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El cetrero de Sendaviva explica en un libro los secretos de su profesión

  • La obra es la primera escrita en castellano que explica de forma divulgativa cómo adiestrar a un águila real

El cetrero de Sendaviva, Pablo-Bracamonte Sánchez Barraca, con una de las águilas reales del parque arguedano.

El cetrero de Sendaviva explica en un libro los secretos de su profesión

El cetrero de Sendaviva, Pablo-Bracamonte Sánchez Barraca, con una de las águilas reales del parque arguedano.

CEDIDA
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09/11/2015 a las 06:00
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  • Íñigo sanz. Arguedas
A Pablo-Bracamonte Sánchez Barraca, cetrero del parque Sendaviva de Arguedas desde hace 12 años, la devoción por los animales le viene desde pequeño. Amante de los documentales de Félix Rodríguez de la Fuente, siempre tuvo fijación por las rapaces y por una en especial: el águila real, a quien ha dedicado su libro Cetrería española con águila real. Se trata de la primera obra en castellano en la que se explica cómo adiestrar, hacer volar y enseñar a cazar a un águila real. Además, incluye capítulos de biología, veterinaria, patologías o nutrición, entre otros temas, de su ave favorita.

La pretensión de la obra es “que sea didáctica para que la gente aprenda y aumenten los aguileros en España”, señala. Hasta ahora, dice, “aprendíamos siendo autodidactas, a base de ensayo y error, y lo ideal es tener a alguien que te enseñe para no ‘estropear’ aves”.

Para adiestrar a las rapaces, asegura que lo primero que hay que hacer es ganarse su confianza. “Son asustadizas y tienen que ver que eres su compañero. Tienen que aprender a convivir contigo”, afirma. Después puedes empezar a volarlas. “Todo se hace con recompensas. Se les da comida en forma de premio porque funcionan así. Con ellas no valen los castigos físicos porque pierden confianza”, cuenta.

Antes de iniciarse en el adiestramiento, el mostoleño indica que “hay que salir mucho al campo con otros cetreros para ver cómo lo hacen, leer libros e informarse mucho”. Entonces, afirma, es el momento de comprarse el ave.

En este proceso, el tiempo en el que la rapaz tarda en asimilar los conceptos varía porque cada una es diferente, manifiesta. No obstante, “en cuanto empieza a volar el vínculo entre el cetrero y el ave se va reforzando y no para de crecer”, señala. “Es una labor que puede realizar todo el mundo. Simplemente hay que saber y tener los conocimientos, tener un poco de tacto, comprender al ave, saber su gesto, qué necesita y cómo te responde... No tiene ningún secreto más”, añade.

No obstante, el manejo de cada especie es diferente, sobre todo en el caso de las águilas. “Hacerlas volar y que cacen es similar a hacerlo con las demás, pero al ser un ave tan poderosa, con tanta fuerza y tanto genio hay que aprender a controlar los gestos agresivos que pueda tener para que no se nos vaya de las manos”, señala. Por ello, no son aves aptas para noveles.

‘RODEADO’ DE 40 RAPACES

En su día a día, Sánchez Barraca se ‘enfrenta’ a las más de 40 rapaces que hay en el parque. “Cada día las sacamos por la mañana, las pesamos y les ponemos una dieta específica. Limpiamos las instalaciones y las volamos para entrenarlas. Parece poco, pero tenemos una colección tan grande que nos lleva todo el día”, manifiesta. Reconoce que ha tenido algún susto, pero “son gajes del oficio porque trabajo con animales con garras y pico que se mueven por instinto y cuando van a comer no tienen miramientos por nada”.

Además, se lleva el trabajo a casa, donde le espera un águila real con la que lleva unos 7 años. “Primero la tuve unos años en el parque, y ahora lleva un tiempo en mi casa y la quiero como si fuera mi niña”, cuenta.

Al transformar su afición en su trabajo, se siente privilegiado. “Tengo la suerte de disfrutar de animales que en la naturaleza son muy difíciles de ver. En la cetrería convives con las rapaces, ves su comportamiento, puedes contemplar su belleza y sus vuelos”, expresa. Junto a este águila, el cetrero guarda especial recuerdo del cernícalo y el azor, sus dos primeras aves; y no duda en destacar al Pigargo de Steller como la rapaz más difícil. “Es una de las aves más grandes del mundo y nos costó mucho ganarnos su confianza porque es muy asustadiza. De hecho, es la única que vuela en España y de las pocas de Europa”, dice.

A pesar de su dificultad y de las particularidades de cada especie, ninguna rapaz se le ha resistido, algo que no puede decir de un cuervo africano que llegó a Sendaviva. “Habíamos tenido varios cuervos y volaban sin problemas, pero éste había pasado por varios parques, tenía muchos ‘resabios’ y fue imposible ganarnos su confianza para que volara”, recuerda.



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