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Camino de 2.500 km de Colonia a Santiago

  • El fustiñanero José Antonio Gayarre Aguado lleva 12 años viviendo en Alemania. Durante un mes, ha pedaleado en solitario desde el país germano hasta Santiago de Compostela. A pesar del cansancio, se queda con el contacto con la gente.

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EN PARÍS CON EL PAÑUELO ROJO El fustiñanero José Antonio Gayarre no se olvidó en el viaje de llevar el pañuelo rojo de fiestas. En la imagen, posa delante de la Torre Eiffel de París. CEDIDA

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Y EN SANTIAGO AL FINAL DEL CAMINO Gayarre, con su inseparable bicicleta durante un mes, delante de la catedral de Santiago tras recorrer unos 2.500 kilómetros. CEDIDA

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Actualizada 16/09/2011 a las 01:02
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  • JESÚS MANRIQUE . TUDELA

UNIR dos grandes destinos de la peregrinación europea a lo largo de 2.500 kilómetros en bicicleta y en solitario. Éste fue el origen de la aventura del fustiñanero José Antonio Gayarre Aguado, de 36 años. Vive desde hace 12 años en Colonia, donde se encuentran las reliquias de los tres Reyes Magos, y se propuso unir esta ciudad alemana con Santiago de Compostela en un gran viaje que se prolongó durante un mes -del 1 de agosto al 1 de septiembre-.

Gayarre es licenciado en Derecho y trabaja como freelance en proyectos de comunicación y marketing como periodista y asesor, sobre todo de la cadena Deutsche Welle. También organiza los premios internacionales de blogs (The BOBs Best Blogs) y dirige el centro español de Colonia.

Inicialmente, el viaje lo iba a realizar con un amigo que trabaja en televisión combinando el medieval Camino de Santiago con las nuevas tecnologías, haciendo un recorrido 2.0 contándolo en tiempo real. De hecho, ha contado su experiencia en el blog www.europaenbicicleta.com, aunque, al final, replanteó el proyecto al tener que hacer el camino en solitario porque su compañero no pudo acompañarle. "La primera opción era un auténtico viaje multimedia, pero estoy más que satisfecho de haber tomado la decisión de ir solo porque ha sido una gran experiencia. La soledad cede espacio a la independencia y es un reto personal", explica Gayarre.

20 kilos de equipaje

Tras los preparativos pertinentes, con su bici y unos 20 kilos de equipaje -"al final era demasiado", reconoce- eligió la Vía Mosana que sale de Alemania por Aquisgrán y atraviesa Bélgica. Luego enlazó la ruta a través de Reims con la Vía Turonensis, que sale de París hacia Roncesvalles pasando por Tours, Poitiers y Burdeos hasta llegar a San Jean Pied de Port y entrar en España. La media fue de unos 80 km diarios.

Pero en un trayecto tan largo siempre surge algún problema, primero los físicos. "Había entrenado poco y no estaba muy preparado. ¡Los primeros días me dolía todo!", reconoce. Pero poco a poco se fue acostumbrando, a pesar de una "tempestad" en Francia que le obligó a refugiarse en su tienda de campaña y a estar pendiente toda la noche de que no entrara agua. "Pero todo se compensaba con el placer de cruzar ciudades como Dinant, Namur o la ribera del río Mosa en Bélgica; o atravesar las Ardenas belgas y francesas", señala.

Su mayor problema fue, curiosamente, en el brazo, ya que se le pinzó un nervio en la muñeca derecha por la posición del manillar. "En Francia me subió hasta el omoplato y tuve que "tunear" la bici con unos cuernos para cambiar de postura de vez en cuando. Mejoró, aunque hasta después de terminar el Camino el nervio seguía medio dormido", explica. Eso sí, apenas tuvo problemas mecánicos, sólo un pinchazo en la sierra de Atapuerca.

Para Gayarre, uno de los momentos más emotivos llegó al coronar el alto de Ibañeta, cuando se encontró por sorpresa con toda su familia.

Compañeros de viaje

Para este fustiñanero, que se marchó a Alemania a aprender el idioma, mención aparte merecen las relaciones personales durante el recorrido. "El contacto con otras personas es lo más natural del mundo. Ves a todo tipo de gente, desde ermitaños al más coolcon su iPod, el muy religioso, grupos de amigos, deportistas y muchas personas mayores. Recuerdo en Bélgica que pregunté por la calle por alojamiento y un seminarista me vio tan perdido que me llevó al seminario", recuerda.

Y también recalca las diferencias con la vida diaria. "Las preocupaciones se reducen a llegar al destino, conseguir comida, agua y albergue. Podría haberse acabado el mundo y no me habría enterado", bromea.

Pero, sin duda, el momento más especial fue la llegada a Santiago un mes después de su partida. "Los últimos kilómetros me iba riendo solo recordando todo lo que había pasado. Es una gran satisfacción entrar en la plaza del Obradoiro, ver a gente como tú, sucia, cansada..., pero todos contentos. Es una experiencia impresionante, absolutamente recomendable", concluye.




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