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Policías de trapo

Marcos Sánchez.

Policías de trapo

Marcos Sánchez.

DN
Actualizada 07/10/2016 a las 11:39
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La última astracanada de Aranzadi ha sido la de que la Policía Municipal de Pamplona cuente con cincuenta agentes menos. ¿Por qué? Porque hay que sustituirlos por educadores de calle, mediadores, dinamizadores y técnicos de participación, a los que el satélite de Podemos en el consistorio de la capital considera más eficaces a la hora de resolver los conflictos de convivencia. "Apostamos por un modelo de policía de convivencia pacífico, alejado de la utilización de la sanción y más tendente hacia la mediación", enarbola Aranzadi dentro de su viaje al país de la gominola a bordo de la chalupa del buenrollismo. Tralará, tralará. Cincuenta agentes a la calle por poner multas. Paz, hermano; y démonos todos la mano. El resto de partidos ha reaccionado en contra del planteamiento. Hasta el alcalde Joseba Asiron, que gobierna con Cuenca y sus colegas de cómplices.

Lo expuesto demuestra que no corren buenos tiempos para ostentar la autoridad en Navarra. El policía se ha convertido en una especie de muñeco de trapo al que se le está manoseando a golpe de leyes chapuceras y salidas de tiesto políticas y sindicales. El sábado 1 de octubre entraron en vigor en la Policía Foral las nuevas jornadas y las nuevas retribuciones, consecuencia de una normativa que el Gobierno ejecutor y las siglas legisladoras reconocen como defectuosa. Pero da igual. La respuesta a que 242 agentes tengan que sufrir rebajas salariales para permitir que otros 816 vean mejoradas sus nóminas es un encogimiento de hombros. La contestación a que se genere un cisco organizativo en el Cuerpo, que treinta de los treinta y tres jefes responsables de gestionarlo así lo hayan denunciado, que se aboque a ciertas unidades a turnos imposibles y que la inseguridad ahogue a los policías porque sienten en riesgo su conciliación familiar al saltar por los aires la tradicional planificación horaria es la minusvaloración. La consejera de Interior, María José Beaumont, se abre a cambios en la Ley de Policías, pero con vistas a 2017. Curioso posicionamiento cuando, hasta entonces, el marrón se lo va a tener que comer ella. El PSN, Bildu, Aralar e I-E aprobaron en 2015 un paquete explosivo y ninguno de ellos ha movido un dedo desde entonces para desactivarlo. El estallido lo reciben unos agentes a los que, encima, el Gobierno de Barkos y los parlamentarios no dejan de recitarles que la ley es "manifiestamente mejorable" a modo de baratas palmaditas en la espalda. El pasado martes 25 de septiembre, los sindicatos del Cuerpo -APF, CSI-F/SPF, ELA, CCOO y UGT- trasladaron juntos a Beaumont reivindicaciones acerca de los horarios y que se habilite una partida en los Presupuestos del próximo año para que a ningún efectivo se le recorten sus retribuciones. No sorprende de los dos primeros sindicatos, pues siempre han mantenido ese discurso. Sí de los tres restantes, impulsores de la norma junto al PSN bajo los criterios de ser a coste cero y de que las rebajas para algunos agentes se justificaban en que iban a pasar a trabajar menos horas. Algo no cuadra. Si se inyecta más dinero, ¿dónde queda el coste cero? ¿Van a trabajar más horas los policías que van a cobrar más? Si se evitan las bajadas, ¿cobrarán lo mismo que antes quienes van a trabajar menos? La contradicción de CC OO, ELA y UGT es manifiesta. Quizás por eso acabaron asegurando el viernes 30 de septiembre que no apoyaron lo que, según APF, CSI-F/SPF y la propia Beaumont, sí apoyaron el martes. El mismo día en el que incluso el portavoz de ELA barajó movilizaciones. ¿Frente a su propia sede por haber sido coautor del desaguisado?

Ante la puerta de EH Bildu se concentraron unos cuarenta agentes, convocados por CSI-F/SPF. La mayoría con el rostro oculto del todo tras caretas de la consejera de Interior o semioculto con gafas y gorras. "No dan ni la cara", tuiteó para afearles el portavoz de la coalición abertzale, Adolfo Araiz. En la Comunidad foral algunos puestos policiales todavía están estigmatizados y las razones las conoce bien Araiz, pero las obvia. El gen batasuno siempre ha hecho que a sus portadores les inquiete más a quién camufla un casco antidusturbios que quién se esconde bajo un pasamontañas blanco. Para ellos, ETA nunca ha supuesto un misterio.

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