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INDUSTRIA ALIMENTARIA

Talleres Ezquerra apuesta por la I+D+i para seguir creciendo

Esta empresa familiar es un referente mundial en reparación y fabricación de máquinas cerradoras y llenadoras de latas

Interior de las instalaciones de Talleres Ezquerra en San Adrián.

Interior de las instalaciones de Talleres Ezquerra en San Adrián.

Cedida
Actualizada 24/01/2018 a las 13:25

Pablo Ezquerra Lasheras comenzó a trabajar en un pequeño taller de automoción de San Adrián en el que, además de vehículos, también se reparaban las máquinas que los conserveros de la zona llevaban allí cuando se les rompían. Pero a él le gustaba más arreglar cerradoras de envases que coches, así que años después, en 1972, se estableció por su cuenta y creó Talleres Ezquerra. Empezó en su garaje y reparando las máquinas en el propio camión en el que le llevaban la cerradora. Con la llegada de más clientes, pudo alquilar su propio taller, contratar trabajadores, comprar maquinaria para fabricar él mismo las piezas... y la empresa fue creciendo y ampliando su línea de negocio.

El crecimiento de la compañía y el espíritu emprendedor de Ezquerra impulsó su expansión fuera de Navarra. Primero adquirió Comercial Somme, en Lorquí (Murcia), para dar servicio al sector agroalimentario de la huerta murciana (fruta, legumbres, vegetales...) y a las empresas relacionadas con la aceituna de Andalucía. En 2003, entró en el accionariado de Sommetrade, una empresa de Zamudio referente mundial en máquinas de forma (aquellas que cierran latas que no son de forma cilíndrica), que era su competencia. Y, finalmente, la compró íntegramente en 2005. Después, en 2008, se alió al 50% con un socio local para crear Cerradoras López Galicia, en Porriño (Pontevedra), dedicada a las conservas de pescado y marisco.

Una vez creado el Grupo Ezquerra, con sus diferentes sedes en España, llegó el momento de dar el salto a los mercados internacionales con la creación de Somme Maroc en Agadir (Marruecos) en 2013 y actualmente están trabajando en los últimos trámites para, a lo largo de 2018, abrir Somme Perú.

125 EMPLEADOS

Todo ello dirigido desde la sede de la compañía en San Adrián. En total, el Grupo Ezquerra emplea a 125 trabajadores, 75 de ellos en la localidad navarra. Al frente de la empresa desde hace diez años se encuentra Silvia Ezquerra Lavega, hija del fundador, cuya trayectoria e implicación ha sido reconocida este año con el Premio Mujer Empresaria Navarra de Caixabank (siendo además finalista en este galardón a nivel nacional) y como Mujer Rural de Navarra 2017. Su gestión ha contribuido a la consolidación de esta empresa familiar y ha logrado posicionarla como un referente en la industria alimentaria a nivel nacional e internacional.

Casada y con dos hijos, ella ha heredado de su padre el empeño por mejorar constantemente, por estar siempre ideando nuevos proyectos, por pensar en cómo llegar más lejos... Y los resultados económicos avalan este esfuerzo año tras año.

10 MILLONES DE FACTURACIÓN

En 2015, el Grupo Ezquerra facturó más de 7 millones de euros, más de 8,5 en 2016 y la previsión para este año es seguir aumentando entre un 5 y un 7%, lo que les permitirá superar los 10 millones de facturación. Las ventas provienen al 50% del mercado internacional y del nacional, aunque durante la crisis esta cifra llegó a ser del 60%.

“El año pasado fue atípico dentro del grupo porque tuvimos un crecimiento importante en todas las plantas. Este año seguimos creciendo al mismo nivel del 2016. Se puede decir que ya hemos salido de la crisis. Tuvimos unos años malos, como todos, pero al sector de la alimentación nos afectó menos que a otros sectores”, afirma Silvia Ezquerra.

Una de las fortalezas que ha permitido capear la crisis con éxito a esta empresa es que ofrece a sus clientes un abanico completo de máquinas cerradoras y llenadores de envases metálicos: desde reparaciones y reconstrucciones de máquinas de segundo uso, a equipos nuevos, repuestos y servicio técnico de averías y puesta en marcha. “Como decía mi padre, la clave es que el cliente no se vaya sin comprar nada. Así que, según su necesidad, le vendemos una máquina nueva, una de segundo uso que la hemos reconstruido y la dejamos como si fuese totalmente nueva con un año de garantía o le reparamos la que ya tiene”, explica la directora general.

Esta variedad de opciones ha permitido a Ezquerra tener entre sus clientes a las empresas de alimentación más importantes del mundo como el grupo Nestlé, General Mills, Heinz Ibérica, Del Monte y Dole de Filipinas, el grupo Tulip de Dinamarca y Hormel de Estados Unidos.

APUESTA POR LA I+D+i

La llegada de la crisis económica provocó que el Grupo Ezquerra se replanteará su futuro. “Durante esos años nos dimos cuenta de que era el momento de reciclarse o morir”, recuerda la directiva. Y se embarcaron en un importante proyecto de I+D+i para diseñar y producir una línea de máquinas nueva que revolucionara el mercado. “De esta forma, conseguimos crear unos equipos totalmente fabricados en acero inoxidable, en lugar de en hierro, lo que nos ha permitido abaratar el precio de la máquina y que sea mucho más versátil, más limpia a la hora del mantenimiento en fábrica e infinitamente más higiénica, algo fundamental ya que está en contacto con los alimentos”, detalla con orgullo. Así que lanzaron una línea de cerradoras nuevas de latas para cilíndrico con cuatro modelos, desde 2 a 8 cabezas de cierre, en función a la altura del envase y a la velocidad que cada producto y cliente precise.

Pero estos no son los únicos frutos que la investigación les ha reportado. También idearon una máquina de cerradora de envases forma en vacío, única en el mercado. “Con esta nueva máquina estamos cerrando el producto sacando todo el aire del interior de la lata, sin necesidad de añadir ningún tipo de líquido de gobierno para su conservación. Esta innovación está especialmente destinada a empresas de productos cárnicos. Ha tenido una muy buena aceptación entre nuestros clientes. Hemos vendido hasta la fecha ocho unidades (seis a Estados Unidos y dos a Dinamarca) y ya tenemos otro pedido de seis más”, apunta Ezquerra. Esta firme apuesta por la I+D+i se ha reflejado en las partidas que la empresa destina a investigación.

En los últimos tres años ha invertido casi un millón de euros en diferentes proyectos y para 2018 tiene previsto dedicar 550.000 euros más. “No podemos pararnos, hay que estar continuamente pensando cómo mejorar, en qué innovar… eso es lo que nos permite crecer y ser más fuertes”, recalca. Para ello, Talleres Ezquerra cuenta con un departamento de investigación en San Adrián en el que trabajan ocho personas y cuatro más en Bilbao, que conjuntamente realizan la I+D de todo el grupo.

La sede navarra es la que fabrica las máquinas y los repuestos y la que se encarga de proveer al resto de empresas. “Todo se hace desde aquí, que es la sede principal”, remarca la directora general, segunda generación de esta empresa familiar junto a sus hermanos Carlos y Laura y su marido Carlos Sáenz, que también trabajan en Ezquerra. Uno de los proyectos que actualmente están investigando busca fabricar una máquina al vacío dirigida a las empresas de agroalimentación, que permita un ahorro de costes al fabricante y que evite incluir aditivos a los productos, para que se conserven de una forma mucho más natural.

“Otro de nuestros retos de este año es la mejora de los componentes y materiales de nuestras máquinas, y la instalación de sistemas de asistencia remota in situ para dar un mejor y más rápido servicio técnico a nuestros clientes en caso de averías”, concluye Silvia Ezquerra.

Una auténtica lección de vida

Ya hace diez años que Pablo Ezquerra falleció, pero su recuerdo sigue muy vivo en su hija. Habla de él no solo con el amor que se le tiene a un padre sino con una admiración y un orgullo que se translucen en todo lo que cuenta de él. “Fue un emprendedor nato, un gran empresario y un luchador enorme. Y eso nos lo demostró también durante su enfermedad”, recuerda Silvia. Él siguió al frente de la empresa hasta prácticamente el último momento: “Recibía su tratamiento en Pamplona y se venía a trabajar directamente. Él era el que nos daba ánimos”. “En sus últimos días de vida, ya ingresado en la clínica, me dio una auténtica lección de vida, que no creo que ninguna universidad te pueda enseñar tanto. Fue impresionante cómo quiso organizar y planificar todo antes de irse. ‘Tienes que hacer esto, ten cuidado con aquello’, me decía… hasta el último momento nos aconsejé qué era lo mejor y qué lo peor para la empresa y para la vida”, rememora emocionada Silvia Ezquerra.

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