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OFICIOS EN DECLIVE TAPICERO

Las manos que visten muebles en Estella

  • Ruperto Bayona Adrián mantiene una de las dos tapicerías que persisten en Estella, a la que le queda de vida los ocho años que restan para su jubilación. Sentirá nostalgia porque será el fin a cuatro décadas de trabajo en la calle Navarrería.

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Ruperto Bayona Adrián junto a una de sus mesas de trabajo, con una silla recién tapizada y varios muestrarios de telas. M. M. E.

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Actualizada 04/01/2012 a las 02:00
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  • M. M. E. . ESTELLA

CUANDO se jubile, tendrá que echar la persiana. Ruperto Bayona Adrián pondrá así final a toda una vida como tapicero en la calle Navarrería de Estella. Eso -calcula- llegará dentro de 8 años, cuando él tenga 65, porque quien podría dar continuidad a su oficio, su hijo, ha encarrilado su vida profesional en Zaragoza como informático. Sentirá nostalgia cuando transite por esta calle y vea su cartel de Tapicería encima de la puerta del local donde tantas horas ha pasado lavando la cara a sofás, sillones, butacas, sillas o cabeceros de cama. Siempre con su bata azul marino y, ahora, con sus gafas de cerca colgadas del cuello.

Mucha vida dentro de un comercio de unos 70 metros por el que ha pasado gente de toda la merindad y también de fuera y que, junto con Vergara, son hoy los únicos de estos talleres que persisten en Estella. Un amplio abanico de clientes que, en tiempos de crisis, ya no son tantos pero que en sus buenos años hizo que se crearan listas de espera para hacer encargos de hasta cuatro meses. "Ahora se trabaja casi al día. Es una pena, pero es la tónica de todos los negocios en este difícil momento económico. Hace más de un lustro la historia era otra. Había mucha cola. Me llamaban de ayuntamientos de la merindad para dar cursillos a la gente de los pueblos, pero tenía que decir que no. No podía quitar horas de taller".

Ahora, lo que sí ha crecido es la compra de materiales para tapizar en casa. "Yo pensaba que la respuesta a la crisis sería arreglar lo de casa en el tapicero y comprar cuando se pudiera, pero ni siquiera lo primero. Muchos vienen y se llevan skay para cambian, por ejemplo, el asiento de las sillas de la cocina. Aunque, también es cierto que algunos entran para llevar la tela con la voluntad de intentarlo en casa y vuelven después para que lo haga yo", comentó. Él asegura que tiene su complejidad, aunque a él ya no le resulte tal después de décadas en esto.

Empezó con 21 o 22 años. No lo recuerda con exactitud. Su padre, Juan José Bayona Pascual, tenía una tienda de muebles con un socio, Manuel Martínez Lisarri, y éste último le propuso un día que le ayudara con los tapizados. Él trabajaba entonces con ellos montando el género en los domicilios que la gente compraba en Baymar, una tienda también de la calle Navarrería que desapareció en los años ochenta. Le pareció bien y comenzó con él. Fue aprendiendo sobre la marcha y absorbiendo, como una esponja, las pautas que le marcaba Manuel Martínez. "La mejor forma de irle cogiendo el truco es soltando los muebles. Resulta gratificante cuando ves que te van saliendo las cosas y el resultado es bueno", indicó.

En tres locales

Y un trabajo detrás de otro. Primero, visitar la vivienda en la que se encontraba la pieza para tapizar; segundo, medirla; tercero, elegir con el cliente la tela; cuarto, realizar el presupuesto en función de su coste; y quinto, y más importante, esperar a que llamara para dar el ok. "Por lo general, todo el mundo aceptaba y era skay lo que elegían. Estaba de moda porque permitía una fácil limpieza y en cuestión de telas había sota, caballo y rey. No como ahora".

Al tiempo -las fechas le bailan- decidió desvincularse y montarse su propio negocio como tapicero. No le salían otras ofertas de trabajo. Él se encontraba a gusto entre telas y decidió echar a andar solo. Se instaló en la misma calle, pero en otro local al de hoy, al que se cambió en 1995. "Necesitaba muy poca inversión en herramienta. Solo, un martillo y un destornillador", indicó. De los cosidos se ocupaba su suegro, Senén Vega Lara, que tapizaba las butacas de los vehículos de La Estellesa y a él le hacía esta parte de su trabajo con una máquina casera. "Yo preparaba las telas, él las cosía y yo volvía a montarlo todo". Y así hasta que le enseñó a hacerlo y compró maquinaria para poder realizar todo el proceso. "Adquirí una máquina de coser semi industrial y otra industrial, remalladora y compresores para poner grapas".

Desde 1995, cuando se trasladó al local actual, ya funcionaba solo. "La gente no sabe qué es tapizar. No se trata solo de forrar. Es dejar una pieza nueva. Hay que cambiar la tela, sí, pero también las cinchetas [unas gomas que ayudan a que el asiento sea firme] si están estropeadas más la espuma. Además, hay que guardar una línea estética. Se necesita tener un poco de gusto y mucha maña", aseguró. También paciencia y cuidarse mucho las manos. Le salen ampollas. "Hay que soltar el tapizado con el destornillador. Y eso significa hacer fuerza para sacar los cientos y cientos de grapas que puede haber en un sofá. Me suelo poner guantes, pero no acierto", explicó.

En ocho días como máximo, si se trata de un sofá y dos butacas, el trabajo ya está hecho. "Trabajamos con cuatro casas de telas y las pido sobre encargo. Aquí solo disponemos de metrajes pequeños para hacer cosas menores como sillas. Pero el servicio es muy rápido. En un par de días llegan a la tienda y se hace todo. Y la gente me dice ¡me has tenido una semana en sillas de campo! o ¡nos íbamos a la cama para las diez de la noche al estar sin sofá! Pero es que se desconoce el trabajo que lleva esto y las horas que se meten", justificó.

Ahora acaba de terminar dos butacas de estilo clásico, pero por sus manos han pasado muebles de muchos diseños y piezas, también, de anticuario. "Como curiosidad, el párroco hoy de la iglesia de San Miguel de Estella me trajo de la parroquia de Los Arcos, donde estuvo él antes, unos grandes cajones para que los tapizara con tela blanca. Quería meter allí casullas y manteles y quedó muy bien. El trabajo es agradecido porque la gente también te lo valora y deja que tú le aconsejes", concluyó.




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