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Policías en manos de Podemos

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Marcos Sánchez

30/04/2017 a las 06:00

De repente, Podemos ha arrojado una muestra de que existe. Como Teruel. La consejera de Interior, María José Beaumont, lo está sufriendo bien y el Gobierno de Uxue Barkos se ha desplegado por tierra, mar y aire para intentar que su socio del cuatripartito pase otra vez por el aro. La Ley de Policías provoca el lance. La formación morada sentenció por boca de sus parlamentarios Rubén Velasco y Carlos Couso que no apoyará la norma gobernamental con el rechazo unánime que ha despertado entre todos los sindicatos de la Policía Foral. Podemos reclamó al Ejecutivo que retire su proyecto del discurrir en la Cámara que ha emprendido y, a partir de ahí, abra una negociación con las centrales en la que cada cual realice sus propuestas. Si no, se sumará a una enmienda a la totalidad y, junto a la oposición, tumbará la propuesta. La réplica de Barkos y Beaumont consistió en que de retirada, nada. Todo esto ocurrió el martes. El jueves Podemos apelaba también a la responsabilidad sindical, hoy es domingo y mañana ya se verá, pues con los de Laura Pérez el futuro resulta arduo de adivinar. Acordémonos, por ejemplo, de la extra de los funcionarios: de aquellas dirigentes de la sigla de los círculos manifestándose para que la paga suprimida en 2012 se restituyese cuanto antes y el posterior agachamiento de cabeza por parte de todo el grupo en el hemiciclo.

En Podemos son conscientes de que la presión que van a recibir no va a ser pequeña. Ya la notan. Pero de entrada son ellos mismos quienes, tras la manera contundente con la que han hecho público su posicionamiento, han sometido su coherencia a la vigilancia de todo el mundo. Y así permanecerá mientras la situación de encallamiento actual continúe, más aún si termina por no resolverse, con la consejera de Interior insistiendo en la táctica de tratar de desunir a los sindicatos APF, CSI-F/SPF, ELA, CCOO y UGT, y éstos contestando cada intento sin moverse de su requerimiento compartido de que meta su texto en el cajón porque entienden que empeora las condiciones labores de los agentes y como condición para sentarse a negociar. Beaumont se ha enrocado en un empecinamiento incomprensible. Reclama negociación y sus anhelados interlocutores le trasladan que quieren tenerla, pero obvia lo que le piden para que pueda producirse. Las centrales del Cuerpo autonómico han encontrado en la demanda de que se dé marcha atrás al proyecto el único paraguas común bajo el que resistir. Ahí siguen, reforzadas tras cada insinuación en sentido opuesto de la consejera, motivadas aún más con el agarradero de Podemos. Aunque sabedoras también de que en el hipotético momento en el que el Gobierno aceptase aparcar su plan y hablar, la unidad podría volatilizarse al ponerse sobre la mesa la reforma de una ley, la vigente de 2015, que enfrentó a unos representantes de los agentes con otros e incluso a agentes entre ellos, al provocar que unos cobrasen algo más a costa de que otros ganasen mucho menos.

El foco, no obstante, se ha posado en el paso previo de si se mantiene o no la propuesta de nueva norma, de quién vence y quién pierde. Beaumont se ha resistido a una derrota con los policías, cuando para la renovación de la plantilla de bomberos llegó a retirar sus planteamientos en dos ocasiones hasta llegar a un acuerdo final con LAB y ELA. LAB, afín a una Bildu que impulsó a Beaumont hacia la cartera de Interior, no está en Policía Foral. Dato significativo a la hora de calibrar el diferente proceder. Otro es que Bildu no permitirá a Podemos dar pie a una derrota de su consejera. La coalición abertzale ha promovido una carta de quince alcaldes del cuatripartito, la mitad de ellos de su sigla, aplaudiendo la “dinámica abierta y participativa” del departamento de Beaumont y su proyecto, en lo que a Cuerpos locales se refiere. Pese a la operación de salvamento, la realidad fija que la ley no regula alcaldes y sí policías que, a cambio, se han levantado en protestas callejeras. Una norma para trabajadores públicos que pone a éstos y todos sus sindicatos en contra es una bomba de racimo.


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