Diario de Navarra | Facebook Se abrirá en otra página Diario de Navarra | Twitter Se abrirá en otra página Hemeroteca Edición impresa
Mi Club DN ¿Qué es? Suscríbete

La Hemeroteca
Opinión
ANÁLISIS

Psicosis presanferminera

José Murugarren

José Murugarren

Actualizada 23/06/2017 a las 11:36

Vivimos en una paradoja permanente. Hemos construido la sociedad más desarrollada y más segura de todos los tiempos y precisamente esta certeza, la convicción de que disfrutamos de un buen escudo de protección colectivo, alimenta el pánico ante la más mínima posibilidad de que este paraguas comunitario se resquebraje. El miedo hace estallar el equilibrio emocional compartido mucho antes que las bombas. Y su victoria incontestable es la extensión del primero de sus efectos, el temor, inoculado en la vena social como un virus para el que no se encuentra antídoto. Ese caldo de cultivo puede condicionar el comportamiento de gobiernos y policías europeas. Está ocurriendo en Pamplona. Por primera vez en la historia de los Sanfermines los cuerpos de seguridad barajan medidas que antes nadie imaginó ni en una película sanferminera de ciencia ficción. Barajan controles masivos en los accesos a la ciudad, restricciones al tráfico de camiones, cierre completo del acceso a los fuegos artificiales. Un puñado de propuestas drásticas que se pondrán en marcha o quedarán solo en iniciativas teóricas pero que probablemente se difunden desde una reflexión policial: el convencimiento de que es imprescindible concienciar a la población de que vivimos un tiempo nuevo. Una época donde el miedo, que es la emoción menos controlable en el cerebro, puede condicionar la estrategia de respuesta a seguir. Esta psicosis solo alimenta esa bola de acción reacción que ya experimentan ciudades europeas que han sufrido ataques. Los terroristas protagonizan atentados y generan el pánico. Los ciudadanos responden con resentimiento antimusulmán, que nutre a su vez la aparición de nuevos terroristas que se perciben rechazados y víctimas de una sociedad que los teme y los odia.

UN TRÁGICO SALTO MENTAL

El objetivo del yihadismo radical es atemorizar. Primero fue Madrid, después París, Copenhague, Bruselas, Berlín, Niza, ahora Londres. Su combate es global y lo es contra una forma de entender la vida. Están en guerra con el mundo y saben que matar en un país libre no es difícil. Vale un vehículo y un conductor suicida, un cuchillo y un loco que lo maneje. Lo terrible es su salto mental, esa acrobacia intelectual que les lleva a matar y matarse y creer que ese camino de asesinato más suicidio seduce a su dios para abrirles de par en par las puertas de la mejor habitación en el paraíso.

Despejar la ecuación que forman la libertad y la seguridad con acierto es el reto. Pero las soluciones no están en manos de los gobiernos nacionales y mucho menos regionales. Las medidas dependen de la colaboración policial, de su capacidad de investigar, adelantarse y detectar a estos terroristas antes de que puedan hacer daño. Probablemente en esta tarea los ciudadanos tenemos un doble papel. Reafirmar nuestra forma de vida basada en la libertad y la tolerancia y estar vigilantes ante cualquier amenaza en nuestro entorno.


Comentarios
Te recomendamos que antes de comentar, leas las normas de participación de Diario de Navarra

Lo más...
volver arriba

© DIARIO DE NAVARRA. Queda prohibida toda reproducción sin permiso escrito de la empresa a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, de la Ley de Propiedad Intelectual

Contenido exclusivo DN+
VER EL CONTENIDO COMPLETO
Ya soy DN+
Continuar

Estimado lector,

Tu navegador tiene y eso afecta al correcto funcionamiento de la página web.

Por favor, para diariodenavarra.es

Si quieres navegar sin publicidad y disfrutar de toda nuestra oferta informativa y contenidos exclusivos, tenemos lo que buscas:

SUSCRÍBETE a DN+

Gracias por tu atención.
El equipo de Diario de Navarra