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Clústeres: donde se unen la competencia y la cooperación

Investigador senior de Orkestra y director del Máster de Competitividad e Innovación de Deusto Business School

foto de James Wilson, investigador senior de Orkestra y director del Máster de Competitividad e Innovación de Deusto Business School

James Wilson, investigador senior de Orkestra y director del Máster de Competitividad e Innovación de Deusto Business School

Cedida
Actualizada 20/04/2017 a las 10:53
  • James Wilson

Los clústeres de empresas y otros agentes afines (universidades, centros de investigación, institutos de formación, etc.) concentrados geográficamente se han convertido en una base importante de las políticas que buscan fomentar la competitividad. De hecho, es difícil encontrar un país o una región europea que no tenga algún tipo de apoyo a los clústeres, aunque no siempre se les llame así de manera explícita.

 

España no es diferente, y las políticas de clústeres están pasando por una interesante fase de resurgimiento. En regiones como Cataluña y País Vasco, tras 25 años de apoyo a sus clústeres, están renovando y refrescando sus políticas, ya maduras. Y en otras comunidades como Navarra e Islas Baleares surgen nuevas políticas de apoyo.

 

Es un momento interesante para reflexionar, por lo tanto, sobre las razones por las que los clústeres son un atractivo foco de la política de competitividad. De hecho, en medio del amplio panorama de las iniciativas y las asociaciones clúster, es fácil olvidar los argumentos socioeconómicos que subyacen al concepto de clúster y los principios asociados que deben guiar las acciones de estas instituciones.

 

La base de los clústeres es un principio fundamental de la geografía económica: las actividades económicas relacionadas naturalmente tienden a concentrarse en lugares específicos. El economista inglés Alfred Marshall escribió por primera vez sobre esto a principios del último siglo, basado en sus observaciones de las ciudades inglesas durante la revolución industrial. Argumentó que las industrias estaban localizadas en ciudades y pueblos específicos debido a las necesidades de recursos humanos y naturales de los productores y de mercados especializados, y también porque su proximidad entre sí creaba una "atmósfera especial" que daba ventajas competitivas a las empresas.

 

Las políticas de clústeres buscan desplegar el potencial de aunar competencia y cooperación entre las empresas y otros agentes que trabajan en actividades económicas conexas y en estrecha proximidad. Si bien las políticas no necesitan -y no deberían tratar de hacerlo- crear clústeres a partir de nada, pueden desempeñar un papel importante en provocar su surgimiento basado en los activos y capacidades regionales existentes. También pueden desempeñar un papel clave en la superación de algunos de los obstáculos a la cooperación que impiden que los clústeres existentes se conviertan en motores aún más fuertes de la competitividad regional.

 

El apoyo a las asociaciones clúster es el instrumento de política más popular para facilitar estos roles, y esta es la ruta que Navarra ha elegido para fortalecer su dinámica de clústeres. Sin embargo, es importante que las asociaciones clúster no pierdan de vista el principio fundamental de la cooperación como complemento de la competencia y la vía para mejorar colectivamente la competitividad. Es este enfoque el que marca la diferencia entre las asociaciones clúster y asociaciones sectoriales o cámaras de comercio, por ejemplo.

 

Las asociaciones clúster no deben concentrarse en hacer ‘lobbying’ alrededor de los intereses de sus miembros o prestarles servicios específicos, aunque  lo  hagan a menudo como una actividad complementaria. Su principal misión debería ser facilitar la cooperación entre los miembros del clúster para mejorar su competitividad colectiva. Esto significa apoyarles en la identificación y solución de problemas o desafíos estratégicos compartidos en los que la colaboración de varios agentes suponga la respuesta o donde la escala sea determinante para proporcionar una solución.

 

Estos tipos de desafíos compartidos surgen en torno a cuestiones relacionadas con la innovación, la internacionalización o la necesidad  de formación o infraestructuras específicas del clúster, en las que es improbable que los esfuerzos individuales aislados sean tan eficaces como los esfuerzos cooperativos. Sin embargo, los beneficios de la cooperación pueden ser intangibles y no es fácil que las empresas sean conscientes inicialmente. Un enfoque a largo plazo que construya gradualmente la confianza y el capital social es necesario para que la cooperación pueda incorporarse a la dinámica competitiva existente.

 

Con un enfoque centrado en el fomento de la cooperación a largo plazo, las políticas clúster y las asociaciones clúster pueden desempeñar un papel clave para mejorar la competitividad de una amplia variedad de clústeres: desde los tradicionales con una clara cadena de valor, como la automoción, a los transversales, como la transformación industrial, y otros emergentes, más específicos, como la impresión funcional. Además, trabajar con un enfoque de clúster también tiene el potencial de conducir a una mejor formulación de políticas en otras áreas a través de la inteligencia estratégica que las asociaciones clúster pueden proporcionar al gobierno. De hecho, las políticas de clúster más exitosas tienden a ser aquellas que se ven como la clave vertebral de la política de competitividad, vinculándose a una amplia gama de otras políticas que apoyan la competitividad de las empresas.

 

James Wilson es investigador senior de Orkestra y dirige el Máster de Competitividad e Innovación de Deusto Business School,


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