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Palobiofarma, desde Cuba a Noáin para combatir el cáncer de pulmón

Han sido el primer laboratorio capaz de generar principios activos a partir de una molécula llamada adenosina

Imagen del equipo de Palobiofarma en su laboratorio de Cein, en Noáin. El tercero por la izquierda es Juan Camacho. Junto a él, Julio Castro.

Equipo de Palobiofarma en su laboratorio de Cein, en Noáin. El tercero por la izquierda es Juan Camacho. Junto a él, Julio Castro.

Actualizada 28/10/2017 a las 18:52

En las primeras imágenes que recuerdan Julio Castro y Juan Camacho de sí mismos apenas son unos jóvenes imberbes. Aparecen jugando al fútbol “en un campo en el que era más sencillo tener un esguince de tobillo” que marcar un gol. Desde ese momento ya han pasado más de 30 años. Aquellos niños que compartían juegos en una escuela de las afueras de la capital cubana se han convertido en los fundadores de la empresa Palobiofarma. Juntos, han recibido un buen número de galardones por su lucha contra el cáncer de pulmón. De hecho, revolucionaron su industria al licenciar el uso de un fármaco a la multinacional Novartis por 13 millones de euros. Cumplieron el sueño del David que vence a Goliat, del pequeño laboratorio que, con tesón, se impone a las multinacionales. “Ser rentables no es nada comparado con salvar una vida. Queremos curar el cáncer de pulmón”, dice Julio Castro.

Fundada en 2006, se dedican a diseñar y sintetizar moléculas moduladoras de adenosina como principio activo. A partir de estas moléculas consiguen que el organismo sea capaz de identificar a las células cancerígenas, antes invisibles para el sistema inmune. Así, el propio cuerpo comienza a luchar contra ellas para eliminarlas. Hasta llegar aquí, y recalar en el vivero de empresas innovadoras de Cein, en Noáin, donde cuentan con los laboratorios, han pasado un largo periplo.

De la Habana volaron hasta la República Democrática Alemana, donde estudiaron la carrera de Químicas. La caída del muro de Berlín también supuso su regreso a Cuba. Pero dos años después, regresaron a Alemania para realizar su doctorado gracias a sendas becas del gobierno alemán. “El tema de mi doctorado eran los mono, oli y poli sácaridos. La idea era regresar a Cuba para dedicarme a la industria del azúcar. Cuba es un país pobre, que ofrece pocas posibilidades. El azúcar es nuestro principal producto”, señala.

La idea de negocio de la que surgiría después Palobiofarma salió de Juan Camacho. Toda esta empresa gira en torno a la adenosina, una molécula que se encuentra presente en todas las funciones vitales. Camacho la equipara a la gasolina, necesaria para que funcionen los coches. Los cuatro receptores que existen en la adenosina regulan el metabolismo de todas las células, pero sobre todo tienen que ver con el sistema inmune. En función de qué ‘botones’ de esta célula se pulsen puede actuar como un inmunodepresor o todo lo contrario, como un inmunoactivador.

Palobiofarma gira en torno a la adenosina porque esta molécula actúa como neurotansmisor. La industria farmaceútica había conseguido elaborar medicamentos y diferentes fármacos con el resto de neurotransmitores presentes en el cuerpo humano. Menos con la adenosina.

En este contexto, y conscientes del enorme potencial de esta molécula, sabían que querían conseguir fabricar compuestos basados en esta molécula, pero aún desconocían el cómo. “Para nosotros fue fundamental la publicación de un estudio científico de una primera estructura cristalina de la adenosina. Fue como pasar de mirar en una habitación de cajas completamente a oscuras a que nos encendieran la luz. Vimos las moléculas que había que diseñar”, señala Julio. Diseñar estos compuestos no fue sencillo. “Fue un auténtico reto para la química”, añade Juan Camacho.

UNA ESTRATEGIA EXITOSA

En sus apenas doce años de vida Palobiofarma ha conseguido llevar al mercado seis tipos de ensayos, realizar una quincena de patentes, y conseguir ocho millones de euros de financiación, la mitad de ellos de fondos públicos, tanto estatales como europeos. Para Juan Camacho, afincado en Navarra, el éxito radica en que son un laboratorio low cost: “Nos centramos en lo que sabemos hacer. El resto, lo hacemos con colaboraciones. El 85% de nuestro presupuesto los destinamos a este fin. Todo el desarrollo farmacéutico lo hacemos con Idifarma. Luego, los ensayos, los realizamos con la Unidad de fase uno de la Clínica Universidad de Navarra, a la que le estamos muy agradecidos”.

Dentro de los seis productos que se encuentran en diferentes fases de ensayo, Palobiofarma quiere lograr un hito en la industria farmacéutica. Conseguir un fármaco oral para el tratamiento del asma, algo que no se ha logrado en los últimos 30 años. “El asma tiene una vertiente autoinmune. Este producto lo tenemos en fase dos en 78 pacientes de nueve hospitales de toda España. Hasta ahora los tratamientos para el asma son inhalados. Esto plantea dificultades tanto para los niños como para las que personas que no pueden inhalarlo. Es complicado de dosificarlo”.


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