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Educación

Gracias, Carles

​Hoy presentamos a: Sonsoles Echavarren, periodista especializada en Familia y Educación

Sonsoles Echavarren.

06/06/2017 a las 06:00

Carles Capdevila sonríe, brazos cruzados, camisa y americana, en la foto en blanco y negro que acompaña la entrevista que le hice. Era enero de 2016. Cinco meses antes, nada más cumplir los 50 años, había recibido un duro regalo: el diagnóstico de cáncer de colon. Pero en enero pasado aún tenía una buena mata de pelo, un poco largo y canoso, del mismo color que su barba. Con mucha vitalidad, recorría España impartiendo charlas para padres y profesores sobre cómo educar con humor. El lunes 25 de enero ofreció una conferencia en la ikastola Paz de Ziganda de Villava y yo le entrevisté dos días antes, por teléfono. Era un sábado por la mañana y estuve hablando con él más de una hora, en la que me reí y aprendí muchísimo. El lunes fui a escucharle a un gimnasio que se quedó pequeño y tras dos horas de risas, aplausos, y padres asintiendo ante sus afirmaciones, me acerqué a felicitarle y le llevé el recorte de mi entrevista que se había publicado ese día. “Muchas gracias. Ahora mismo la voy a leer”, me dijo. Y sentí mucha emoción de que un periodista como él, fundador y primer director del diario ARA, escritor y conferenciante cuyos vídeos se habían hecho virales, fuera a leer mi texto. Nacido en Els Hostalet de Balenyà (Barcelona), hijo de un carpintero, Capdevila estaba casado y era padre de cuatro hijos; una chica de 21 años y tres chicos, de 19, 14 y 8. En junio de 2015, su conferencia 'Educar con humor', impartida en el congreso organizado por la iniciativa 'Gestionando hijos', se hizo viral en las redes sociales y desde entonces la han visto casi dos millones y medio de personas. El pasado viernes por la mañana, un 'whatsapp' de mi compañera Laura Puy me informaba de que 'Capde', como se le conocía en mundo periodístico, había fallecido. Con 51 años y media vida por delante. Sentí una pena tremenda por su familia y me dieron ganas de llorar. Aunque no lo conocía apenas, lo sentía como alguien muy cercano. Ahora, todos nos quedamos un poco huérfanos de sus enseñanzas. Pero, por suerte perduran sus escritos, tan brillantes y tan útiles para la vida. ¡Gracias, Carles! Por tu legado y, sobre todo, por ser una buena persona.

Carles Capdevila

 

A mediados del pasado marzo, le envíe un whatsapp para invitarle a ser el padrino de 'Expofamily', la feria de familia que organizamos en Diario de Navarra. Muy amable, me respondió su secretaria al poco tiempo. “Carles estaría encantado pero el médico le ha recomendado que no se mueva de Barcelona”, confesó. Así que intuí que el tratamiento contra el cáncer estaba siendo duro. En sus entradas diarias en Facebook, la última fue el domingo 28 de mayo, iba contando cómo se encontraba y compartiendo artículos y vídeos de reflexiones sobre la vida y la educación (el último, 'La felicidad, desesperadamente', del filósofo André Compte-Sponville, ahora resulta premonitorio). Hace tres semanas, el 12 de mayo, su entrada era un homenaje a las enfermeras, con motivo del 'Día internacional de la enfermería', y de las que se declaraba fan. “De la forma más interesada, porque las necesito; y de la forma más agradecida, porque hacen mucho más que curarme. Cuidan de mí”, reconocía. Y añadía que “ellas y algún él”, a diferencia de la medicina que le trataba “a trozos”, entendían que “somos personas enteras”.

Pero de todos sus artículos me quedo con dos. El del pasado 13 de noviembre, en el que hablaba sobre 'La suerte de que te miren con buenos ojos' y de cómo su hijo de 8 años le observaba tras la “derrota triste” de haber perdido el pelo. “¡Pero qué guapo que quedas con la gorra, papá, qué envidia! ¡Desde lo del cáncer te compras ropa chulísima y te queda súper bien”, cuenta que le dijo el niño con “los ojos brillantes” y “una sinceridad entrañable”. “Los adultos me hacen cumplidos amables pero él expresaba su verdad íntima. La belleza está en la mirada y no hay privilegio más hermoso que ser observado desde el amor incondicional, como hace esta criatura dulcísima”, añadía. O aquel otro del verano pasado en el que se refería a 'Los besos de mamá, lo más bello del mundo'. En unas pocas líneas narra cómo su madre, que tenía entonces 77 años y mucho dolor tras una operación de prótesis de rodilla, cogió el tren para ir a curarle a Barcelona. “Mi madre se sienta junto a la cama, me coge la mano, me da besos dulces. Y de repente, tengo menos miedo, siento menos dolor. Nos caen lágrimas de emoción”, escribe. Y concluye agradeciendo “la oportunidad deliciosa que esta jodida enfermedad” les ha dado para volver a sentirse “tan intensamente madre e hijo”.

Pero no sigo por el terreno sentimental. Lagrimillas a un lado, Capdevila quería utilizar el humor para que los padres “no nos pongamos tan serios” a la hora de educar. “Somos muchos los padres con información y obsesionados con ser perfectos. Necesitamos que alguien se ría de nosotros”, me contaba en la entrevista. Y para eso estaba él. Cuando contaba la diferencia entre educar a niños y adolescentes (“dos se ríen con lo que dices y a los otros dos no les hace ni puta gracia”) o cuando relataba la anécdota de él en el supermercado con un paquete de compresas y otro de pañales en la mano (“la celulosa está invadiendo nuestra vidas. A ti no queremos volver a verte-decía dirigiéndose a los pañales-; pero a ti sí -añadía con las compresas- ven puntual todos los meses”). O cuando criticaba a unos amigos suyos que se habían ido de vacaciones a Vietnam y el niño se les puso malo. “¿Cómo pueden ir a un país donde no hay Dalsy? (ibuprofeno infantil) El Dalsy es tan bueno que debería estar prohibido”, se reía. Insistía en que para educar a los hijos es mejor “el humor que la bronca”. “Mi padre utilizaba mucho la ironía y yo también lo intento hacer. Él era carpintero y nunca nos íbamos de vacaciones y cuando yo le preguntaba que si íbamos a ir a la playa me respondía: 'Sí, claro, tres meses y al Caribe'. Eso me transmitía más seguridad que si hubiera dicho: 'no podemos, me sabe mal pero no tenemos dinero”, seguía relatando en la entrevista.

Carles Capdevila vivió el éxito tras el vídeo como “una locura”. Contaba que llevaba veinte años escribiendo libros y artículos y hablando sobre educación (desde que se convirtió en padre) y no le conocía nadie. “Pero desde que el vídeo se hizo viral, me paran en la calle ¡y quieren hacerse selfies conmigo!”, se sorprendía. Los libros de los que habla son Bebé y compañía (publicado en 2000), Las tres mellizas (una mirada al mundo), Parir con humor o Educar mejor. Once conversaciones para acompañar a familias y maestros, estos dos últimos, best-sellers en la pasada feria de Sant Jordi, en Barcelona, donde el autor firmó ejemplares. Hasta el pasado martes intervino en el programa 'Guía de padres' de Gemma Nierga en 'Hoy por hoy' en la cadena SER (junto con Rocío Ramos-Paul, la 'supernanny').

“La experiencia de ser padre o madre es la que más unifica a todos”, me dijo en nuestra conversación telefónica. Al margen de ideologías, estudios, estatus social o forma de ser, añado yo. Por eso, él tenía tanto éxito. Porque hablar de la educación de los hijos y la familia, continúo añadiendo, es algo que nos une a todos. Así que, gracias Carles, por tus enseñanzas. He vuelto a ver el vídeo en el que te despides de “tus” periodistas en la redacción de Ara, cuando les anuncias que dejas la dirección porque tienes cáncer y me he emocionado. Lo mismo que me ocurre al volver a mirar tu foto en blanco y negro. Esa en la que sonríes, brazos cruzados, camisa y americana, con tu pelo largo y tu barba canosa.


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