advirtió, logrando las primeras risas.
Porque realmente así transcurrió el encuentro, salpicado de buen ambiente y carcajadas gracias a la espontaneidad de ese "tío gracioso", como en una ocasión se definió el propio escritor. Y eso que la historia de la novela, distribuida ya en 40 países, poco tiene de eso. Trata de un famoso neurocirujano norteamericano, David, que arrastra una vida llena de sinsabores. Huérfano de padres biológicos y adoptivos, de carácter conflictivo de joven, está casado con una médico anestesista que trabajaba con él, y que un día descubre que padece un cáncer terminal, y es padre de una niña de 7 años que una noche es secuestrada. David recibe entonces un mensaje: si su próximo paciente sale vivo del quirófano, su hija morirá. El médico tiene 63 horas frenéticas para resolver este dilema: elegir entre la vida de su hija y la del paciente, que no es otro que el presidente de EE UU.
Pero Gómez-Jurado defendió que es una historia de amor: de un padre por su hija, de un hombre por su mujer fallecida... "Y el amor es lo que impulsa a todos los protagonistas de la historia para solventar esto dentro de una novela de intriga. Porque esto no deja de ser un thriller".
En operaciones médicas
Una de las asistentes quiso saber qué experiencia tenía en el campo de la medicina porque le había parecido muy bien expuesta en la novela. Como le gusta documentarse "exhaustivamente", Gómez Jurado visitó a un neurocirujano con mucha asiduidad y también muchos quirófanos. "Estuve con los médicos viendo las operaciones. Me quedaba en una esquina mirando y cuando me llamaban me acercaba. Una experiencia bastante traumática es la primera vez que ves cómo abren el cráneo de una persona. Estuve una vez. La segunda, después de vomitar, ya les dije que no. Porque ver una sierra circular que se está acercando al hueso fue desagradable para mí".
Pero ese acercamiento le permitió descubrir también una profesión "de gente con unos egos descomunales". Relató cómo los propios médicos con los que estuvo cuentan un chiste que a él le gusta. "¿Cuál es la diferencia entre Dios y un neurocirujano? Que Dios sabe que no es neurocirujano". "Es así, y se refleja en la historia. De hecho el dilema del protagonista no es entre la vida de su hija y la de su paciente, sino entre su hija y él mismo, su propia moral, lo que es, lo que ha hecho, con un ego descomunal, intentado mantenerse al mismo tiempo dentro del círculo de trampas, engaños e intriga que son esas 63 horas que él está contando".
Visualizando a su hija
La historia del protagonista tiene mucho que ver con la propia historia personal de Juan Gómez-Jurado, que descubrió cuando estaba escribiendo el libro que era adoptado, "algo que intuía pero no tenía confirmado y que fue un palo muy gordo".
Además su padre adoptivo pasó un cáncer bastante duro, lo que le hizo visitar hospitales no solo para documentarse, sino también por su progenitor. "Y la historia me tocaba igualmente por mi hija Andrea, que tenía 7 años cuando empecé con la novela: la visualizaba como la niña secuestrada, metida en un zulo bajo tierra con 16.783 litros de aire".
Ha habido quien, tras leer el libro, le ha dicho que no hubiera tenido dilema, que evidentemente hubiera elegido la familia ante el trabajo. "Y yo les pregunto si están seguros, si llegan todos los días a bañar a sus hijos, si cuando el jefe les pide quedarse una hora más responden que no porque es el cumpleaños de su mujer... Al final te das cuenta de que todos acabamos eligiendo el trabajo porque tenemos miedo, somos inseguros, porque no creemos en nosotros mismos o porque somos egoístas".
El autor ha aprendido con su novela. "Sé que la vida no es una cuestión de hacer una heroicidad puntual, sino resolver cada día los pequeños dilemas".
 



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