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Emprendedores

Íñigo López, un ingeniero navarro que vende acuarios por Internet

Íñigo López Villaroya creó en 2014 una web de acuarofilia, tiene 700 pedidos al mes y prepara la apertura de una galería

Imagen de Íñigo López Villarroya, con un acuario plantado de su local, en la pamplonesa calle Irunlarrea.

Íñigo López Villarroya, con un acuario plantado de su local, en la pamplonesa calle Irunlarrea.

Actualizada 22/11/2017 a las 16:08

La historia de Íñigo López Villarroya, de 35 años, comenzó cuando a su mujer le apeteció tener un acuario en casa. Fue hace diez años y justo se habían ido a vivir juntos. Por entonces, este pamplonés, ingeniero de telecomunicaciones por la UPNA, trabajaba como autónomo para una firma de arquitectura e ingeniería. Íñigo se define como una persona inquieta, que aprendió a hacer páginas web y que, en su cabeza, “siempre rondaba la típica ilusión de hacer algo en Internet que no estuviera inventado”. Lo que no sabía es que el hobby del acuario le iba a proporcionar esa idea de negocio que encendería su espíritu emprendedor.

“Con los peces y el acuario siempre te surgen problemas y dudas. Miraba cómo solucionar todo por foros. En las tiendas físicas no me daban las respuestas que buscaba ni disponían de muchas de las plantas que necesitaba. Pensé que si eso pasaba en Pamplona, también ocurriría en otras muchas ciudades pequeñas de España. Y en las páginas de Internet no había muchas explicaciones. Vi carencias”.

La idea empezó a tomar formar en su cabeza: los aficionados a los acuarios buscan respuestas a sus problemas. Si además de ayudarles con artículos didácticos y una consultoría, ¿por qué no venderles productos que incluyan explicaciones sencillas sobre su utilidad y cuidados? Con esta premisa, Íñigo se puso a construir una página web para su tienda online. Gastó 3.000 euros en productos y artículos de Italia y de España, que guardó en una habitación de su piso. Tras seis meses de preparativos, lanzó su web en marzo de 2014: Acuario plantado. “Sencilla y clara, a diferencia de lo que veía”.

Para posicionar su web (creada en la plataforma gratuita prestashop pero que modificó a su gusto) pagó a Google, patrocinó foros, participó en ellos, y envió sus productos a algún que otro ‘youtuber’ relevante. “Los primeros meses apenas tenía unos diez pedidos al mes. Luego, de cara a final de año, ya tenía 50 pedidos mensuales. No gasté más de 3.000 euros. Todo lo que ganaba lo reinvertía en más referencias. Empecé con 80 referencias y ahora ya tengo unas 2.000 ”.

Para Íñigo la rapidez del envío era clave para que los clientes disfrutaran de una experiencia satisfactoria de compra. Por eso, llegó a un acuerdo con MRW. “Vendemos plantas y gambas, que son perecederos, delicados, y tiene que ir rápido, de un día para otro y en buenas condiciones”.

DEL PISO A UN LOCAL

En enero de 2015 vio que aquella habitación de su piso se quedaba pequeña. Se trasladó a un local de 40 m2 en el barrio de Ermitagaña, de alquiler. “Las plantas se guardan en acuarios y trabajas mucho con agua, que resulta engorroso”, recuerda Íñigo. Por entonces seguía compaginando la atención de su clientela con su trabajo como ingeniero de telecomunicaciones.

“Para crecer seguí mirando, observando para hacer mi página más profesional. Veía que había tiendas de acuarios que eran tiendas físicas y que habían abierto una página web. Yo sólo era online. Intenté coger ideas de otras tiendas, que no fueran de acuarofilia pero sí que sólo estuvieran por Internet, para ver cómo enviaban, cómo presentaban el producto, etc”. Aprendió varias técnicas de marketing y las aplicó. “Por ejemplo, empecé a enviar cada planta con un folleto donde pone su nombre y explica sus cuidados: cómo se planta, en qué parte del acuario se pone y cómo se poda. Eso se agradece mucho”.

En mayo de 2015 los pedidos ya se aproximaban a 200 al mes, y un año después alcanzaban los 500. El negocio crecía, por lo que en noviembre de 2016 necesitó cambiar de local. Se pasó a Irunlarrea, 29, con 80 m2. En estos momentos, registra unos 700 pedidos al mes y atiende unas 20 llamadas diarias y unos 30 correos con consultas de sus clientes.

Ahora, su próximo proyecto es crear una tienda- galería de acuarios plantados para vender sus productos directamente, pero sobre todo para que sea un “escaparate en el que los aficionados puedan ver todo lo que se puede hacer y así ofrecer los servicios de montaje y mantenimiento para aquellos que deseen tener un acuario, por ejemplo un bar, un dentista o un psicólogo”. Para ello ha alquilado un local aledaño en la calle Irunlarrea, de 60 m2, va a invertir unos 25.000 euros, creará un puesto de trabajo y espera que sea una realidad en la próxima primavera.

“En Pamplona no se conoce todavía mucho este tema del paisajismo acuático, a diferencia de otras zonas. Pero los aficionados son muy aficionados, aunque hay quien es muy técnico y quien solo busca tres plantas y cuatro peces”, dice Íñigo, que cifra entre 50 y 60 euros el gasto medio del pedido. Este emprendedor pamplonés abandonó su empleo como ingeniero en abril de 2016.

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