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Darwin, selección natural e innovación

Consultor en Management y escritor

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Enrique de Mora, consultor en Management y escritor.

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Actualizada 16/05/2017 a las 17:26
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  • Enrique de Mora

Imagínense las oficinas de una empresa moderna en un día cualquiera. Imagínense que, en sus luminosas instalaciones de diseño, entre el ir y venir ajetreado de sus ejecutivos deambulara con parsimonia un señor mayor, calvo, con una larga barba blanca, de aspecto venerable y también, por qué no decirlo, de apariencia translúcida e indudablemente decimonónica. Es el espíritu de Charles Darwin (1809 -1882), el naturalista británico que creó la teoría de la evolución.

 

Los directivos no lo saben, pero en gran medida su lucha por el éxito de su organización y de ellos mismos se entiende mucho mejor gracias a Darwin...

 

Por ejemplo, todos esos directivos -y los no directivos- tuvieron hace algunos años, no demasiados, un móvil Nokia. Y poco tiempo después, una Blackberry. Ahora, en el 2017, ni uno tiene un móvil con esas marcas. Bueno, sí, hay un jefecillo hípster que tiene la nueva versión del Nokia 3310 porque le “mola” su aspecto retro (también tiene un Volkswagen Beetle). Nokia y Blackberry lideraron el mercado de los móviles, pero saborearon el gusto amargo de la derrota a manos de nuevos competidores: Apple y Samsung, en particular. Un antiguo campeón de Fórmula I, Mario Andretti, dijo que “si todo parece estar bajo control, ¡es que no estás yendo lo bastante rápido!”. Eso es exactamente lo que les pasó a Nokia y Blackberry. No supieron ver que el mercado demandaba smartphones. Renovarse o morir. O, dicho de un modo más darwiniano, evolucionar o morir.

 

¿Cuál es el principal motor de evolución y desarrollo de las organizaciones? La innovación, o, aún mejor, la I-N-N-O-V-A-C-I-Ó-N. En mayúsculas. Las empresas son seres vivos. En Europa, el 80% de las nuevas empresas no sobrevive más de 5 años. La clave de la longevidad suele residir en la innovación.

 

Darwin defendía que la selección natural es el motor de la evolución. ¿En qué consiste la selección natural? La naturaleza favorece cualquier variación que represente una ventaja para sobrevivir. El azar puede provocar cambios entre la descendencia y, entonces, la naturaleza selecciona a aquellos individuos más aptos y elimina a los menos aptos. La lucha por la supervivencia es una verdadera competición. Solo los mejor adaptados (al entorno) consiguen sobrevivir y reproducirse, y, por tanto, transmiten sus caracteres a la descendencia.

 

Como en la naturaleza, en el mundo de la empresa, la selección natural apuesta por los mejores. Para que una empresa sobreviva debe diferenciarse (selección natural: adaptarse al medio a través de ventajas competitivas) y para durar mucho debe evolucionar (innovación continua). Darwin decía que “las especies duraderas no son las más fuertes… sino las que mejor se adaptan a los cambios del entorno”.

 

En la naturaleza, la selección natural se apoya en las mutaciones. La mayoría de mutaciones que se producen son inestables: no otorgan ninguna ventaja -incluso, al contrario- y, por tanto, no prosperan. A veces, se generan -fortuitamente- mutaciones estables: con ventaja real. Son mutaciones ganadoras, que prosperan y generan ventajas competitivas sostenibles. El cuello largo en las jirafas o el pelo en los osos polares son ventajas competitivas de dichas especies que proceden de una mutación ganadora.

 

Pasa exactamente lo mismo en la “jungla empresarial”. Las empresas nacen, crecen, se desarrollan o no (unas crean filiales o se diversifican, otras se estancan, algunas son absorbidas) y mueren. Algunas se instalan de forma duradera en algún nicho ecológico. Otras experimentan una mutación -no fortuita, sino inducida voluntariamente- y se expanden por territorios nuevos, eliminando a sus rivales. A veces, asistimos a pequeñas sacudidas del entorno y a veces a grandes movimientos de concentración. Una innovación brusca transforma un equilibrio anterior y desaparecen empresas dominadoras de un mercado o, incluso, mercados enteros, surgiendo otros nuevos. En las sucesivas revoluciones industriales aparecen numerosos ejemplos de estos procesos donde emergen, crecen, compiten y se eliminan entre sí empresas o sectores.

 

Las rutinas empresariales se transmiten y reproducen de generación en generación con mayor o menor éxito. Normalmente, con el paso del tiempo, esas rutinas se van haciendo menos eficientes, entre otras cosas porque aparecen nuevos competidores. De ahí, la importancia de que cualquier empresa que aspire a sobrevivir deba cambiar continuamente: las mutaciones son las innovaciones. Es decir, una innovación es un intento por parte de la empresa de modificar sus rutinas para no experimentar de forma pasiva el proceso de selección natural. Existe, eso sí, un matiz fundamental respecto al darwinismo: si en la naturaleza las mutaciones son errores y fallos aleatorios que surgen no se sabe por qué (y que a veces producen resultados exitosos), en el mundo empresarial, las mutaciones (es decir, innovaciones) no son aleatorias -normalmente-.   

 

No hay más que ojear cualquier ranking de las mejores empresas, de las más admiradas, de las de mayor crecimiento, etc. y ver cómo se repiten nombres como Amazon, Google, Apple, Facebook o Netflix, empresas que han hecho de la innovación su bandera. Saben que la mejor estrategia para crecer y evolucionar es la innovación.

 

 

Enrique de Mora es consultor y escritor y será uno de los ponentes que participará en Pamplona InnovAction Week, los días 14 y 15 de junio.


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