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RIBERA

La calle del río que divide Tudela en dos

  • Su cauce parte a Tudela en dos: media villa a un lado y media villa en el otro. Por ello, los tudelanos bautizaron a este río, y a la calle bajo la que discurre, como Mediavilla. Su historia encierra una de las tragedias más grandes de la ciudad

Imagen actual de la calle Mediavilla, perfectamente urbanizada, tomada desde el mismo punto en la que fue captada la antigua.

La calle del río que divide Tudela en dos

Imagen actual de la calle Mediavilla, perfectamente urbanizada, tomada desde el mismo punto en la que fue captada la antigua.

NURIA G. LANDA
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Actualizada 02/04/2015 a las 19:42
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  • DN. TUDELA
En el imaginario ‘podio’ de ríos que pasan por Tudela el Ebro ocupa, indiscutiblemente, la primera posición. Tras él, el Queiles tiene asignado el segundo puesto. Por último, y como medalla de bronce, está el Mediavilla.

Su nombre no puede ser más representativo de su trazado, ya que su cauce atraviesa la ciudad dividiéndola en dos partes, ‘media villa’ a un lado y otra ‘media villa’ a otro. Pero, según aparece en algunos documentos del siglo XII, tanto el río como la calle que lleva su nombre se denominaban por aquel entonces como ‘Merdancho’.

Lo que no ha variado con el paso de los siglos ha sido su trazado, dibujando un cauce de 1.450 metros, desde el Casco Antiguo de la ciudad a su desembocadura en el Ebro.

Pero sus modestas características, y el hecho de ser el ‘hermano pequeño’ de Ebro y Queiles, no hacen que la historia que hay tras él carezca de interés.

Como apunta el ya fallecido Jesús Martínez Escalada en su obra La historia de Tudela contada por sus calles, pese a lo corto de su recorrido y al escaso caudal que suele llevar, el Mediavilla ha sido protagonista de algunas de las más importantes inundaciones sufridas por la ciudad a lo largo de su historia.

La más recordada tuvo lugar el 14 de octubre de 1709, conocida como ‘La noche de la ruina’, cuando una fuerte tormenta en las estribaciones del Moncayo hizo que el Queiles se desbordara anegando campos, destrozando puentes, e inundando gran parte de Tudela. La tromba de agua no cesó, lo que provocó que el Mediavilla recogiera las aguas procedentes de los montes altos de Tudela y se desbordará por las calles de la ciudad.

Una de las claves de la tragedia estuvo en una reja levadiza de madera que desde siglos atrás se encontraba en la desembocadura del Mediavilla en el Ebro. Esta reja se colocó para cerrar la entrada a posibles invasores en los tiempos de disputa con el vecino Reino de Aragón.

Aquella noche de 1709, la que debía ser una barrera para defender la ciudad se convirtió en una amenaza. La riada arrastró hacia el Ebro todo tipo de enseres y animales muertos que, al encontrarse con la reja, taponaron esta salida natural. El agua, unida a la del Queiles, comenzó a retroceder inundando huertas, cientos de viviendas -se calcula que quedaron arruinadas alrededor de 300- y provocando la muerte por ahogamiento de alrededor de 100 personas tanto en sus casas como en las calles.

En busca de solución

Para evitar este tipo de tragedias, el Ayuntamiento planteó en varias ocasiones variar la dirección del cauce del Mediavilla, aunque cualquier iniciativa propuesta fue desechada por problemas técnicos o económicos.

Lo que sí se hizo a partir de 1928 fue establecer un sistema periódico de limpieza de su cauce dos veces al año en los meses de marzo y septiembre, además del saneamiento integral de todo su trazado.

El gran avance llegó en 1951, cuando los padres Jesuitas encargaron un proyecto para cubrir el río en el tramo comprendido entre sus campos de deportes y el conocido como ‘Puente de Jesuitas’. La obra concluyó en 1955.

El Ayuntamiento recogió el testigo de los Jesuitas y en 1970 aprobó un proyecto para realizar el cubrimiento total del Mediavilla desde el citado Puente de los Jesuitas hasta la Carretera de Pamplona. Los trabajos concluyeron en 1973.

La calle que lleva el nombre de este río une el Paseo del Castillo con Yeseros. Su urbanización tuvo lugar en 1987 y su transformación fue total, pasando de lo que era prácticamente un barranco a una calle perfectamente ordenada y con todas sus canalizaciones establecidas, haciendo así honor a un río con tanta historia.



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