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Entrevista
'Coach' y autor de 'El masajista de almas'

Josecho Vizcay Eraso: "Cariño y dinero pueden estar reñidos en empresas familiares"

Era un alto directivo cuando conoció el ‘coaching’ y se ‘enamoró’. Dejó el trabajo, se hizo ‘coach’ y ahora ayuda a personas y empresas, sobre todo familiares, a ‘encontrar su camino’. Pamplonés y vecino de Madrid, ha publicado su primer libro

Josecho Vizcay, durante la presentación de su libro en Pamplona.

Josecho Vizcay, durante la presentación de su libro en Pamplona.

Actualizada 24/01/2018 a las 13:25

Josecho Vizcay Eraso era un alto directivo empresarial y ya había cumplido los 40 años cuando su vida tomó un rumbo inesperado. Tras haber sido gerente de varias empresas, recaudaba dinero para la Seguridad Social cuando su compañía le puso un ‘coach’ para ayudarle en su labor. “Yo no sabía lo que era el ‘coaching’ pero entonces me enamoré. Y descubrí que había estado toda mi vida profesional haciendo ‘coaching’ sin saberlo”. Entonces, recuerda, le llamaban ‘loco’ porque “intentaba motivar a los empleados” y los directivos le decían “que no estaba alineado con ellos”. Así que, dejó su empleo, se formó como “acompañante de personas y empresas” y ejerce esta profesión desde hace casi dos décadas. Pamplonés de 60 años y vecino de Madrid, con tres hijos y tres nietos, acaba de publicar su primer libro El masajista de almas (Ediciones Obelisco, 11,40 euros). Una recopilación de testimonios de algunas de las personas a las que ha acompañado y que ofrece reflexiones para la vida de cada lector. Vizcay está especializado en empresas familiares. “A veces, el cariño y el dinero están reñidos. Si en todas las familias hay conflictos, ¿cómo no los va a haber si hay dinero de por medio?”

Desde hace unos años el ‘coaching’ se ha puesto de moda, sobre todo en las empresas. Pero, ¿qué hace exactamente un ‘coach’? ¿Es un entrenador?

Esta disciplina es muy reciente porque nació hace veinte años en Estados Unidos y se basa en las preguntas. Los ‘coach’ (entrenador en inglés) intentamos ayudar a las personas sacando el conocimiento de su interior, lo mejor que hay en ellos. Hay un libro sobre ‘coaching’ muy famoso que se titula Soplando las brasas. Y eso es lo que hacemos: soplar para que se avive el fuego.

Así que no tiene nada que ver con la psicología o la psicoterapia...

En absoluto. De hecho, uno de los mejores ‘coach’ que conozco en España es un químico.

Entonces, ¿cómo se convierte una personas en un ‘coach’?

Hay que formarse en unas escuelas especiales y en España hay muy buenas. Existen tres tendencias: la de Estados Unidos, Latinoamérica y Europea. Lo mejor es beber de las tres fuentes.

EL JEFE Y LA CONFIANZA

¿Por qué se utiliza tanto la figura del ‘coach’ en la empresa?

Se ha comprobado que es una herramienta para llevar los mejores resultados a la compañía a través del bienestar de los equipos. El eje de la productividad es la confianza. A diferencia de lo que ocurría antiguamente, cuando era el miedo. Y se ha comprobado que, cuando los directivos generan más confianza que miedo, los resultados son mejores. Si los empleados tienen miedo al jefe, la empresa se destroza.

¿Las compañías están cambiando? ¿O siguen en el pasado?

Hay de todo. Yo siempre digo que no se puede dirigir una empresa del siglo XXI con el pensamiento direccional del XIX: del “aquí mando yo” o “las cosas se hacen como digo yo”. Las empresas que no tengan liderazgo, confianza o creatividad no sobrevivirán. El talento no se retiene, hay que enamorarlo. Ocurre como con las personas. Si no, se van.

¿Y qué sucede en las empresas familiares? Ahí los problemas laborales se mezclan con afectos...

El principal conflicto son las relaciones humanas. Muchas veces, digo que tengo una familia maravillosa. ¿Pero qué pasaría si tuviéramos una empresa? Las dificultades surgen cuando ya no somos los hermanos que jugábamos al fútbol de niños sino que uno es el gerente y el otro, el director financiero. También se generan muchos problemas con los cónyuges y los padres. Hay conflictos intergeneracionales: a los fundadores les cuesta ceder el testigo y los hijos piensan que sus padres no tienen ni idea.

Ante semejante madeja, ¿cómo intenta desenmarañarla?

Cuando entro en una empresa familiar, lo primero que hago es reunirme con cada uno de los miembros por separado y escucharlos. Hay que conocer sus deseos porque ¡igual uno de ellos no quiere trabajar ahí sino tocar el piano en el extranjero! Trabajamos con ellos un tiempo hasta que llegamos a consensos. Es importante el ‘coach’ porque, si te has llevado mal con tu hermano toda la vida, es muy difícil que te entiendas en la empresa.

TESTIMONIOS REALES

En su libro relata veintidós casos de algunas personas a las que ha acompañado en su vida...

Son testimonios verdaderos, de los que no he cambiado ni una coma. Están escritos tal cual me los contaron. Solo he modificado los nombres y los lugares... Para preservar el anonimato.

Y a sus protagonistas les ha puesto unos nombres que tienen mucho que ver en Navarra (Carla Urroz, Gonzalo Aoiz, Pablo Eguaras, Maite Lesaka...).

Sí porque quería hacer un guiño a mi tierra. Todos los nombres tienen algo que ver conmigo (en Eguaras nací, en Izagaondoa tenemos un caserío, en Genevilla mi abuela tenía un campo con chopos...) Yo doy muchas conferencias en el extranjero y siempre empiezo así: “Me llamo Josecho y soy de Pamplona”.

El masajista de almas ¿quién es?

Así definió uno de mis clientes qué era para él un ‘coach’. Le prometí que si escribía un libro lo titularía como me había ‘bautizado’.

Un exdirectivo que ‘acompaña’

 

Josecho Vizcay Eraso nació en Pamplona hace 60 años. Estudió en los Capuchinos de Lekaroz y después en el colegio El Redín y en la Universidad de Navarra. Director general en varias empresas, descubrió el ‘coaching’ cuando en su compañía le pusieron a uno de ellos para ‘acompañarle’. “Me enamoré. Yo lo había estado haciendo siempre pero no sabía que se llama así. Lo más importante son las relaciones con las personas”. Y así, dejó su empleo en una empresa que recaudaba dinero para la Seguridad Social, se formó y comenzó a tener sus propios clientes. “Ellos me animaron a escribir este libro. Les parecía una pena que solo ellos pudieran acceder a estas enseñanzas”. Por las páginas del libro, añade, desfilan muchas personas que le llamaron y a las que, asegura, ayudó “a conseguir sus sueños”.

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