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Mujer, madre, funcionaria, policía foral

Daniel Ancizu.

Daniel Ancizu.

DN
06/05/2017 a las 06:00
  • Daniel Ancizu

Fiesta del trabajo, uno, uno de mayo. A las 14:30 horas inicio el servicio. Como todos los días del año. Ya sean mañanas, tardes o noches, nieve o haga 40ºC a la sombra. Y sí, hoy es día festivo. Día de descanso para muchos, un buen puente de tres días para estar con la familia, amigos o solo. Día de decidir libremente con quién se quiere compartir y qué se quiere hacer. Y yo también he elegido. Y elijo ir a trabajar.


En casa, nuestro bebé de pocos meses y mi pareja que gasta uno de los tres días por año de Asuntos Propios para quedarse a cargo de nuestra hija. Sí, él también cuida de nuestra hija. Y él también es policía.


Han dado bastante buen tiempo y las familias se hallan juntas disfrutando de sus merecidos descansos. Nuestros vecinos se han ido tranquilos. Contentos de poder desconectar de sus trabajos, de sus problemas, del estrés... Han dejado sus casas, sus bienes, sus… ¿vidas? a nuestro cuidado. Y ¿por qué tienen esa sensación? Porque en el fondo saben que es seguro. ¿Por qué? Porque… hoy es festivo, y saben que la Policía trabaja los 365 días del año.


Los residenciales y municipios próximos a Pamplona se encuentran en silencio. Observo. Sigo conduciendo. Apenas hay coches estacionados y hay muy poco movimiento de vecinos. Buen día para que los cacos se lleven un buen botín… Conduzco, vigilo.


De repente, en el panel del coche se enciente un chivato. “Avería Motor”. Otra vez… Miro el cuentakilómetros: “537.321” Suerte que esta vez no íbamos a una emergencia. Regreso a comisaría a ver si con suerte tenemos otro coche patrulla para poder seguir trabajando.


Entra un aviso, intento de autólisis. Acudimos a toda velocidad. Hay que intentar calmar a la persona. Un joven. A nuestra llegada, un joven… precipitado. Aún respira. Entre ruidos guturales, le agarro de la mano y le pido que aguante, que no está solo, que ya viene la ambulancia. Los minutos son eternos. La ambulancia llega, les cedo mi lugar y yo ya no puedo hacer nada más por él. Con el corazón compungido, tengo que seguir apoyando a mi compañero que intenta sin éxito contener a los padres que han llegado al lugar e intuyen lo peor. Llegan más efectivos y el psicólogo de SOS. Éste nos da el relevo y se queda con los padres, pero el momento más fuerte y delicado lo hemos tenido que afrontar nosotros…


Pasadas las horas nos retiramos de la intervención y toca regresar a comisaría. Silencio en el patrulla. Pensativa e impactada por lo vivido, toca regresar a casa. Cerrar capítulo y volver con los míos. Pero no es fácil, porque las imágenes de ese adolescente estampado en la acera y los sonidos que emitía vuelven una y otra vez a mis pensamientos. No sé si algún día esta vivencia se perderá entre mis recuerdos.


22:55 horas. En mi casa, mi niña ya dormida, no puede recibir más que un dulce beso por mi parte. No se ha percatado de que tiene a su madre de nuevo a su lado y lamentablemente por la mañana se despertará sin ella, porque a las 06:30 horas he de reanudar de nuevo mi turno de trabajo ya que he de asistir como testigo a la celebración de un juicio por la detención que efectué sobre un hombre por un presunto delito de violencia de género…


Y ya por fin me acuesto. Dudando de si seré capaz de descansar ya que he de atender de noche a las demandas de mi pequeña (sí, le sigo dando pecho, sí) y pensando si realmente ha merecido la pena lo que he tenido que vivir hoy. Y la respuesta es SÍ. Sin lugar a dudas.
Porque trabajo por y para las personas, sean quienes sean, provengan de donde provengan. Sé cuál es mi función y lo que quiero ofrecer. A veces el trabajo no es agradable, pero una buena profesional sabe asumirlo y encajarlo. A veces me toca ser la “madre que castiga al niño” pero que sabe que ése es su papel y siempre, brindo lo mejor de mí para intentar encontrar solución a los problemas de la ciudadanía. De mi sociedad.


Así que señor@s polític@s, les pido respeto hacia este colectivo humano, tan necesario en los tiempos que corren (les recuerdo nuestro nivel 4º de alerta terrorista entre otras muchas cosas) y si no, hagan memoria de las veces que han marcado el 112, 062, 091, 092 y hemos acudido, poniendo en juego en muchas ocasiones nuestras vidas para salvar o contribuir a las suyas. Y si no…. Dios quiera que nunca necesiten de nosotros, pero si lo hacen, no se preocupen que nosotros somos así de “necios” que les atenderemos como mejor nos enseñaron a pesar de que ustedes quieran que si me llaman a mi móvil particular, tenga que dejar todo (sin compensación alguna por supuesto) para atender un servicio que ya se sabía que iba a haber… gracias a esos días de total disponibilidad que han aprobado en el Proyecto de Ley de Policías de Navarra.


Tributo a todas las mujeres policías que ayer, hoy y siempre darán lo mejor de ellas mismas para contribuir a la seguridad, bienestar, vida y equilibrio social de nuestra sociedad y que siguen y seguirán orgullosas de su trabajo, pese a que nuestros dirigentes políticos les intenten desmotivar y desprestigiar.

Daniel Ancizu Martínez es presidente del sindicato CSIF-F/SPF


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