Empacho de encierro

  • Ambas carreras fueron rápidas y limpias, y tan sólo dos mozos tuvieron que ser atendidos por heridas leves

D.C.C./J.M./M.T./J.U. . TUDELA

Actualizado el 09/11/2016 a las 13:14

Una vez rebasado el ecuador de las fiestas, todo aquel tudelano que ha esquivado el éxodo hacia la playa necesita un descanso. Después de tantas charangas, revoltosas, regateos en los puestos ambulantes, y huevos fritos con chorizo, el cuerpo pide tiempo muerto. Por eso, la doble ración de encierro que Tudela acogió ayer pilló a contrapié a más de uno.

Y es que Tudela celebró ayer su ya tradicional "empacho" de encierro con doble sesión: la tradicional carrera de las 8 de la mañana y la de propina que tuvo lugar, para más inri, a la hora de la merienda.

Lo mejor de todo es que los corredores solventaron este "empacho" de encierro sin grandes problemas. De hecho, tan sólo dos mozos inscribieron su nombre en el parte de incidencias. Fue durante la carrera de la tarde y los corredores fueron: A.B., de 46 años y de Tudela, con erosiones en muñeca y codo; y J.M.A., de 34 años y de Cintruénigo, con erosión en la rodilla derecha.

Por la mañana

La carrera matinal fue protagonizada por los novillos de la ganadería Hermanos Domínguez, de Funes, que cubrieron el recorrido en 3 minutos y 39 segundos.

Los morlacos partieron de los corrales de la calle Frauca formando un grupo compacto.

Poco a poco, los de los cencerros fueron ganando terreno, lo que permitió a los mozos poder colocarse ante las astas de los bravos de Funes.

Conforme el grupo iba cubriendo metros, un novillo decidió darse un respiro y rebajó el ritmo hasta quedarse rezagado. Tantas eran las ganas que tenía el animal de chupar cámara que, incluso, se permitió el lujo de revolverse hasta dos veces en la parte alta de la cuesta de Baquero Jacoste.

La pericia de varios mozos hizo que sortearan la cornada del morlaco. Además, recondujeron los pasos de la res en dirección a la plaza de toros.

Por la tarde

También resultó vistosa la carrera de la tarde, con astados de El Ruiseñor de Fréscano, que atrajo a un buen número de corredores y cientos de espectadores.

Si los astados "matutinos" permitieron espacios a los mozos, todavía más lo hicieron los "vespertinos", que completaron gran parte del recorrido fraccionados en tres subgrupos.

Uno de los momentos de tensión de la carrera tuvo lugar en la calle Baquero Jacoste, donde un toro persiguió al mozo tudelano Juantxo Sánchez, a quien no llegó a alcanzar por muy poco.

El otro instante de peligro se pudo observar en la curva de acceso al callejón. La pugna entre dos mozos hizo que uno de ellos se girara involuntariamente hacia el toro que llegaba por detrás. Un rápido quiebro del joven evitó que su aventura finalizara en la enfermería.

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