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Uber, el escándalo que no pierde velocidad

Un estudio interno llama a la compañía a cambiar los valores de la empresa, los hábitos y las relaciones de sus empleados

Un usuario utilizando la app Uber.

Un usuario, utilizando la app Uber.

AFP
26/06/2017 a las 06:00
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  • Colpisa. Madrid

Cuando nació, Silicon Valley la abrazó fuertemente, como acostumbra a las empresas con principios más divergentes llamadas a cambiar radicalmente la industria a la que se dedica. Uber fue desde el principio un fenómeno de masas: un servicio de transporte de pasajeros que se nutría de personas que se nutría de conductores particulares. La que llegó a ser la 'start-up' más valorada del mundo con 60.700 millones de euros hoy camina cabizbaja. La empresa se encuentra en una crisis que no deja de crecer. Por una parte, el fuerte rechazo que ha generado en medio mundo al enfrentarse al sector del taxi en múltiples países y un buen número de problemas legales. En España, por ejemplo, la competencia de Cabify -que ha copado mejor el mercado nacional con su solución de VTC- ha hecho que esta empresa capitalice el conflicto con los taxistas. Por norma general, Uber ha vivido en un estado de guerra constante. Para sobrevivir a ello tienes que demostrar una cohesión a prueba de bombas. Y Uber no lo tiene. Así lo demuestra la salida, esta misma semana, del fundador de la plataforma Travis Kalanick, tras ocho años en el cargo. Un mandato lleno de polémicas que se ha saldado con una dimisión que huele a forzada.

La crisis interna tiene nombre de mujer 

Susan J. Fowler. Exempleada de Uber, escribió una demoledora carta que removió los cimientos de la compañía. En ella denunciaba la cultura laboral impuesta que propiciaba serios casos de discriminación hacia las mujeres de la plantilla. La respuesta fue un revuelo mediático e institucional que se materializó en sendas investigaciones. Una internet y otra externa que sigue abierta de la mano de un prestigioso grupo de abogados. Uber contrató entonces a Eric Holder, ex fiscal general durante la legislatura de Obama, para que estudiase los cambios internos que se debían acometer en la compañía. Su trabajo se ha visto reflejado en un documento con 47 cambios de la cultura de empresa. Desde coloridos detalles como cambiar la hora de la cena que se sirve a los empleados a las siete de la tarde, hasta la prohibición de 'romances' entre un superior y un subordinado. En el informe, de trece hojas de extensión, también se hace mención a la necesidad de controlar el consumo de alcohol y drogas durante las horas de trabajo. Estas tesis han sido asumidas por Arriana Huffington, fundadora del 'Huffington Post', que relevará de forma interina a Kalanick. Sin embargo, Holder ha sido especialmente duro en lo que se refiere a la filosofía impuesta por este último. Asegura que Uber tiene que instaurar un modelo para sus empleados basado en la "meritocracia", la competencia "con principios", además de reformular valores culturales para ser "más inclusivos" y "más positivos".

Kalanick y Trump

La marcha de Kalanick es una marcha anunciada desde hace tiempo. Como si fuera un hijo que hereda el carácter del padre, Uber ha sido tan polémica como el hombre que le dio forma. El último gesto que levantó el escepticismo entre sus colegas de Silicon Valley fue aceptar ser asesor tecnológico del gobierno de Donald Trump. Esa relación se forjó en una reunión en la que estuvieron presentes altos cargos de Facebook, Microsoft y Apple, que rehusaron unirse al consejo consultivo del republicano. Solo Elon Musk, fundador de Tesla y SpaceX, le acompañó. Aunque las críticas fueron similares en ambos casos, Musk y su entorno insistieron en que lo hacían por mantener una vía de diálogo abierta e intentar mantener cierta influencia en las acciones del presidente. A Kalanick le pasó factura. El decreto migratorio de Trump le estalló en la cara. Lyft, uno de sus competidores en EE UU, vio crecer su parroquia de manera desmedida. Eso desbordó la paciencia de los inversores de Uber -al no estar en Bolsa, estos tienen un gran poder- que forzaron al ejecutivo para abandonar a Trump. Empezó entonces una guerra interna que ha acabado por dejar su silla vacía. El futuro de Uber pasa por dos puntos. El primero, el coche autónomo. Y dos, la competencia local. La compañía está haciendo grandes inversiones en conseguir un vehículo que no requiera de conductor. Su fundador decía que la empresa que llegase en cabeza a esta nueva generación de automóviles tendría una gran ventaja, porque podría establecer una economía de escala y ahorrar grandes costes. Esta es su gran baza frente a la competencia local. Y es que Uber ha visto como en todo el mundo han replicado su modelo con soluciones adaptadas a la normativa de sus países de origen, lo que ha debilitado mucho la expansión internacional de la firma.


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