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La voz de nuestra época

es periodista y Profesor en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra

El cantautor estadounidense Bod Dylan durante un concierto.

La voz de nuestra época

El cantautor estadounidense Bod Dylan durante un concierto.

EFE
14/10/2016 a las 06:00
  • GABRIEL DE PABLO
Salvo quien se haya pasado los últimos veinte años sentado encima de su reloj, a nadie le ha podido pillar de sorpresa que la Academia Sueca haya concedido a Bob Dylan el Premio Nobel de Literatura. Era un rumor a voces que llevaba sonando desde hace mucho tiempo. Los suecos han decidido dejar de hacerse los suecos y han hecho al fin justicia al único poeta universal de nuestra época. La polémica que vivimos ahora es una mera repetición de polémicas ya padecidas con anterioridad, cada vez que el nombre de Dylan se ponía encima de una mesa de Ikea.

La cuestión principal que se debate no es si Bob Dylan se merece un premio reputado. Al fin y al cabo, ya le han sido concedidos anteriormente el Óscar, el Pulitzer o el Príncipe de Asturias de las Artes, entre otros. La cuestión es si su aportación a la cultura puede enmarcarse en el ámbito de la literatura o debe ceñirse al estricto ámbito musical. Es decir, ¿es tan disparatado darle el Nobel de literatura a Bob Dylan como lo sería darle el Nobel de Física? La polémica encierra un error de principio, que consiste en fragmentar a Bob Dylan al considerar que existe un Dylan músico y un Dylan poeta.

Lo primero que hay que entender es que Dylan no es un músico que hace buenas letras. Tampoco es un poeta que pone música a sus composiciones. Dylan es un músico-poeta, es decir, un trovador, un juglar, un aedo, un bardo. Quienes se rasgan las vestiduras porque se le haya otorgado el Premio Nobel de literatura, deberían preguntarse: ¿merecerían un premio literario Homero o el autor del Cantar del Mío Cid? La literatura no empieza nunca en un café, con jóvenes con perilla bohemia ojeando distraidamente libros que no han leído. La Literatura empieza siempre con un poeta local que tañe una cítara mientras camina por calles que están muertas, llevando palabras en el aire que intentan explicar por qué diablos hay alguien ahí fuera golpeando un caballo muerto.

Dylan se inserta en la tradición de la música popular americana, que es de suyo - como lo es el propio EE.UU - una síntesis de la música popular de todo el mundo, con sus influencias de los cinco continentes. Por eso Dylan es el único poeta contemporáneo “universal”, porque su obra atrapa, recoge, “resume” la Cultura de nuestro mundo en crisis. Dylan se puede entender en Suecia, en Alabama, en Argentina, en Kenya y en Japón. La obra de Dylan da voz a nuestra historia reciente. ¿Acaso se le pide otra cosa a un buen poeta?
Dentro de un par de siglos, para entender lo que sentían, lo que soñaban, lo que lloraban los seres humanos de nuestra época, bastará con escuchar la voz de nuestro premiado trovador. No sé mucho sobre el asunto, pero me temo que eso merece un Nobel.

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