LOS TOROS

La peor feria del siglo XXI

  • El mejor momento del abono sanferminero se vivió con la salida a hombros de los navarros Hermoso y Armendáriz

KOLDO LARREA . PAMPLONA

Actualizado el 16/07/2011 a las 01:18

En esas ocho corridas de toros se han cortado once orejas, dos menos que el año pasado, cuatro menos que en 2009 y la misma cantidad que en 2008. Y de esos ocho festejos, sólo en dos -el de Miura y El Pilar- no se cortó trofeo alguno.

En total, once orejas, que debieron ser nueve, pues al gran triunfador, al único diestro que hizo dos paseíllos, se le regalaron dos, una el día 12 y otra el 14, ésta además de puerta grande.

Y todo ello referido exclusivamente a la Feria del Toro, sin contar el festejo de rejones, en el que las veinte mil personas que lo presenciaron se divirtieron de lo lindo. Con las cinco orejas cobradas por Hermoso de Mendoza, Armendáriz y Galán, el total se eleva a 16 trofeos. La novillada inaugural no incrementa estas cifras, pues los utreros fueron arrastrados con todas ellas.

De los sesenta ejemplares lidiados, cuarenta y ocho fueron arrastrados con sus dos orejas. Debieron ser menos, pero hubo fallos con los aceros y monteras por debajo de la materia prima; dos factores que impidieron que se cortasen más trofeos.

Retomando la Feria del Toro, sólo hubo dos faenas premiadas con las dos orejas del astado. Pero en ambas, el segundo trofeo llegó por capricho presidencial, no por méritos en la arena para tal recompensa. Fueron, por tanto, dos puertas grandes, una justa pero de una y una oreja, y la otra, inmerecida. En cualquier caso, las dos tuvieron el mismo protagonista, Julián López "El Juli", quien, trofeos aparte, volvió a dar la cara en la capital navarra. De hecho, a su esportón fueron a parar casi la mitad de los trofeos de la feria, cinco de once.

Trofeos aparte, lo cierto es que no se pudo contemplar ninguna faena grande, de calidad, de muchos quilates, de dos orejas. El mejor toreo brotó de las manos del torero más veterano de la feria, de Juan Mora, que pagó con sangre, con cornadas, su fino toreo, cargado de gusto, tanto a la verónica como al natural. Su pundonor, su querer triunfar le impidieron rematar la faena más torera del ciclo.

Gustaron también las maneras de David Mora e Iván Fandiño, que se repartieron dos orejas de peso; el primero, de un Cebada Gago y de un Fuente Ymbro el segundo. Ambos rozaron el triunfo grande y se ganaron a pulso la repetición; Mora, además, en mejor cartel.

Los otro cuatro trofeos los pasearon Rubén Pinar, siempre correcto pero un tanto insípido, Joselillo, siempre bullidor pero por debajo de la materia prima, César Jiménez, en una faena larga y tirando a vulgar, y Miguel Ángel Perera, en una tarde un tanto gris del pacense. Y es que éste, como Castella y El Cid, todos ellos considerados figuras, pasaron bastante de puntillas por Pamplona y demostraron que no se encuentran en el mejor momento de toreo.

Los tres defraudaron, al igual que los jóvenes Saldívar y Esaú, quienes, con poco rodaje, tuvieron que asumir un gran compromiso y no estuvieron a la altura. Y tampoco gustaron Padilla, Rafaelillo y Marín con la pésima miurada, Antonio Ferrera, y Curro Díaz, que debió esforzarse más.

Y no tuvieron opción alguna Francisco Marco y Morenito de Aranda con los cebadas, y Salvador Cortés con los dolores. Luque, sí pero no. El Fandi, voluntarioso pero a menos. Y, por el contrario, causó buena impresión, por su desparpajo, por su valentía, por su soltura, el debutante Alberto Aguilar, que bien puede regresar.

Y lo mejor del abono, esa imagen de dos toreros a caballo navarros saliendo a hombros por la puerta del encierro. Eso sí que quedó para el recuerdo. Lo demás.

Miedo al desierto

Perplejidad es la palabra que define el sentir del aficionado al conocer el fallo del jurado que decide los premios de la empresa de la plaza, de la Casa de Misericordia. Por lo menos, sirve de consuelo observar que en los premios que concede el Club Taurino de Pamplona ha imperado la cordura.

Vayamos por partes. Hay que tener en cuenta dos aspectos del toro bravo: por un lado, su presentación; por otro, el juego ofrecido. Si la feria de 2010 se caracterizó por lo magníficamente presentadas que estuvieron todas las corridas de toros, no se puede decir lo mismo de las que se han lidiado este año. Cuatro presentaron buenas hechuras, como debe ser; concretamente, las de Cebada Gago, Miura, Dolores Aguirre y Fuente Ymbro; ésta fue la que lució mejor y más pareja presentación. Por el contrario, fueron desiguales las de Torrestrella, Victoriano del Río, El Pilar y Núñez del Cuvillo; estas tres últimas, casualmente las consideradas de figuras, no dieron la talla para anunciarse en un ciclo que se enorgullece de llamarse Feria del Toro.

Respecto al juego, aparte la de El Capea, la que ofreció mejor en conjunto fue la premiada, la de Fuente Ymbro, que aumenta su brillante palmarés en Pamplona: siete comparecencias con algún premio en seis de ellas. Fue una buena corrida, sí, pero no de premio. Los toros resultaron nobles pero fueron muy cuidados en varas por sus justas de fuerzas; les faltó raza, chispa, para poder hablar de una corrida de toros digna de premio.

Las otras siete corridas estuvieron por debajo de la de San José del Valle, por lo que el Trofeo Feria del Toro tenía que haber sido declarado desierto. Ninguna tuvo la calidad suficiente para resultar premiada.

Y lo mismo tenía que haber sucedido con el Trofeo Carriquiri al toro más bravo. Ninguno tuvo la dimensión, la calidad o la bravura del Tramposo del año pasado. Hubo toros que pelearon con bravura que luego no tuvieron la suficiente calidad en la muleta; y viceversa, saltaron encastados que dejaron que desear el peto. El Club Taurino de Pamplona lo ha visto claro; no así la Meca, para quien dejar los premios desiertos supone reconocer el fracaso de su feria.

De los premiados, Langosta, de Aguirre, resultó encastado en la muleta de Joselillo pero en varas no se entregó en ningún momento, es decir, no cumplió. Si lo hizo, por el contrario, el otro ejemplar premiado, Cotidianero, de El Pilar, que mostró fijeza y empuje en los dos encuentros con los montados, pero que en la muleta su dulce nobleza por el pitón derecho fue enseguida a menos, y además por el izquierdo no tuvo un pase porque, simplemente no pasó.

Por tanto, produce cierta hilaridad el fallo del jurado de La Meca. Ella no es culpable del pobre juego ofrecido por las corridas. Sí es responsable de que luzcan impecable presentación. Y ahí, me temo que no ha andado nada fina.

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