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En el Día Mundial de la Empresa Familiar

Presidente de The Family Advisory Board

Actualizada 05/10/2016 a las 14:02
  • MANUEL BERMEJO
El Día Mundial de la Empresa Familiar que celebramos el 5 de octubre supone un momento particularmente oportuno para reconocer la relevancia global de este tipo de empresa. Para empezar, reconozcamos que es la fórmula mayoritaria de la organización del planeta. Estudios diversos elevan al 80% el ratio de empresas familiares en el mundo.

Ser empresa familiar no conlleva inexcusablemente la conversión en una pequeña empresa y, además, deficientemente gestionada. El análisis de los datos del Fortune 500 permite afirmar que un 30% de esa lista gloriosa son empresas familiares. Un reciente informe de la prestigiosa consultora McKinsey&Company establece que el 60% de las empresas más grandes en mercados emergentes tienen carácter familiar. De acuerdo al Índice Global de Empresa Familiar que elabora la Universidad de St Gallen, las 500 empresas familiares más grandes del mundo alcanzan una cifra de 6,5 billones de dólares y emplean a 21 millones de personas, de modo que serían la tercera economía del planeta solo superada por USA y China. Otro estudio de Boston Consulting Group estima que, del total de empresas con más de un billón de dólares de ingresos, el 33% son familiares en USA, el 40% en Alemania o Francia y más de la mitad en Brasil o el Sudeste Asiático.

Por su parte, el Informe del IE Business School y Banca March señala que, analizando un período de diez años, las empresas familiares europeas baten en términos de capitalización bursátil y creación de empleo a sus pares no familiares. Está probado también que la empresa familiar cotizada es, además, más ética tomando como referencia la manipulación contable en base a un análisis global de más de 1.200 casos a lo largo de una decena de años.

En el campo del emprendedurismo, tan demandado y celebrado en estos tiempos contemporáneos, las familias empresarias juegan un papel esencial. Poca gente como las familias empresarias contribuye a ese fin de ayudar a construir sociedades emprendedoras. Así que, desde aquí, me gustaría, una vez más, resaltar la enorme aportación que la empresa familiar hace a la creación de empleo, innovación, riqueza, filantropía o bienestar.

Las empresas familiares tienen un enorme potencial y un espléndido futuro. Están jugando un papel decisivo para el progreso social que se sustenta en la construcción de una clase media amplia, que ofrece estabilidad económica y política. Las bases del crecimiento económico. Son los grandes emprendedores del mundo. Ahora que, afortunada y decididamente, se impulsa el fenómeno emprendedor en la mayor parte de los países del mundo, la sociedad debiera tener una mirada cómplice hacia las familias empresarias de su territorio. Pero es que, además, he encontrado en muchas familias empresarias un reservorio de valores de los que encuentro muy ayunos otros ámbitos de nuestra sociedad. Empezando por la honestidad, tan demandada en este mundo, plagado de escándalos en tantas esferas, que necesita referentes éticos.

Precisamente en esos períodos verdaderamente críticos, prolongados y difíciles derivados de la fuerte crisis económica, las empresas familiares han seguido dando la cara con extraordinario sentido de su generosidad y genuina responsabilidad social. Un estudio reciente elaborado por el Instituto de la Empresa Familiar (IEF) en España muestra datos muy reveladores al respecto. En 2007, por cada millón de euros de facturación una empresa familiar creó 4,7 empleos, frente a los 3,1 puestos creados por las no familiares. En 2013, último año de la crisis para los autores del estudio, las empresas no familiares habían reducido esa capacidad de creación de empleo de 3,1 a 3. Mientras, las familiares la habían incrementado en 4 décimas, hasta situarse en 5,1 empleos por cada millón de euros ingresado. De forma que prácticamente están en un 60% por encima de las no familiares.

Como señala Juan Corona, director general del IEF y máximo responsable de este informe: “Esto lo han hecho las empresas familiares con sacrificios, asumiendo pérdidas de competitividad y de rentabilidad, en la peor época de la historia económica de España. Es otra lección importante. Cuando las cosas van bien, las empresas familiares ayudan mucho a la economía, y cuando van mal son las que aguantan el tirón". Estas palabras enfatizan ese estilo de liderazgo verdaderamente ejemplar que se practica en muchas familias empresarias. Como decía, estas contribuciones están empezando a revertir la imagen de empresa familiar. La sociedad debe reconocer el relevante rol que juegan las muchas y buenas empresas familiares. Particularmente los gobernantes, que deben tomar conciencia del papel vertebrador que desempeñan las empresas familiares y sus extraordinarias contribuciones en muchos ámbitos. Especialmente en la creación de empleo, como veíamos antes. Y no verlas sólo con afán recaudatorio. Una concepción peligrosa que golpea en la línea de flotación de la continuidad de la empresa familiar. Dudoso futuro el de las naciones que no respetan y cuidan a sus empresas familiares.

Pero no quisiera dejar pasar esta jornada especial para demandar a las familias empresarias el mayor rigor y sentido de la responsabilidad. Vivimos un tiempo nuevo. Más aún, una nueva era. Empezamos a tomar conciencia que estamos ante la IV Revolución Industrial. Las familias empresarias deben comprometerse para trabajar en la adaptación a una realidad distinta, con diferentes desafíos, donde muchos asertos y paradigmas entran en cuestión. Un contexto empresarial más competitivo y dinámico que nunca, marcado por la confluencia en espacio y tiempo de globalización y digitalización. Fenómenos que también impactan en la evolución de modelos familiares, plagados hoy de miembros con mayor diversidad. Sin duda, es una extraordinaria oportunidad para muchas familias empresarias que se gobiernen desde una visión transformadora y el liderazgo positivo.

Siempre que puedo, les recomiendo a las familias empresarias que se formen en liderazgo positivo. Desde los estudios de Martin Seligman, considerado el padre de la psicología positiva, se ha demostrado que el desempeño de compañías e individuos aumenta cuando el enfoque se pone en las fortalezas. Con la visión optimista que me caracteriza en este campo, identifico en la empresa familiar enormes posibilidades para gobernar en positivo. Muchas de ellas tienen interiorizados valores extraordinariamente positivos: visión de largo plazo, compromiso, honestidad, generosidad, filantropía, espíritu emprendedor... Fortalezas en torno a las cuales es más sencillo provocar energía positiva. Facilitar que las personas fluyan, disfruten de su trabajo. Vivan, trabajen y se cohesionen en positivo.

Mi reconocimiento a las familias empresarias en su día.

Manuel Bermejo Sánchez es presidente de The Family Advisory Board y profesor del IE Business School. 

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