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Toros

Talavante consigue una oreja con desparpajo y eficacia en el segundo toro

Alejandro Talavante no pudo rematar la faena y conseguir otra oreja con el quinto de la tarde

Alejandro Talavante con el toro al que le cortó la oreja

Alejandro Talavante con el toro al que le cortó la oreja

EFE
Corrida de toros del día 13 46 Fotos

Corrida de toros del día 13

Corrida de toros del día 13 con la ganadería Nuñez del Cuvillo

Javier Martínez de la Puente
Búscate en el tendido - Día 13 128 Fotos

Búscate en el tendido - Día 13

Búscate en el tendido - Día 13

Javier Martínez de la Puente
Actualizada 13/07/2017 a las 23:28
  • Pablo García-Mancha

Ferrera la miel y la hiel; la faena de la feria (dos orejas clarísimas) y dos decisiones extrañas que le precipitaron al desconsuelo y parco botín de la vuelta al ruedo en el cuarto. Se empeñó en matar recibiendo y se quedó en la cara del morlaco para asegurar el descabello al marrar el primer golpe.

Ganado
Seis toros de Núñez del Cuvillo; la corrida peor presentada de la feria, con astados feos como el primero y pobres de cara como el quinto. Apenas pelearon en varas. Destacó el tercero por su calidad y el lote de Alejandro Talavante fue de triunfo.

Diestros
Antonio Ferrera: silencio y vuelta al ruedo tras aviso. Alejandro Talavante: oreja y silencio tras dos avisos. Ginés Marín: silencio y silencio.

Presidencia
A cargo de Enrique Maya, asesorado por Fernando Moreno y Rosa Loranca.

Incidencias
La plaza se llenó aparentemente y dedicó una fenomenal pitada antes del paseíllo cuando desde uno de los tendidos de sol se desplegó una pancarta a favor de los presos de la banda terrorista ETA.

Se confió tanto el extremeño que de un derrote seco lo lanzó el toro por los aires tras suspenderlo de un pitón. Cayó muy mal y otra vez se apoderaron de la plaza los peores presagios en esta feria de cornadas, hule y volteretas. Una pena porque Ferrera estuvo colosal con Galiano, el mejor toro de la desigual y mal presentada corrida de Núñez del Cuvillo.

El diestro extremeño demostró en Pamplona que es un torero en sazón, todo lo que hace tiene sabor añejo, como la revolera invertida con la que se hizo presente con el capote o el inicio de faena con la mano izquierda con la muleta sobre la hombrera para desplegarla en el embroque cuando el astado se venía como un avión desde las tablas. Sin olvidar el gran tercio de banderillas, con máximo riesgo y cuadrando siempre en la cara del toro. Ni una ventaja se dio en ningún instante de la lidia.

La faena tuvo ese acento barroco que destila con su toreo y la pureza primitiva de la colocación más perfecta. Toreo de muñecas antiguas, de talones asentados en la arena y con ese acento de gracia y donosura, especialmente en los compases finales, con la mano izquierda muy rota y el vuelo muy suelto para ligar muletazos hondos al ralentí, casi deletreados.

Realizó dos codas: la primera al natural con la mano derecha y con la espada clavada en la arena. Una estampa asolerada, todo a compás, como el segundo final, abrochando los naturales muy abajo para cerrar al toro en las tablas con enorme despaciosidad, como si llevara la muleta prendida con la yema de los dedos.

A pesar de todo le pidieron la oreja con fuerza y el palco, tan pródigo en los días precedentes para sacar el pañuelo, denegó un trofeo que le hubiera sabido a gloria a pesar de que había rozado con fuerza la puerta grande más rotunda y justa de estos Sanfermines.
El primer cuvillo tenía pinta de vaca viejuna y revirada; estrecho, vacío de ijares y desancado. Tenía los cuartos traseros asimétricos como recuerdo de un golpe antiguo que se hizo evidente en su forma tan extraña de andar. Ferrera se estrelló contra un imposible.

Talavante, a medio gas

Talavante y Cambembo, segundo de la tarde, lograron una fusión a medias premiada con una oreja tan de carril como generosa. Básicamente porque el torero no terminó de apretar el acelerador a fondo con un toro que tenía la salvable dificultad de puntear por el pitón derecho pero que embistió con suma claridad por la zurda, la mano con la que comenzó la faena y con la que logró las dos mejores series. Sin demasiadas apreturas, Talavante sacó a pasear su extrema facilidad y también su falta de compromiso. Dos series más por la periferia en redondo, estocada y oreja de oficina.

En el quinto, otro astado que se vino arriba tras el caballo, Talavante comenzó a pelearse de verdad con la mano derecha en la segunda parte de la faena. Brillo más que en el primer turno pero se encasquilló de tal manera con la espada que llegó a escuchar dos avisos. Una tarde gris de un Talavante que decepcionó.

Ginés Marín, que sustituyó a Roca Rey, se estrelló con un lote desalentador. El tercero pasaba sin alma por la muleta; y el sexto, que parecía de casta navarra por sus peculiares hechuras, no quería otra cosa que irse.


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