Diario de Navarra | Facebook Se abrirá en otra página Diario de Navarra | Twitter Se abrirá en otra página HIBERUS | Google Plus Hemeroteca Edición impresa DN+ Tablet
Mi Club DN ¿Qué es? Suscríbete
El Tiempo: Cargando...

La Hemeroteca
Opinión
OPINIÓN

Un paso por delante

El cantautor estadounidense Bod Dylan.

Un paso por delante

El cantautor estadounidense Bod Dylan.

EFE
Actualizada 13/10/2016 a las 22:11
  • JOSÉ M BELCOS
Ayer, tras enterarme de la concesión del Nobel de Literatura a Bob Dylan, abrí el Lyrics -un tomo de más de 1.200 páginas donde están transcritas y traducidas todas sus canciones entre 1961 y 2001- y traté de leer las letras como si se tratase de poemas. ¿Es posible hacer esto? Quizás, aunque no para mí. En mi mente, la música brota indisoluble de los textos a los que acompaña. Y es que Bob Dylan escribe canciones, no poemas. Canciones, eso sí, de un lirismo inigualable, perladas de versos sublimes. “El fantasma de la electricidad aúlla en los huesos de su rostro”, canta en Visions of Johanna; o “Detrás de cada cosa bella ha habido siempre algún dolor”, recita en Not Dark Yet. Son sólo dos ejemplos de la altura poética de la obra del bardo de Minessotta.

¿Son los textos de las canciones de Bob Dylan, desvinculados de la música que los acompaña, merecedores del mayor galardón del mundo de las letras? Podría ser. Sin embargo, ¿son sus canciones, en su integridad, acreedoras de tan insigne galardón? Sin ningún género de duda. Por mucha poesía, carga social o surrealismo que cobijen los textos, nada es comparable a escucharlos con la música que los acompaña y los engrandece hasta llevarlos a las más altas cotas de expresión artística.

Al margen de su obra narrativa, resumida en Tarántula, un librito de prosa febril escrito en 1966, y la primera parte de sus memorias, Crónicas, Volumen 1, editado en 2005, las canciones de Bob Dylan han marcado un hito en la cultura occidental. Sus primeras creaciones, escritas en la estela del folk, ya sirvieron para impulsar a este género más allá de los límites que parecía tener marcados. Más tarde introdujo en la música tradicional norteamericana el surrealismo, el simbolismo y la escritura automática, se dejó influir por los poetas y escritores beatniks y, con todo ello, abrió puertas que hasta entonces nadie sabía siquiera que existían. Bob Dylan cambió, en apenas tres años -de 1963 a 1966-, y para siempre, la concepción de lo que hasta entonces se creía que debía ser una canción. Beatles, Rolling Stones, Van Morrison, Neil Young o Leonard Cohen han reconocido la influencia de sus creaciones en las suyas propias. El mismo Cohen, el único de todos ellos cuyos versos están a la altura de los del de Hibbing, reconoció que “Bob Dylan es uno de esos personajes que sólo aparecen una vez cada 300 o 400 años”.

Siempre un paso por delante de sus contemporáneos -se recluyó, desengañado, en su refugio campestre en plena eclosión de la cultura hippy-, ha sido sobre todas las cosas un creador libre que, sin embargo, nunca ha perdido de vista a quienes le precedieron. Estudioso como pocos del legado musical de su país, Dylan se ha reinventado artísticamente a lo largo de los años partiendo siempre de la tradición de la música de raíz estadounidense, dentro de la cual, como reza el fallo del jurado del Nobel, “ha creado nuevas expresiones poéticas”. Una frase que suena a justificación, pero que sin embargo hace justicia a un creador que, ya en los últimos tiempos, ha sabido reflejar en su obra como nadie el paso del tiempo, la melancolía de la madurez y las decepciones del amor, y lo ha sabido sublimar en unas canciones que, sin embargo, y como todo el arte verdadero, destilan consuelo y esperanza.

Con la concesión del Nobel de Literatura, Dylan abre una nueva puerta que hasta ahora permanecía cerrada, la del reconocimiento oficial de las canciones como un género a la misma altura que la poesía o la prosa. Alguien tenía que ser el primero en romper esta barrera. Ha sido, de nuevo, Bob Dylan. No podía ser otro.

José Mª Belcos Moreno es músico y periodista

Comentarios

Lo más...
volver arriba
© DIARIO DE NAVARRA. Queda prohibida toda reproducción sin permiso escrito de la empresa a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, de la Ley de Propiedad Intelectual