Zona norte occidental Zona norte occidental

El Tiempo: Cargando...

Club del Suscriptor   Iniciar sesión   Regístrate

TRADICIONAL ZIKIRO

Zugarramurdi, receta de paciencia y cariño para 800 personas

ANDREA GURBINDO . ZUGARRAMURDI    

  • Zugarramurdi celebró ayer, 18 de agosto, su cita con el zikiro. Esta fiesta tradicional que se celebra desde 1909 bajo las mismas cuevas, tuvo como cada año 800 comensales que degustaron piperrada y cordero asado.

Actualizada 19/08/2011 a las 01:04
Compartir
Imprimir Enviar

Imagen de la noticia

Primer ingrediente, la paciencia, presente desde las 7.30 horas. J. GARZARON

Imagen de la noticia

Esta cuadrilla disfrutó así, "a gusto", de la piperrada. JESÚS GARZARON

Imagen de la noticia

Los hachazos pusieron ritmo al mediodía de ayer. JESÚS GARZARON

Imagen de la noticia

Txomin Amorena, maestro en el asado del cordero. JESÚS GARZARON

DIECIOCHO de agosto. Madrugar, preparar las leñas. Cincuenta corderos para asar. Unas cuevas como cocina y ochocientas personas para disfrutarlo. Ni una más. Así se preparaba ayer el tradicional zikiro de Zugarramurdi. Entre brasas, unas cien personas se encargaban de asar y elaborar un menú que no sólo es delicia para el paladar.

El pueblo de las brujas trasladó ayer hasta el enclave más estratégico de este misterio, su cita anual bajo las cuevas. Ataviados con delantal azul añil y gorro, los rostros de los 14 cocineros del zikiro, plato estrella de la jornada, comenzaban a sonrojarse. Al calor del fuego, sólo ellos. Tras las enormes siete cazuelas de piperrada, otros tantos. Zugarramurdi ya sabía a cordero desde la una del mediodía.

Se trata de una cita marcada en rojo en el calendario de los vecinos de este pueblo navarro y enmarcada dentro de sus fiestas. Consiste en una costumbre que hace más de cien años apareció en Zugarramurdi debido a la vuelta de los que habían emigrado hasta Argentina. Se lleva a cabo desde 1909. "Pero, desde entonces, todo ha cambiado mucho".

Txomin Amorena Laurnagarai tiene 60 años. Lleva preparando este festín desde los 17. Natural de Zugarramurdi, Amorena recorre desde hace años diferentes pueblos que solicitan llevar esta tradición hasta las puertas de sus casas. Es uno de los mayores expertos que se entendían ayer entre los 800 kilos de cordero. Desde su estatura, era capaz de controlar el punto en el que se encontraba la carne, mientras hablaba. "Antiguamente, aquí se asaban dos o tres corderos. ¿Y quién venía a comérselos? Los más apoderados, venían con traje, corbata y alpargatas blancas", relataba. Txomin conoce de sobra esta receta, a la que afirma ponerle "mucha paciencia". "Estamos aquí desde las siete y media de la mañana porque hay que prepararlo todo", cuenta mientras otro "cocinero" llega. "Este es un maestro en el asado", dice. Ambos ríen.

Tras ellos, cincuenta corderos, partidos cada uno y para entonces en dos mitades, se calientan en hornos naturales de 12 metros de largo, 1,5 de ancho. Suben hasta el metro de altura.

Segundo ingrediente

Falta una hora para que las ochocientas personas que han conseguido entrada (se vendieron todas el pasado sábado en media hora a un precio de 33 euros), bajen las escaleras. Fermín Iriarte Irigoyen, de Zugarramurdi, forma parte también de esta "cocina". Su labor es otra. Los siete calderos de piperrada, a sus espaldas, ya están listos. En ellos han mezclado cebolla, ajo, pimiento verde, carne de ternera, tomate, pimienta, sal y azúcar. Huele a verdura. Iriarte cree que, antes que estos, hay un ingrediente más importante para que todo salga "a pedir de boca". Se trata del cariño. Para él, el zikiro es la "fiesta más famosa e importante del pueblo". Autor del libro Zugarramurdi, primer milenio, su conversación es un cúmulo de anécdotas e historias sobre este día. Repara en datos, es más, conoce a la perfección las cantidades necesarias para que el menú sea suficiente. Entre ellas, 800 kg de cordero, 180 de carne de ternera, 40 de queso, 300 litros de café, 156 botellas de pacharán, 300 de tinto, otras tantas de rosado. También 800 puros. Y 59 kg de cebollas, 45 cabezas de ajos, 350 barras de pan, 315 kg de tomate. Suma y sigue.

Suma y de repente dan las dos y media. Los primeros en llegar, con el plato de cristal repartido a la entrada bajo el brazo, dejan que les sirvan la piperrada. Toman sopa y comienzan a tomar asiento. Lo hacen en unos troncos, colocados a modo de bancos en el suelo. Dentro, fuera de la cueva. Junto al río. En cuadrillas, familia, en pareja.

El atractivo del sitio está en que en el siglo XVII fue escenario de reuniones paganas en las que hombres y mujeres escapaban de la rutina a través de festines desenfrenados. Los antiguos akelarres. Envuelve la cueva la música en directo que suena. Mezclado con los golpes de las hachas que parten el cordero sobre tablas de madera. Las colas comienzan a formarse. Y las 800 personas se retiran con su plato. Más de uno se chupa los dedos y repite. Se quedan allí hasta las siete de la tarde. A la receta del zikiro.




Comentarios


Comenta el contenido
Tu opinión nos interesa Tu opinión nos interesa

Rellena el siguiente formulario para comentar este contenido.





(*) Campo obligatorio

Enlaces recomendados
© Diariodenavarra.es

Grupo La información Iogenia Digital

Enlaces recomendados Pie 2
Enlaces recomendados Pie 3