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Los últimos garbanzos de Názar

  • En los días finales del verano el garbanzo se "alventaba" en la calle para separar el grano

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Los últimos garbanzos de Názar

Gloria Piérola Vicente y Mario Barrio Ibarrola miran a la cámara mientras Manolo Ibarrola Carlos "alventa" algunos de los últimos ejemplares de los famosos garbanzos de Nazar. DN

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Actualizada 09/09/2011 a las 01:00
  • DN . ESTELLA

DICE el refrán popular que los garbanzos sólo necesitan dos aguas, una para nacer y otra para cocer. Una legumbre de tierras austeras, muy propia de la llanura castellana, pero también de otros pequeños reductos. Por ejemplo, hace 50 años los garbanzos elevaron el nombre de Nazar a los altares gastronómicos, pues los que se producían en esta pequeña localidad del valle de la Berrueza eran especialmente sabrosos.

Durante muchos años Názar fue el apellido de los garbanzos de la comarca, como Genevilla lo fue del tabaco, y la producción se vendía en los mejores comercios de Estella, así como en el mercado de los jueves. Pero los garbanzos de Názar están hoy en vías de extinción y prácticamente sólo un vecino, Manolo Ibarrola Carlos, mantiene esta producción tan típica del pueblo.

Faena en las calles

Antaño, quien más quien menos sembraba en Názar alguna robada de garbanzos, de modo que por estas fechas los vecinos "alventasen" los garbanzos por las calles. Este vocablo, que ya ha caído en desuso, se refiere a la acción mediante la cual exponiendo una gavilla a la acción del viento se separa el grano de la paja.

La nostalgia anima a Manolo Ibarrola a conservar un trazo aunque sea mínimo de esta costumbre del pueblo. "Tengo huerto y me gusta tener un poco de todo. Por eso siempre dedico un terreno a los garbanzos", explica este albañil jubilado, que heredó estos menesteres de su padre Félix Ibarrola de Andrés. Cada año siembra entre kilo y kilo y medio de la variedad "churrinos", por ser los que más producen y menos enfermedades contraen. La tradición dice que el garbanzo se debe sembrar por Santa Coloma, que según el santoral es el día 21 de mayo. Esta planta herbácea de la familia de las papilionáceas no necesita tierras muy productivas ni profundas para crecer.

Una planta austera

"Durante todo el año dan muy poco trabajo, prácticamente la siembra y la recogida, que se hace a finales del verano, dependiendo del tiempo. Lo peor es la cosecha porque las tierras en que se dan son pobres y muchas veces crecen entre cardos. Además hay que hacerlo agachado y es un trabajo duro", explica Ibarrola.

Una vez arrancadas las matas se extienden para su secado y espigado, que no es otra cosa que arrancar las vainas en las que están los garbanzos.

Cuando la producción en Názar era tan grande como para dar fama al pueblo entero esta labor se hacía en las eras con la trilla o con los tractores y se "majaban" las plantas, es decir se apaleaban para que se soltasen los gorgojos de las ramas. Ahora basta con pisar las plantas extendidas sobre una manta vieja.

En ese momento es cuándo llega el proceso de alventar. Aprovechando cualquier viento que sople se toman dos recipientes. El contenido de uno se vierte al otro de cara al viento con el fin de que este se lleve la paja y sólo caiga al recipiente. No es fácil y hay que tener maña o años suficientes de práctica.

Este año Manolo Ibarrola ha recogido unos 12 kilos de garbanzos, algo menos que el año anterior que fueron unos 20 kg. El proceso de limpieza de la legumbre se acaba en casa aprovechando que los días ya son más frescos y cortos.

El producto final resulta ser un garbanzo no muy grande pero muy rico de sabor y sobre todo muy tierno que pasará a formar parte de la dieta de los duros meses de invierno.



  • lectora
    (09/09/11 18:20)
    #1

    ¡Qué recuerdos me trae este artículo de cuando era una niña! Así mismo lo hacía mi padre, y los críos pisábamos. Después, a última hora de la tarde generalmente, le acompañábamos a alguna esquina "del barrio arriba" a alventar. Y a casa a cenar todos tan contentos. Gracias por la noticia

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