ESTELLA

La decana de la residencia de Santo Domingo cumple 105 años

  • La centenaria lleva 30 años en el geriátrico, al que llegó un año después de su inauguración

DN. . ESTELLA

Publicado el 17/04/2011 a las 01:03

Una frágil salud de hierro define perfectamente a Ana María Apesteguía Pisón, la decana de la residencia de Santo Domingo de Estella y que ayer cumplió 105 años. Esta mujer, menuda y muy delgada, ha rebasado el siglo con una fortaleza que a los propios responsables del geriátrico sorprende. Apenas toma medicación, conserva el apetito y estos cien años apenas le han quitado visibilidad. Quizá sea una manera de compensar el hecho de que fuera sorda y su lenguaje sea muy limitado.

La terapeuta del centro, Almudena Burgos Zapatero, y una voluntaria, Marta Gaviria Malangre, impulsaron un homenaje al que se sumó el resto de empleados y residentes. La jornada comenzó a las 11.30 horas con la celebración de una misa a cargo del religioso de la residencia, Jesús Campos; una hora después, el grupo Lizarrako Gaiteroak ofreció una actuación a la que siguió la comida. A las 17 horas, el comedor enmarcó la entrega de regalos así como el aurresku que en su honor bailó una antigua empleada del centro, Tamara Comas, acompañada al txistu por José Luis Aznárez.

Con un pañuelo rojo al cuello, Ana María Apesteguía disfrutó después con el resto de sus compañeros de una chocolatada. Una excepción en la dieta de esta mujer ya que según aseguraron sus cuidadoras le basta con las tres comidas de rigor. "Incluso a veces protesta a la hora de la merienda porque dice que todavía no ha hecho la digestión", comentaba Almudena Burgos.

Natural de Villatuerta y soltera, Ana María Apesteguía entró en la residencia de Santo Domingo hace 30 años, uno después de su inauguración, y en compañía de una hermana ya fallecida. Antes, recordaba ayer, se había dedicado a trabajar con el ganado vacuno y el campo que tenía su familia en su localidad natal.

"Los residentes la tienen como a su propia abuela"

Ayer, cada residente que pasaba a su lado, se detenía junto a la centenaria para darle un beso, una caricia o preguntarle qué tal estaba. "Es una mujer muy querida, los residentes la tienen como a su propia abuela", comentaba Marta Gaviria, mientras que la terapeuta remarcaba su carácter participativo en inquieto. "Es la primera en apuntarse a las nuevas actividades. Acude a todos los talleres de manualidades, al bingo o a los campeonatos que se organizan", destacaba Almudena Burgos. Y precisamente ayer como regalo del centro recibió un libro digital de su estancia durante estos 30 años en Santo Domingo.

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