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Santesteban

Enrique Taberna Vera, homenajeado

  • El Ayuntamiento reconoce la trayectoria del octogenario como sastre durante más de medio siglo
  • Una caída que sufrió hace días le impidió honrar a Santa Lucía el pasado viernes

Un grupo de menores contempla unos grabados en un puesto de artesanos en la feria del viernes

Enrique Taberna, homenajeado

Un grupo de menores contempla unos grabados en un puesto de artesanos en la feria del viernes

N. G.
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16/12/2013 a las 06:01
  • Natxo gutiérrez. santesteban
"Extremadamente tímido", como le definió su cuñada, Virtudes Etxebeste Zozaya. La convalencia de una inoportuna caída hace pocos días mantuvo el pasado viernes a Enrique Taberna Vera alejado de las miradas de sus vecinos de Santesteban en un homenaje de distinción a su dilatada trayectoria de sastre. Nacido el 13 de abril de 1928, es el menor de tres hermanos con habilidad con la aguja y el dedal, como herederos de una tradición familiar de un siglo de recorrido dedicada al comercio.

Ausente por el traspié que le dejó magullado su rostro, su cuñada recogió de manos de la concejala Ana Etxeberria el dedal con que cada 13 de diciembre -festividad de Santa Lucía- honra el Ayuntamiento a hombres y mujeres duchos en el corte y la confección. Como recordó el pasado viernes el agasajado en un escrito, "los jóvenes del entorno venían de trabajar de los montes de Francia y encargaban un traje que estrenaban en Pascuas y fiestas".

En ajuste al guión del programa de Santa Lucía, el homenaje se celebró en las postrimerías de una misa en la parroquia de San Pedro, presidida por Mikel Biain. Ante la imagen de la patrona de costureras y sastres, y una elevada concurrencia de devotos, la entrega del presente se completó con un ramo de flores para la representante familiar del destinatario de la distinción. Aunque, en esta ocasión, fuese a título nominal, la propia Virtudes Etxebeste se vio por segunda vez en igual tesitura, con la diferencia de ser el objeto de los parabienes en la anterior ocasión en que se acercó al altar para recoger el dedal.

Como Enrique Taberna, también ella se esmeró con la aguja en el comercio que regentó con su marido, Javier, en continuidad con el oficio aprendido de la generación anterior. "El abuelo Martín Taberna comenzó con una tienda de chocolate y velas en una época en que no había luz", como relataba a la par que las filas de feligreses comenzaban a fragmentarse después de besar la reliquia ante el altar.

El propio decurso del tiempo , con cambios de hábitos y reducción drástica de trajes por encargo, acomodó su tienda a nuevas corrientes de moda, hoy atendidas en Santesteban por dos sobrinas, como añadió.

FERIA DE ARTESANÍA

La conclusión del oficio religioso arrastró a la feligresía hasta los soportales del templo para contemplar una amalgama de productos artesanales. No faltó el talo como reconstituyente para sobrellevar la mañana, al precio de "3,5 o 4 euros si es combinado".

En un formato de fiesta, Santesteban respetó su costumbre de honrar a Santa Lucía con un aire de nostalgia de décadas pasadas cuando rezumaba de actividad textil y los jóvenes del entorno acudían a encargar trajes después de la fatiga en el monte, porque no todo era coser y cantar.



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