Diario de Navarra | Facebook Se abrirá en otra página Diario de Navarra | Twitter Se abrirá en otra página Hemeroteca Edición impresa
Mi Club DN ¿Qué es? Suscríbete

La Hemeroteca
OFICIOS EN DECLIVE MODISTA

La moda a medida en la calle Mayor

  • "Crear las prendas es como un rompecabezas y a veces, al conseguir algo tras darle muchas vueltas, me pregunto, ¿pero eso lo he hecho yo?"

Imagen de la noticia

Alicia Luquin López toma las medidas a una de sus clientas en el establecimiento donde vende tejidos y ejerce su profesión. MONTXO A.G,

0
Actualizada 27/12/2011 a las 01:02
Etiquetas
  • M.P.AMO. . ESTELLA

Cuando Alicia Luquin López dejó el colegio a los catorce años y empezó a aprender su oficio con Nieves de Miguel los talleres de modistas formaban a una generación de jóvenes de Estella además de vestir a las mujeres de una época previa a las tiendas de ropa ya lista para vender. Medio siglo después su negocio de la calle Mayor mantiene prácticamente en solitario una actividad que empieza con la elección del diseño y sigue con el patrón del modelo para continuar con el corte de la tela, las pruebas y la confección de la prenda en un proceso que acaba cuando se entrega lista para su estreno. Las manos de la modista lo hacen posible para una clientela fija que sigue apostando por un vestuario a medida.

Alicia Luquin ha cumplido los 64 años, pero seguirá en activo en un momento en el que junto al suyo queda en la ciudad un segundo taller de confección en la calle Baja Navarra. El tiempo en el que ella lo aprendió reunió, relata, a unas ocho o diez modistas que proporcionaban a sus negocios una doble actividad, la formativa para muchas jóvenes que aprendieron allí un oficio con el que luego se ganaron la vida y la de los trabajos por encargo. "Todo el mundo sabía entonces -recuerda- hacerse su ropa y a los talleres se iba a aprender, aunque luego te sirviera para casa o a veces para montarte tu propio negocio tras un tiempo como aprendiza".

Coser sin mirar la hora

El periodo que formó a Alicia Luquin como modista le dejó bonitas vivencias. Se cosía mucha horas cada día, sin mirar el reloj, con la responsabilidad de cubrir los pedidos pero en un ambiente alegre que daba margen también a la risa, las confidencias y la merienda de chocolate con churros compartida por todas en fechas tan señaladas como Santa Lucía. "Si se planteara hoy, nos parecería imposible todas las horas que trabajábamos, pero fue una época preciosa. A veces volvía a casa tan tarde que me asustaba el sonido de mis propios tacones porque no había nadie más por la calle de madrugada y me los envolvía con unos trapos para evitar el ruido sobre la acera", cuenta. Los encargos de Estella eran numerosos, pero se vivía también de los pueblos. "Toda la merindad venía a que estas modistas les hicieran la ropa y aquello era trabajo de verdad. El tiempo que hemos metido no las contábamos, pero éramos tan felices que mereció la pena", manifiesta.

Casada y madre de dos hijos, Alicia Luquin completó con Nieves de Miguel su periodo de formación y pasó de allí a Novedades Jacinto, en la plaza de Los Fueros, con Mari Bergera como jefa de la sección que hacía moda femenina. A su aprendizaje como modista en el taller se sumó con el título de corte y confección obtenido en Pamplona en un camino que le llevó a apostar por ello como medio de vida. La suya fue una opción interrumpida para dedicarse a la familia en los primeros años de sus hijos, pero retomada después con nuevos bríos. La trayectoria de Alicia Luquin en los talleres de confección a medida -diferentes a los de arreglos como ella aclara- conduce por nombres de compañeras como Charo Silanes, María Luisa Gárriz o María Antonia Saenz de Murieta, salidas de los últimos escenarios de la costura que fueron cerrando sus puertas en la ciudad. De transmitirles cuanto sabían se encargaron veteranas modistas como Elisa Juániz, María Azcona o Esther Sádaba, entre otras, en verdaderos espacios de enseñanza que combinaban la formación con los encargos en pisos distribuidos por la ciudad.

También Alicia Luquin ejerció como maestra a través de una academia de corte y confección en funcionamiento en un tiempo, los años ochenta, en el que las mujeres seguían aprendiendo a hacerse su propia ropa. Después vendría la actual tienda de tejidos en la calle Mayor, que vende el género y a su vez sigue confeccionándolo a medida. "Los talleres solían estar siempre en pisos, no había ascensores y cuando la venta de ropa se generalizó resultaba más cómodo, pero a mi no me ha faltado trabajo. Tantas horas he metido aquí que mi marido ha llegado a la conclusión que no sabe si se ha casado con una mujer o con una máquina de coser", bromea.

Ganarse la vida en casa

La modista atiende a sus clientas en la tienda, les muestra allí las telas, eligen los diseños y realiza las pruebas -en principio dos por encargo pero tantas como haga falta hasta conseguir un buen resultado- para confeccionar después las prendas en su taller de la misma calle. "Mi negocio es para tiempos de crisis. Cuando la gente anda bien se lo compra hecho, pero si se va más ajustado muchas mujeres que saben coser se compran las telas y se hacen ellas mismas la ropa, o a cosen la de sus hijos", señala.

¿Con el suyo acaba la época de las modistas en Estella o puede ser aún una alternativa de trabajo? "Ahora hay chicas que vienen preguntando por la academia. Si se aprende bien el oficio, una se puede sacar la vida adelante en su casa. Pero no tienes que contar las horas", argumenta. Alicia Luquin ha disfrutado con sus encargos, con crear piezas como quien hace un rompecabezas para adaptarlas al gusto de una clientela que unas veces llega ya con su idea preconcebida y otras la elige junto a la modista. "Normalmente se ha acudido a nosotras para trajes de ceremonias, de ocasiones especiales o un tallaje más grande al que podemos hacer un estilo más juvenil que el que encuentran ya confeccionado. Llevas tantos años que, cuando coges las medidas, ya ves el corte de la mujer, lo que debes rectificar o cómo adaptarlo. Es cuestión de darle muchas vueltas y algunas veces, al terminar algo tras muchos quebraderos de cabeza, me pregunto, ¿pero eso lo he hecho yo?".

A su establecimiento de la calle Mayor siguen llegando las clientas de siempre, algunas para comprar los tejidos que luego ellas mismas cosen, otras para llevarse las telas ya cortadas y el resto para el encargo completo, el que las permite salir vestidas del local donde ha ejercido estos últimos dieciocho años. "Sigo teniendo demanda, pero no cojo gente nueva porque ya no puedes seguir el ritmo de antes. En mi taller nos hemos pasado trabajando la noche entera para entregar los pedidos del Viernes de Gigantes. En estos tiempos de crisis también hay quien le da la vuelta a las prendas y, si una tela es buena, un abrigo perdura y te permite hacer los cambios. Si no partes de buen género, no merece la pena tocarlo y se lo digo así", señala. Si con ella desaparecerá las modistas de tienda es una incógnita, pero sigue creyendo en las posibilidades de un oficio no ajustado a un horario concreto, exigente en dedicación pero flexible también para adaptarlo a cada circunstancia personal concreta.




Comenta el contenido
Tu opinión nos interesa Tu opinión nos interesa

Rellena el siguiente formulario para comentar este contenido.






(*) Campo obligatorio

Te recomendamos que antes de comentar, leas las normas de participación de Diario de Navarra

volver arriba

© DIARIO DE NAVARRA. Queda prohibida toda reproducción sin permiso escrito de la empresa a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, de la Ley de Propiedad Intelectual

Contenido exclusivo para suscriptores DN+
Navega sin publicidad por www.diariodenavarra.es
Suscríbete a DN+
Desde solo 0,27€ al día
Ya soy DN+
Continuar

Estimado lector,

Tu navegador tiene y eso afecta al correcto funcionamiento de la página web.

Por favor, para diariodenavarra.es

Si quieres navegar sin publicidad y disfrutar de toda nuestra oferta informativa y contenidos exclusivos, tenemos lo que buscas:

SUSCRÍBETE a DN+

Gracias por tu atención.
El equipo de Diario de Navarra