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Toros

Pepe Moral logra una oreja en una ardua corrida

El debutante Gonzalo Caballero sufrió una cogida con el tercer toro y tuvo que ser operado de urgencia

Pepe Moral

Pepe Moral

J.A. Goñi
Corrida del día 8 23 Fotos

Corrida del día 8

Imágenes de la segunda corrida de las fiestas de San Fermín 2017.

Fernando Pidal
Búscate en el tendido de la corrida del día 8 234 Fotos

Búscate en el tendido de la corrida del día 8

Ambiente en la plaza de toros en la segunda corrida de los Sanfermines 2017.

Fernando Pidal
Actualizada 08/07/2017 a las 22:26
  • Pablo García-Mancha

El serio Bravucón abrió la corrida, un toro de pedernal que escondía su bravura como un manantial imposible; un regalito de estaño con un pitón izquierdo acerado y criminal que le tomó la matrícula al banderillero Fernando Téllez desde que apareció en la lidia y que le persiguió hasta que dobló en los terrenos del nueve, desarmes, atragantones y coces incluidas en la panoplia de perfiles de mansedumbre que desarrolló el de Escolar.

Eugenio de Mora apenas pudo hacer otra cosa que pasar al toro por el derecho y salvaguardar su integridad por el pitón izquierdo, con el que rebañaba con la sórdida intención de coger y herir, porque estos toros cuando te atrapan no perdonan... O sí, como le sucedió a Gonzalo Caballero, que nació ayer y que se libró milagrosamente de un terrible cornadón al quedarse en la cara tras pinchar al entrar a matar. Las escenas fueron dantescas.

El pitón primero agredió el costado y después hizo carne en el glúteo con el torero ya a merced sobre el albero. Caballero quedó desmadejado y las asistencias, con Miguel Abellán a la cabeza -que saltó como un obús-, se lo llevaron roto a la enfermería. En la puerta del patio de caballos se formó un tumulto del que salió Caballero renacido, rebozado en la sangre del toro y con la suya propia que mansamente fue empapando la taleguilla. La sensación en la plaza fue indescriptible. El diestro, sin la chaquetilla, caminaba arrastrando la pierna y era imposible otra cosa que despenar como fuera al toro e irse a la enfermería para recomponer cuanto antes el desaguisado que en esos momentos era su cuerpo. El joven torero de Madrid había planteado una faena con mucha verdad sobre todo en su colocación en los primeros muletazos de cada serie, pero en cada embestida daba la sensación de que podía ser cogido puesto que le costaba un mundo soltar los vuelos y despedir el viaje del toro. El desbordamiento de la faena lo palió con su entrega y con el gesto fieramente humano de regresar al ruedo en tan lamentables condiciones. Pamplona lo vio y se lo agradeció.

La lluvia asomó con fuerza en el cuarto y aguó una oreja que a buen seguro se hubiera anotado Eugenio de Mora con el anticiclón de las Azores; pero la nubada se situó en el eje del coso y su faena pasó desapercibida entre la escalonada fuga del gentío y las maniobras de los que se quedaron para no calarse. El toro Diputado, el remolón en el encierro, parecía de salida que llevaba en el escaño desde las Cortes Constituyentes; pero inopinadamente comenzó a embestir con el candor de un culiparlante y le puso a Mora el triunfo en la mano. Faena nítida, profesional, con series largas y de buen trazo pero sin terminar de romper, como si el toledano no se creyera la bondad del toro. Todo quedó a medias.

El quinto fue otro buen ejemplar, noble y con un pitón izquierdo con el que Pepe Moral sacó a pasear la misma mano con la que ofreció en Sevilla los mejores naturales de farolillos con un gran Miura. Moral trazó una faena larga con muy buenas series al natural, logrando enganchar al toro con los vuelos y tirando de él con mucho temple. De menos a más, lo cuadró en los medios y cobró una estocada tras un feo metisaca. Más allá de la concesión de la oreja quedó su toreo y su enésima reivindicación en el ruedo como un diestro de muy buen corte que además había manejado muy bien el capote en su primer toro, un astado que se apagó muy rápido. El sexto lo tuvo que matar Eugenio de Mora y fue otra prenda. Algo le debió de ver puesto que lo brindó pero la faena había nacido muerta por la pésima condición del descarado Escolar.


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