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Emprendedores

Useful Wastes, tecnología para reutilizar residuos de la desalación

El proyecto, seleccionado por Orizont, transforma las salmueras en lejía para la industria agroalimentaria

Cristina Varona y Ricardo Martínez, ingenieros agroalimentarios, han puesto en marcha Useful Wastes.

Cristina Varona y Ricardo Martínez, ingenieros agroalimentarios, han puesto en marcha Useful Wastes.

Actualizada 19/10/2017 a las 14:04

Su idea de negocio, que puede ahorrar a la industria agroalimentaria varios millones de euros al año, surgió en una clase de biología durante el bachillerato. Ocurrió en un instituto de Murcia. Ese día tocaba estudiar cómo afecta el aumento de la salinidad en las algas posidonias, una de las muchas especies cuyo hábitat es el Mediterráneo. “Quien consiga dar una salida a las salmueras se hace de oro”, dijo la profesora a sus alumnos. En uno de los pupitres estaba sentado, y muy atento, Ricardo Martínez Vives. Ese joven tiene ahora 22 años y es ingeniero agroalimentario por la Universidad Politécnica de Cartagena. Él, junto con Cristina Varona Anta, también ingeniera agroalimentaria, de 23 años de edad, y de Murcia, han creado la empresa Useful Wastes.

Juntos han logrado transformar las salmueras, un material sin ningún tipo de valor y que acaba tratándose como un residuo, en lejía. Esta idea de negocio, ya en proceso de convertirse en una empresa, ha sido uno de los proyectos seleccionados por Orizont, la aceleradora empresarial de Sodena.

El conseguir dar valor a algo que, en principio iba a terminar tratándose como un residuo, no es la única fortaleza de la tecnología que han desarrollado. “Una de sus principales ventajas consiste en que ayudamos a generar un ecosistema más sostenible, ya que no contamina”, dice Ricardo Martínez.

Para conseguir que un litro de mar se convierta en agua dulce se necesita al menos otro litro de agua. Con los desechos se obtiene la salmuera. A partir de estos residuos y mediante la aplicación de energía, se obtiene lejía. El uso de la lejía en la industria algroalimentaria resulta fundamental. Por ejemplo, las bolsas que pueden encontrarse en cualquier tienda y que contienen ensaladas, han sido previamente limpiadas con lejía disuelta en agua. “Con nuestra tecnología una industria agroalimentaria no depende de que un proveedor le suministre lejía. La puede obtener siempre que quiera”, cuenta Ricardo Martínez.

Esta lejía también se emplea en la limpieza automatizada de las máquinas, que siempre han de estar libres de bacterias. “El ahorro que se produce es de unos 10 céntimos por litro, aproximadamente. De los 19 que se pagan ahora se pasaría a pagar unos 9”.

Esos 10 céntimos no son una cuestión menor en la industria agroalimentaria. Según explican estos ingenieros agroalimentarios, limpiar un kilogramo de lechuga implica un gasto de unos 10 litros de agua.

Además de las ventajas inherentes a su innovación, estos emprendedores cuentan con vientos favorables. La legislación de la Unión Europea ya está introduciendo la economía circular, un concepto que promueve pensar en el producto cuando finaliza su ciclo de vida para reutilizar y reaprovecharlo.

DE UNA LIBRETA A LA REALIDAD

Sobre la bocina. Así es como la idea de negocio que tenían esbozada en una libreta empezó a fraguarse en una empresa de alto potencial. “Decidimos presentarnos a Yuzz, un programa de emprendedores del Banco Santander. Presentamos la solicitud el último día. Y nos seleccionaron”.
Aún sin haber terminado su carrera, Sodena se puso en contacto ellos a través de Linkedin, una red social para profesionales. “Dicen que Linkedin no funciona. En nuestro caso sí que funcionó. Nos invitaron a presentarnos y aceptamos. Recuerdo que vinimos a Pamplona un jueves para presentar el proyecto y el lunes teníamos el último examen de la carrera. Nos preguntaron cuánto nos habíamos gastado hasta entonces. Me daba vergüenza decirlo, pero apenas 100 euros en unas placas y unos electrodos que habíamos comprado por Internet. Después, nos sentamos en la última fila, en un rincón. Jamás hubiéramos pensado que nos eligirían. Nuestra idea era, cuando acabase, levantarnos, despedirnos, agradecer la oportunidad y regresar a Murcia para preparar el último examen de la carrera”, relata Ricardo Martínez. “En lugar de eso, dijeron nuestro nombre. Nos miramos y no nos lo creíamos. Estamos muy agradecidos a Sodena. Sin ellos no podíamos haber hecho nada de esto. En Murcia esta idea no la hubiéramos podido llevar a cabo”.

Cristina Varona señala que en apenas siete meses han aprendido mucho más que en cuatro años de universidad. “Ahora sabemos cómo resolver problemas”.

Además de haber participado en Yuzz y ser uno de los proyectos seleccionados por Sodena, estos emprendedores han ganado otros dos premios más. Son el premio Tomás Ferro, del ayuntamiento de Cartagena y el Premio Ecoembes.


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