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Emprendedores

Pirenaica, una lavandería en Roncal para un polígono desierto

Emprender en la esquina más rural de Navarra es luchar contra gigantes. Ella lo hace para que sus hijos “puedan elegir”

Beatriz Zazpe Laspidea, vecina de Burgui de 42 años, junto al deshabitado polígono industrial del valle el martes pasado.

Beatriz Zazpe Laspidea, vecina de Burgui de 42 años, junto al deshabitado polígono industrial del valle el martes pasado.

Actualizada 01/02/2018 a las 19:39

A sus 42 años, Bea Zazpe Laspidea vive en Burgui como pez en el Esca. Feliz, con su marido Roberto Fayanás, oriundo de este pueblo roncalés. Y con sus dos hijos Íñigo y Andrea, de 9 y 6 años, respectivamente. Hace diez años que la pareja se mudó desde su piso de Mendillorri al pueblo de los almadieros.

Hija y nieta de roncalesas, Bea se crió en Pamplona, entre los rostros de los clientes habituales del bar Roncal de la calle Jarauta, que montó su abuelo y que regentaba su madre, Mari Paz. Pero todos sus veranos se bañan en la piscina natural del río Esca junto a la presa de Burgui. Desde jovencita, ella se empleó en el negocio familiar, que hoy es un local de peña. Les sacó de la barra la discapacidad de su padre (camionero, natural de Erdozain) y el afán de sus hijas por cuidarlo. “Pasó a ser gran dependiente y nos vinimos a Burgui. Tenía mejor calidad de vida aquí que en Pamplona”, relata.

Allí, en el valle pirenaico más oriental de Navarra, donde asienta sus raíces, Bea busca ahora asentar un hoy imposible futuro para sus hijos montando un negocio. Una lavandería industrial para los hosteleros de la zona (hoteles, cámpings, casas rurales...) sin olvidar a sus propios vecinos, particulares, a los que evitaría el viaje de ida y vuelta a Pamplona, tras cada invierno, para llevar a lavar mantas y edredones.

“Ahora que mis hijos son menos dependientes, me apetecía volver a trabajar. Pero, si me meto a trabajar, tenía que ser para mí . No, en la hostelería, por 800 euros al mes y desplazándome todos los días del pueblo”, razona. Se instalará como autónoma. Es lo que conoce. Autónomo fue su padre y autónomo es su marido: instalador eléctrico. Y porque ha prometido a sus hijos estar ahí cada tarde para recibirles al volver del cole. “Y por la tarifa plana”. Un año de cotización fija mensual de 50€ y otro con cuotas reducidas. “Eso sí que es ayudar a los emprendedores”.

Emprender en el medio rural

Lo dice con énfasis porque en el año y medio que lleva queriendo montar el negocio se ha topado con un “muro” de dilaciones y burocracias sinsentido. “Es más fácil hablar con Dios”, ironiza al recordar todas las llamadas que ha hecho, cartas que ha escrito y documentos que ha pedido y remitido, con la ayuda de Idoia F. Napal, la agente de desarrollo rural de Cederna Garalur en la zona.

“Para pedir la subvención del Plan de Desarrollo Rural, he tenido que presentar tres presupuestos de todo, como para crear tres empresas”. Agradece el esfuezo de negocios “de fuera” que le dieron presupuesto “aún sabiendo que no les iba a contratar, porque quería hacerlo todo con gente de aquí”.

La subvención puede llegar al 30% de la inversión. “Presupuestada”, matiza. La real ya “se ha pasdo”de largo. Hasta marzo, no sabrá si se la conceden o no. Ni en qué porcentaje. Ni cuándo la cobrará. Y además - se acaba de enterar- tributa como ingreso en su IRPF. “Así que no cuento con la subvención para financiar la inversión. Si me la dan, me lo tomaré como un regalico”, se consuela.

Zazpe presupuestó 200.000€ entre obra y equipamiento. Pero la cuenta final suma ya varios añadidos. Por ejemplo, una zona propia de vestuario y baños en la nave, que alquila a Nasuvinsa en el edificio polivalente del polígono industrial de Roncal. “Voy a tener un baño aquí mejor que el de mi casa”, apostilla. Otro sobrecoste está en el armario de bombonas de propano. Tendrá que doblar el tamaño inicial. Y no cabe regatear costes de suministro. En el valle solo opera una firma gasista. Por último, la inversión ha engordado con una imprevista “arqueta separadora de grasas” para asegurar la inocuidad de sus vertidos al Esca. “Faltaría más, es mi río”, dice. Tan claro como que usará detergentes biodegradables, por más caros que sean que el jabón en polvo.

Arraigo y futuro en el valle

La idea de la lavandería no tiene nada de original. “A todo el mundo se le ha ocurrido antes”, confiesa. En la zona hay una demanda evidente de un servicio local y con garantía de entrega. Pero exige una importante inversión económica que pocos pueden, o quieren, arriesgar en un desierto industrial como Roncal. “Solo quiero que mis hijos puedan elegir. Irse o quedarse aquí. Ahora no hay futuro. Se van a Pamplona a estudiar y ya no vuelven. Se hacen veterinarios o ingenieros que aquí no necesitan”.

Convencida de que “el turismo es el futuro” del valle, no esconde su crítica a urbanitas y roncaleses de fin de semana. “Queremos tener pan a diario. Y todos los servicios en verano. Pero ¿de qué va a vivir aquí mientras la gente en invierno?” El martes, cuando se tomó esta foto, Burgui aparecía bañado por un espléndido sol de invierno que subrayaba, más si cabe, la soledad del desértico polígono industrial del valle. Un campo yermo que espera una industria que nunca llega. Y un edificio polivalente, para atraer empresas, inaugurado con boato político en 2012 tras 1.100.000€ de inversión pública, que yace abandonado a su deterioro de naves sin usar, oficinas sin amueblar y baños adaptados vacíos, lejos de la utopía industrial con que fue concebido.

En una esquina de la fachada sur, retranqueada y cubierta de la intemperie, lo que en origen fue la entrada de un bar, se descubre un extraño chill out de sillas y butacas. Los mayores del pueblo han hecho suyo ese abrigo para sus tertulias vespertinas. El edificio no tiene más inquilinos que una fábrica de cerveza artesanal (Xorta) que trabaja de modo intermitente y la cuadrilla de albañiles que adecua la nave de la futura lavandería. Trabajan con luz prestada de “los de las cervezas”. Ese día, Zazpe ha vuelto a insistir a la compañía eléctrica para que vengan a enchufarle. Que le urge. Las máquinas llegan el 8 de febrero a Barcelona. Y quiere abrir a final de mes. “Tengo gente que me está esperando”.

Servicios a la industria
Emprendedor. Beatriz Zazpe Laspidea, pamplonesa, 42 años, residente en Burgui. Ama de casa y madre de dos hijos.
Proyecto. Instalar una lavandería industrial en el polígono del valle de Roncal. Prevé abrir para final de febrero.
Inversión. Supera los 200.000€. Lo financia con ahorros y un préstamo de Caja Rural.
Empresa: “Pirenaica”. La monta como autónoma.
Maquinaria: Tres lavadoras (dos de 24 kilos de capacidad y otra de 14); dos secadoras de 25 kilos y una calandra (máquina de planchar) de 3,5 metros.
Formación. Trabajó en un bar familiar. Para este negocio, se ha asesorado con dos lavanderías locales: la de Arizkun, que ha llegado a tener 10 empleados, y la de Silvia, en Bera: “Goxo” en cuyo ejemplo se inspira.
Clientes: tendrá dos líneas distintas de negocio: la de hostelería (con alquiler y reposición de sábanas y toallas propias) y la de ropa para particulares y casas rurales “que implica lavar por separado y lleva más tiempo”.
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