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LA VENTANA

La Librería Gómez

Foto de Lucía Baquedano

Lucía Baquedano

01/06/2017 a las 06:00
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  • Lucía Baquedano

Otra que se nos va, llenando de tristeza a los lectores, que sentimos su pérdida, porque la Librería Gómez forma parte de nuestras vidas.

En los comienzos de mi afición a los libros, la de la Plaza del Castillo se me presentó como la auténtica librería, como las que a veces veía en el cine o describía una novela. Y es que, en otras librerías, los libros estaban tras el mostrador, y el librero ponía sobre él los seis o siete que tenía sobre lo solicitado: uno de Stevenson o de Ilde Gir o Borita Casas. Y nada más se podía ver. Por eso Gómez fue un descubrimiento, porque todo estaba a mi alcance. Podía curiosear en las estanterías, sacar un libro, hojearlo, incluso leer algunas páginas antes de decidir. Recuerdo que siempre se podía ver allí a alguien haciendo lo mismo: curiosear, hojear, leer y elegir. Y los lectores eran variopintos: podía ser un señor muy serio, o adolescente como yo; madres en busca de cuentos infantiles; monjas y estudiantes. La librería ocupaba sólo la planta baja, porque el piso superior, que más adelante también se llenó de libros, era una Academia, propiedad también de la familia Gómez, en la que yo misma me formé como taquígrafa. El acudir diariamente a clase me tentaba a entrar a entrar en ella. A veces sólo a mirar, para elegir el próximo libro o para cerciorarme de si Daphne du Maurier había escrito algo más. Pasados los años, Gómez abrió una librería infantil en Castillo de Maya, donde más tarde estuvo también El Parnasillo. Y a esa librería acudía asiduamente con mis hijos niños que habían descubierto ya a Tocón, Los Cinco, y Negrito Reeves.

Hoy, al enterarme de que va a cerrar todas sus librerías, he sentido un pellizco en el corazón, porque Gómez ha formado parte de lo mejor de mi vida, de los inicios de mi propia Biblioteca con los libros de Guillermo y Julio Verne, los de Cronin, Bernanos, Galdós, Santa Teresa, y toda aquella extensa colección de libros Plaza que estaba al alcance de cualquier bolsillo.

Otra de las grandes se nos va, dejando un vacío difícil de llenar en un mundo en el que, por la razón que sea, se venden pocos libros.


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