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CIERRE DEL AÑO INTERNACIONAL DEL VOLUNTARIADO

Los voluntarios de Tierra Estella tienden la mano

  • Cuatro vecinos de Tierra Estella aportan su visión de lo que exige y aporta la labor del voluntario, una fórmula necesaria para luchar contra los problemas que se generan en épocas de crisis

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Socorro Barrena García en la entrada principal del edificio de Proyecto Hombre en Estella. MONTXO A.G.

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Francisco Buira Rubio, en la residencia Santo Domingo junto a la persona que acude a visitar. MONTXO A.G.

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Manuel Martínez Ruiz y Rubén Legarda Goñi flanquean Juan García Oscoz a la entrada de la gala del deporte en Estella, en la que el equipo de futbito de Anfas recibió una mención. MONTXO A.G.

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Actualizada 29/12/2011 a las 01:00
  • R. ARAMENDÍA . ESTELLA

En Tierra Estella unos pocos cientos de personas practican el voluntariado para multitud de asociaciones no sólo benéficas, como Cáritas o Anfas, entre las más conocidas, sino también para sociedades deportivas que organizan, por ejemplo, actividades de ocio para los más pequeños.

Sin un registro de colaboradores, ni una celebración con motivo de una conmemoración mundial que sólo se repite cada diez años, la labor de los voluntarios de la merindad de Estella se presta con discreción. Por eso es importante sacar sus rostros a la luz para multiplicar el ejemplo.

Muchas ong y agrupaciones de Estella han solicitado voluntarios para sus actividades y hace cuatro años estas necesidades se cifraban en al menos 150 personas. Con el tiempo, este número no ha decrecido y según explican varios de los voluntarios que han relatado su experiencia aún se necesitan unas cuantas personas más que tiendan su mano.

Los efectos de la crisis son claros también en algunas de las organizaciones y la contribución de personas desinteresadas se hace ahora más necesaria que nunca. Por ello, la dedicación del voluntariado será un valor en alza también en la próxima década.

FRANCISCO BUIRA RUBIO NAGUSILAN, BANCO DEL TIEMPO DE ESTELLA Y PARROQUIA DE SAN MIGUEL

"Ahora me pregunto cómo antes tenía tiempo para trabajar"

Francisco Buira Rubio, vecino de Estella de 72 años, hace una reflexión llamativa: "no se cómo tenía antes tiempo de trabajar". Voluntario para todo es la definición que más se ajusta a su personalidad polifacética. Ejerce su labor desinteresada en varios grupos como Nagusilan o el Banco del Tiempo de Estella, pero participa en un sinfín de actividades, desde la parroquia San Miguel al grupo de teatro Blanca Cañas. "Desde que me levanto a las ocho hasta que me acuesto a las doce, no paro. Sólo tengo un momento sagrado, la siesta", confiesa. El resto del tiempo lo dedica a los demás. Pero no siempre ha sido así, al contrario. La vida de Francisco Buira ha estado marcada por el trabajo. Nacido en Juneda (Lérida), dedicó su trayectoria laboral a una empresa de Hospitalet de Llobregat, Balizamientos y Señalizaciones, que comenzó con 5 operarios y en la que acabó dirigiendo a 200 personas. "Mi vida era trabajo de sol a sol". Pero a los 61 años se jubiló y pasó página.

Comenzó por trasladarse a la región de origen de su esposa, Margarita Azcona Vicente, oriunda de Muniáin de Guesálaz. "Tenía muy claro que no quería seguir en la ciudad. Yo vivía en un bloque de 50 pisos. A excepción de los cuatro del rellano, no conocía a más vecinos. Aquí pasa todo lo contrario". Recién llegado al barrio de San Miguel, ya jubilado, Francisco Buira abrió las ventanas de par en par al voluntariado. Pero todo sucedió sin darse cuenta. "Entré en contacto con el párroco de aquella época, César Magaña, y le pedí que me diese una ocupación. Tardó un poco, pero me pidió que le ayudase con el boletín parroquial. Eso me obligó a aprender informática, de la que no tenía ni idea". Este esfuerzo autodidacta, que ha seguido con el tiempo, ha hecho que ahora sea capaz incluso de impartir sencillos cursos de iniciación a otras personas de la tercera edad, como el que acaba de terminar en diciembre. También gratuito, por supuesto.

Multidisciplinar

Con los años Buira ha descubierto infinidad de campos en los que ayudar. A través de la universidad para mayores conoció a María Jesús San Martín Aramendía, otro de los pilares del voluntariado en Estella, y su puerta de entrada en Nagusilan o en el grupo de teatro Blanca Cañas. Con el primer grupo visita todas las semanas a una residente de Santo Domingo y con el segundo practica una afición que tiene desde niño y con la que ha colaborado con otros colectivos como Kilkarrak. Cuando tuvo noticia del banco del tiempo de Estella también se apuntó. "Donde me necesitan, allá voy. Desde que dejé de trabajar tenía muy claro que tenía que hacer algo. Cuando me voy a la cama me pregunto: "¿qué he hecho hoy para que las cosas vayan mejor?". Pero el voluntariado no lo es todo. " Tengo claro que lo primero es la familia. Y que lo que hago es posible porque mi mujer asume al completo el trabajo de la casa".

SOCORRO BARRENA GARCÍA CÁRITAS, PROYECTO HOMBRE Y CENTRO ONCINEDA

"Con el trato se te engancha el cariño y no lo puedes soltar"

A Socorro Barrena García, "Soco", le cuesta hablar de lo que hace. Si se ha decidido es para llamar la atención sobre las muchas necesidades que aún encuentra a su alrededor esta vecina de Estella que desde hace más de veinte años se dedica al voluntariado. En especial, para los residentes huérfanos del Centro de Discapacitados Oncineda, que están bajo la Junta Tutelar de Navarra. "Soy delegada tutelar de uno de ellos desde hace 18 años, pero hay otros tres no tienen delegado. Están atendidos en lo material y terapéutico, pero lo que necesitan es cariño y un poco de compañía. Sólo con visitarlos de forma continua alguna vez por semana es suficiente. La ilusión con la que esperan ese momento te toca el corazón", describe. El voluntariado es para Soco Barrena una forma de vivir que se comparte en familia, con su marido, José Luis Morrás San Martín. Todo empezó hace 23 años en Cáritas, donde sigue yendo varias horas semanales. "La necesidad ha aumentado, pero afortunadamente hay gente que se ha acercado a Cáritas. Ahora somos doce voluntarios, más de lo que era normal".

Desde esta institución surgió la llamada. "Hace veinte años Proyecto Hombre se instaló en Estella y me pidieron ayuda para labores de apoyo. Me presté de inmediato". Barrena reconoce que acudió con cierta prevención. Corría 1991, cuando los estragos de las drogas más duras eran aún patentes. "No sabía con qué me iba a encontrar y era un ambiente desconocido para mí. Al principio sentí un poco de miedo", admite. Recibió cursillos que le ayudaron a acostumbrarse pronto a esa realidad. "En todo el tiempo que llevo casi no he tenido experiencias desagradables". Desde entonces ha hecho unos cuantos kilómetros para Proyecto Hombre. "Lo que se requiere es gente con coche que pueda acompañarlos y llevarlos para temas de médicos, bancos, juicios y cosas por el estilo. Ahora nos vendría bien tener algún voluntario más".

Barrena se mentalizó para estar disponible para Proyecto Hombre pese a ser ama de casa. "Durante años, cuando mis hijos eran pequeños me acostumbré a cocinar de víspera y tener todo organizado por si de repente tenía que salir. No es una obligación porque si no puedes ir, no pasa nada, pero prefiero hacerlo". Carreras y preocupaciones tienen su compensación. "Saber que has hecho, aunque sea un poco, para mejorar la vida de los demás te llena mucho". Pero hay más. "Con el trato se te engancha el cariño y ya no lo puedes soltar".

MANUEL MARTÍNEZ RUIZ ANFAS

"Mucha gente sólo da lo que no quiere, lo que le sobra"

Manuel Martínez Ruiz, de 47 años, es vecino de Artaza desde hace siete. Natural de Mondragón, era técnico de iluminación de conciertos. "Ganaba bien, pero llevaba una vida de viajes, hoteles y fiestas. Un día me di cuenta de que eso no me llenaba, de que necesitaba algo más. Por eso decidí buscar un sitio donde vivir de una forma más acorde con mis valores y creencias". Apareció Artaza, una pequeña localidad de Améscoa Baja donde además pudo realizar uno de sus proyectos, construir su propia casa de paja de bioconstrucción. Después apareció otra inspiración, el Foro Espiritual de Estella. "Ahí surgió la llama, la conciencia de que podemos cooperar para que el mundo vaya algo mejor, pero desgraciadamente el foro termina pronto. Son unos pocos días y hay que hacer algo más". Seguía buscando y hace cinco años surgió otra respuesta en forma de cartel de Anfas. "Me apunté sin dudarlo y aquí sigo viniendo todos los sábados. Realmente no es complicado porque la monitora de ocio prepara las actividades y sólo hay que echar una mano para que todo funcione. Aún así, mucha gente me dice: "¿y dedicas a eso todos los sábados, que es un día para ti?". De esa manera te das cuenta de que sólo damos lo que no queremos, lo que nos sobra".

Manuel Martínez empezó a considerar la idea de llevar el voluntariado más allá. "Pensé en ir a lugares como Rumanía, Colombia o la India. Imagina, en un pueblo pequeño con 6.000 o 3.000 euros, podrías darle la vuelta a su realidad. Sólo con comprar unos animales y semillas les cambias la vida. Tres años después podrías volver enormemente satisfecho. Porque todos vuelven. Son pocos los que tienen agallas de quedarse".

Y pensando, descubrió que la realidad cercana siempre es mejorable. "Ahora en el pueblo hay un ambiente de gran división. Para mí es importante ayudar a cambiar la dinámica de "estas conmigo o estás contra mí". Es más complicado que cualquier proyecto en un país subdesarrollado". Y ahora, además de en Anfas también ha dejado sus horas en el tejado de la casa concejil de Artaza.

RUBÉN LEGARDA GOÑI ANFAS, INTERMÓN OXFAM, AMNISTÍA INTERNACIONAL Y ADENTRA

"Hay que enseñar que el voluntariado es divertido y agradable"

Rubén Legarda Goñi, de 36 años, nació entre Lácar y Alloz, junto al monasterio de Eguiarte. Ha realizado infinidad de trabajos, muchos de ellos como tallista de piedra. En la última década también trabajó en la construcción y llegó a tener una empresa propia de excavadoras. Pero en plena Expo de Zaragoza las vendió y comenzó un larga etapa de metamorfosis en la que aparcó una vida laboral que empezaba a las seis de la mañana y terminaba a las 10 de la noche. Una parte de esta transformación la cubrió en el Camino de Santiago ("un encuentro alucinante con la historia y contigo mismo") tras el que acabó visitando al Papa en Roma de la mano de una religiosa. Casi a renglón seguido viajó a Guinea Conakry, donde fue testigo de una terrible masacre de 157 asesinatos en una plaza pública que apenas mereció unas líneas en la prensa occidental. De vuelta a España comenzó a colaborar con diversas ong, desde Aministía Internacional o Intermón Oxfam a otras más cercanas como Anfas, ésta última hace unos dos años. Todas estas experiencias le llevaron a fundar la suya propia, Adentra, con sede en Aramendía, localidad en la que reside. Pero tantos esfuerzos no se igualan con los resultados. "Aún así, estamos muy escasos de voluntarios. En Anfas, de hecho, no nos vendrían mal unos pocos más. La gente está tan sumamente asustada que le cuesta cooperar. Hay que quitarse el miedo. Es bueno para darte cuenta de lo agradecido que tienes que estar", afirma Legarda.

En su condición de voluntario ha conocido países y situaciones terribles. "Pero nunca he tenido una pizca de caridad o de pena para con la gente que trato de ayudar, ese no es el enfoque". De experiencia de Anfas, por ejemplo, le atrae la alegría que se genera. "Yo voy a Anfas sobre todo porque me lo paso genial con los chicos, no se trata de una cuestión de conciencia social. Para mí es una forma muy fácil de ser coherente con lo que pienso. Hay que en enseñar que el voluntariado es divertido, agradable y construye puentes. Mi lema sería, como antídoto contra todo, hazte voluntario".




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