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San Fermín 2014
San Fermín 2014
segunda tarde de la feria del toro

Buena actitud de Paulita ante la mansada de Dolores Aguirre

  • La honesta actitud del diestro intentando hacer el toreo con pureza, fue lo más destacable del festejo, en el que se lidió una complicada y cornalona mansada

Paulita en un momento de la faena

Paulita en un momento de la faena

fernando pidal
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Actualizada 10/07/2014 a las 09:51
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  • efe. pamplona
La honesta actitud de Paulita, que debutó este martes 8 de julio en Pamplona, intentando hacer el toreo con pureza, fue lo más destacable del cuarto festejo de los sanfermines, en el que se lidió una complicada y cornalona mansada de la ganadería de Dolores Aguirre.

FICHA DEL FESTEJO:

Seis toros de Dolores Aguirre, muy desiguales de remate y volumen -con mucha alzada los tres últimos- y de destartaladas hechuras y cabezas. Corrida mansa y huida en los primeros tercios y, aun con movilidad, de escaso o complicado juego en la muleta por falta de raza y entrega.

Uceda Leal: pinchazo y estocada desprendida (silencio); pinchazo y estocada baja (silencio).

Francisco Marco: pinchazo y bajonazo (silencio); media estocada trasera y dos descabellos (silencio).

Paulita: tres pinchazos y pinchazo hondo (silencio); estocada desprendida y descabello (silencio).

Cuarto festejo de la feria de San Fermín, con lleno en los tendidos en tarde de nubes y claros.

CON LA MULETA PLANA

Rápida en un encierro matutino sin heridos por asta, la corrida de Dolores Aguirre fue mansa sin paliativos por la tarde, en ese ruedo donde los toros deben demostrar su verdadera condición.

Porque, aunque alguno de los ejemplares abusara de su volumen ante el caballo y aunque algún otro tuviera una movilidad engañosa en los primeros tercios, la corrida de la ganadería sevillana no peleó ni aceptó el toreo que exige la entrega del auténtico toro bravo.

La mayoría de los astados salieron al ruedo buscando la salida, barbeando las tablas y marcando las querencias del encierro, huyendo de los capotes y también de los caballos, a los que empujaron lo justo, salvo ese voluminoso sexto, al que castigaron en proporción a su tamaño.

Y en el último tercio, donde debían finalmente decantarse, la mayoría tampoco sacaron el mínimo nivel de raza, pues se defendieron a cabezazos, o se quedaron cortos en los embroques o se salían de la suerte con los serios pitones por encima de las muletas. Es decir, una corrida mansa, por muchos matices que se quieran poner al menor espectáculo de la mansedumbre.

Ante tal material no era fácil hacer ni el toreo clásico ni el moderno, sino que más bien los "aguirres" pedían una tauromaquia defensiva, una lidia sobre las piernas que les dejaran en las mejores condiciones para la suerte suprema.

Pero, aun así, el debutante Paulita, un torero de artístico concepto, intentó, y por momentos consiguió, sacarles lances y muletazos de calidad, poniéndoles la muleta plana, con sinceridad en los cites y acompasando, con valor y buen gusto, unas desagradecidas embestidas.

Fiel a sí mismo, no se traicionó Paulita ante los mansos, aunque el tercero de la tarde, vacío absolutamente de casta -llegó a echarse afligido con apenas dos pinchazos- le puso las cosas más fáciles que el gigantón sexto, que apenas quiso seguir unos centímetros su muleta con el cuello descolgado.

Una gran media verónica en un quite al segundo, unos lances de templados vuelos, algunos naturales al tercero y su actitud global con el lote fueron algunos de los escasos chispazos de calidad que, con la firma de Paulita, tuvo la tarde pamplonesa.

Uceda Leal lo intentó sin gran convicción ante un primero rajado y sin clase alguna, y luego no perdió el tiempo con el cuarto, un manso que huyó desesperadamente hasta que comenzó a pegar tornillazos descompuestos a su muleta. El diestro madrileño lo macheteó sin contemplaciones, optando mejor por escuchar pitos que los tres avisos.

Y el navarro Francisco Marco se empleó animoso, con más voluntad que resultados, ante un primero de embestida corta al que no aplicó demasiado temple y un quinto de cortas embestidas, al que pegó muletazos de similar recorrido.



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