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Leitza le pone el sabor a 'Ocho apellidos vascos'

  • María Ángeles Intxaurrondo es la propietaria del caserío en el que se ha recreado parte de la casa de Amaia en la cinta

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01/04/2014 a las 06:00
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  • dn Pamplona/Leitza
Hasta los técnicos del gas bromean con María Ángeles Intxaurrondo, la propietaria del caserío de Leitza en el que se ha recreado en gran parte la casa de Amaia (Clara Lago) en la película 'Ocho apellidos vascos'. "Te vamos a dejar la casa a punto para el próximo rodaje", comentaba el pasado jueves uno de los técnicos al subir por las escaleras de madera que le dan ese sabor tan auténtico a este centenario caserón llamado Aspain-Txiki.

Desde que se estrenó la película de Emilio Martínez-Lázaro, esta vecina de Leitza de toda la vida se ha ido acostumbrando al goteo de curiosos -llegados de Pamplona o de San Sebastián- que de vez en cuando se presentan en su casa, fácilmente reconocible por la puerta de madera encajada bajo un arco de piedra de medio punto. "Vienen a preguntar si es la casa de la película", dice. Es decir, el hogar de Amaia en la ficticia Argoitia.

Aspain-Txiki reunía todos los detalles que buscaba el equipo de producción de la película. "Estuvieron viendo todas las casas de la parte vieja de Leitza. Querían una puerta que tuviera picaporte y que no estuviera pintada. También les interesaba una ventana que no fuera muy alta, para que pudiese saltar la novia", cuenta Intxaurrondo mientras invita a picar unos bombones. Cuando el equipo de la película le propuso rodar en su casa, ella sólo puso una condición: que la película no fuese "de tiros o de terror".

El pasado verano, durante todo el mes de junio, María Ángeles y su familia -su marido, Joxe Mari Larrea, y su hija María José- se instalaron en el primer piso del caserón para que los decoradores y el equipo de grabación pudiesen disponer libremente de la planta baja. "Los días de grabación esto parecía la guerra, a lo mejor había 60 personas", recuerda. Durante las dos primeras semanas, un equipo de seis decoradores se encargó de desmontar el salón familiar y redecorarlo para la película. "Fueron muy agradables y todo lo cuidaron muy bien", asegura.

En algunas escenas de la película se pueden reconocer las coloridas cortinas que separan el salón de la cocina. La propia Mª Ángeles también aportó algún detalle, como un jarrón con unas hortensias rosas que ella misma cogió de su huerta. "A veces ponían cosas que ya teníamos en casa, como la vajilla, el mantel, una colcha antigua...".

La cena familiar que comparten los cuatro protagonistas de la película también está rodada en su casa. Intxaurrondo aclara que no hizo falta echarles una mano a la hora de cocinar el bonito con tomate, ya que lo llevaron preparado en varios tupper. Otro elemento bien reconocible es la chimenea a la que Amaia acaba arrojando su vestido de novia.

"He disfrutado mucho con el equipo de la película. No les pedí nada, pero nos pagaron muy bien", confiesa. "Además, en el cine Leitza sale muy bonito y me gusta muchísimo el papel de Karra Elejalde", comenta.

Mª Ángeles Intxaurrondo no sólo se involucró en la decoración, sino que también contribuyó al catering: "Almorzábamos todos juntos. Les preparaba pinchos de chistorra y en el frigorífico les ponía refrescos. Quería que se sintieran como en casa". Todos le quedaron tan agradecidos que le entregaron una foto enmarcada, firmada por los seis decoradores de la película, y con la siguiente dedicatoria: "Para Mª Ángeles con mucho cariño del equipo de decoración de 'Ocho apellidos vascos'".

El rodaje de 'Ocho apellidos vascos' rebosa de anécdotas. Al menos una docena de localidades reunía las características para convertirse en la ficticia Argoitia, el pueblo de la Euskadi profunda adonde viaja el sevillano Rafa (Dani Rovira) para conquistar a Amaia (Clara Lago). El equipo de la película tenía su base de operaciones en Zarautz, y en principio estaban centrados en la idea de buscar un pueblo costero.

"Pero Emilio se enamoró de Leitza", apunta Paloma Molina, la directora de producción de 'Ocho apellidos vascos'. "Él decidió que las secuencias principales de la película se tenían que hacer allí". Molina, que trabaja en la productora Lazona Films, se encargó de supervisar el rodaje durante siete semanas, dos de las cuales transcurrieron en Leitza. Al tratarse de un pueblo sin mar, se optó por construir varios pueblos en uno y a Leitza se le añadió el puerto pesquero de Getaria, donde tiene su amarre el barco Sabino Iru del padre de Amaia (Karra Elejalde).

Sin embargo, la manifestación en la que Rafa (Dani Rovira), megáfono en mano, improvisa como líder de la izquierda abertzale, no se rodó en Leitza, sino en Zumaia. "A Emilio le gustó porque tenía una plaza en la que se encontraban varias calles. Así se veía llegar la manifestación y luego se unía todo el grueso de los manifestantes en la plaza", cuenta Molina sobre esta escena.

Asimismo, en Zumaia también encontraron el escenario de la boda, la ermita de San Telmo, situada junto al mar y a primera vista fácilmente confundible con la de San Juan de Gaztelugatxe, en Bermeo (Vizcaya). Lo más curioso es que el bar de Sevilla donde se conocen los protagonistas no se encuentra en la capital andaluza, sino en la localidad guipuzcoana de Mondragón. De hecho, quienes bailan sevillanas en esas primeras escenas ni siquiera son andaluces. "Encontramos una peña flamenca en Mondragón y la gente sabía bailar sevillanas", cuenta Molina refiriéndose al centro Al-Andalus.

EL SILENCIO DE LEITZA

"En Leitza todo fueron facilidades y el rodaje fue muy tranquilo. Lo que más nos sorprendió fue el gran respecto que demostró la gente", recuerda la responsable de producción. Hasta tal punto que no hizo falta pedir silencio cada vez que comenzaban a grabar. "Cuando rodábamos en la calle todo el mundo se quedaba callado, era increíble. Hemos rodado en muchos sitios y siempre tienes que poner orden, pero en Leitza no hizo falta". Además, el equipo de la película pudo habilitar una oficina y varios camerinos en el propio Ayuntamiento. Algunas escenas de interiores también se rodaron en la casa Malesakenea, vecina de Aspain-Txiki.

Molina confiesa que estuvo más preocupada por el vestido de novia que luce Clara Lago. Fue cedido de forma gratuita por el diseñador Lorenzo Caprile. "Tuvo mucho trote, pero finalmente lo devolvimos en buen estado".

En los títulos de crédito de la película aparece un agradecimiento especialmente dedicado a la Herriko Taberna de Leitza. Y no sólo por dejarles rodar las escenas del bar de Argoitia. Molina explica el motivo de peso: "En ningún rodaje hemos comido mejor que allí. Nos cuidaron como en casa. Comimos de lujo y nos despedimos con un gran aplauso para la cocinera", cuenta.



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