Las manos invisibles del C.C. Estella
- Este sábado, más de 200 voluntarios se encargarán de que la gran cita del ciclismo profesional en Navarra -y la única- tenga a los corredores como principales protagonistas. Lo demás ya estará listo para el XIII Gran Premio Miguel Induráin de Estella
Actualizado el 01/04/2011 a las 10:33
TIENEN perfectamente asumido que la suya es una labor de trastienda y, por tanto, ajena a las felicitaciones y reconocimientos. Pero también saben que sin su colaboración la única cita del ciclismo profesional en Navarra -El Gran Premio Miguel Induráin de Estella- no podría celebrarse. Las vallas que franquean el recorrido, las señales en la carretera, los banderines en las curvas, los coches que llevan a los jueces o los bocadillos repartidos entre la comitiva que arropa al pelotón pasan desapercibidas para el público ávido de ver en carne y hueso al ciclismo de élite. Es como si unas manos invisibles lo hubiera dispuesto todo para este sábado a las 12.50 horas en la salida de la plaza de Los Fueros.
Pero detrás hay nombres y apellidos, y en ocasiones también reconocimientos públicos como el que les brindó el presidente del C.C. Estella, organizador de la carrera, en la presentación de los equipos para la temporada. Miguel Ángel Landa Acedo lo reitera. "Sin ellos no sería posible hacer la Miguel Induráin. De hecho, cuando accedí a presentarme para el cargo la única condición que puse fue contar con esta gente", explica el presidente de un club al que pertenecen 517 socios.
Entre la masa de voluntarios hay de todas las generaciones y, este año, los recién llegados -los integrantes de los combinados de cadetes y juveniles- se encargarán de la subida al Puy. En el resto del trazado, que suma 179,3 kilómetros, se entremezclarán las caras jóvenes con otras experimentadas en este evento. Una labor que ya ha empezado para ellos ya que ayer mismo se ocuparon de delimitar con pintura las zonas de montaña o parchear baches en la calzada. El sábado, para las siete de la mañana, estarán en marcha para la colocación de las vallas unos, apostarse en las curvas y cruces otros y el resto repartiéndose entre labores culinarias, de conductores o, en definitiva, para lo que les reclame el club.
Voluntarios veteranos
Javier Azpilicueta de Luis, de 57 años y prejubilado, entró a formar parte del C.C. Estella hace tres lustros. "Lo hice por echar una mano ya que el presidente de entonces era de la cuadrilla. A lo largo de estos doce años me ha tocado de todo, poner vallas, colocar la publicidad o estar con los banderines en los cruces", enumera. "Metes muchas horas pero como lo haces con voluntarios ya conocidos de ediciones anteriores, te encuentras a gusto. Además, gente como yo con tiempo puede contribuir a que se mantenga la carrera". Aunque eso suponga, y lo dice entre risas, que en ocasiones ni sepa quién ha ganado la prueba.
Raimundo Antoñanzas Azanza, de 66 años y jubilado, entró en el club a principios de la década del 2000. "Lo hice por echar una mano y colaborar", explica este voluntario al que también le ha tocado colocar muchas vallas, preparar comidas, sacar el banderín -por cierto, de fabricación casera, plegable y, gracias a un trozo de una caña de pescar, rígido, lo que le evita tener que estirar de las dos puntas como el resto- o incluso acompañar al ganador a petición de los jueces. "Es lo que menos me ha gustado de todo. Estar detrás del ciclista para controlar sus movimientos para ver qué bebe, qué come o si orina. Una especie de control de dopping casero. El corredor, al verme tan nervioso, me dijo que se me notaba que era mi primera vez. Así que prefiero mil veces encargarme de poner las vallas".
Prudencio Maeztu Landa, de 60 años y prejubilado, nunca ha visto en directo quién se imponía en el Gran Premio Miguel Induráin. Su labor consiste en acompañar de copiloto al conductor que con el vehículo de seguridad abre la carrera. Y es que treinta años siguiendo con su coche a pelotones en el calendario no profesional del C.C. Estella le ha dado un conocimiento exacto -y casi a ojos cerrados- de cada curva, bache o cambio de rasante de la ruta. "Como tenía el garaje muy grande, entraba el coche con la megafonía, así que me dejaron al frente de todas las carreras. Y aunque me gustaría cambiar, entiendo que mi mejor función es hacer de mapa para el chófer", bromea este veterano voluntario, que entró al club de la mano de los hermanos Urra y Coyne.
José Antonio Urra Oroquieta, de 62 años y prejubilado, apenas sumaba dos décadas de edad cuando se asoció al Estella. "Es que el ciclismo me gustaba desde que era un chaval", dice este voluntario que posteriormente fundaría junto a Julián Pérez, Jesús Urra, José Ciordia y los hermanos Coyne la escuela de ciclismo. También llegó a presidir el club. Estos días se le verá portando vallas o, ayer mismo, tapando un bache en la carretera de Eulz. "Sí, es un trabajo cansado pero que motiva mucho porque sabes que sin nuestro esfuerzo la carrera no saldría adelante".
Juan Irisarri López, de 63 año y prejubilado, entró en el club en 1975 cuando lo presidía Fernando López. Entre su abanico de recuerdos, hay una anécdota que se resiste a contar. "Es que lo he hecho ya tantas veces...". Pero ante la insistencia de sus compañeros la repite: "me compré una moto y en una de las carreras tuve que llevar a la señorita del NODO". En la Miguel Induráin también le ha tocado conducir coches. "Y ahora lo que me manden porque lo hacemos muy a gusto, sobre todo para apoyar a nuestro presidente y al club".