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ESTELLA

A 40º en el ascensor

  • El elevador más antiguo y utilizado de Estella, del barrio de Lizarra, "ahoga" estos días a sus usuarios. Su armazón de cristal aumenta en 60 el sofocante calor que se registra en el exterior.

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A 40º en el ascensor

Desde la izda, delante, Carmen Mesa Calleja y Nora Iribas Aedo, con el termómetro. Detrás, Paula Erdozáin Jordana, María Puy Ugarte Monreal y María Puy Madariaga Armañanzas, dentro del ascensor. M. M. E.

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A 40º en el ascensor

Dámaso Valencia Azcona. M. M. E.

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A 40º en el ascensor

Eguiarte Garín Calanda (dcha) M. M. E.

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Actualizada 19/08/2011 a las 01:04
  • M. M. E. . ESTELLA

QUE no se pare, por favor. Es lo que los usuarios del primer ascensor de Lizarra -el más antiguo y utilizado de Estella- piensan nada más subirse a él. No quieren ni plantearse la situación de quedarsen encerrados en un habitáculo que, estos días, ahoga a cualquiera. Quizá, el espacio de la ciudad que más se calienta. Un horno, una sauna, el infierno. Como ellos quieran llamarlo. Meterse en él no refrigera, precisamente, a nadie. De media, son seis grados más respecto a la referencia exterior los que se registran dentro y, sufriendo temperaturas que rebasan los treinta, seis más se notan mucho.

El miércoles, a las cuatro de la tarde, la ciudad respiraba en la calle 34 grados. En este ascensor que se inauguró en la primavera de 2005, el termómetro se mantenía en los 40. La estancia en el interior es corta, a nadie se le ocurre -claro- pasar la tarde, pero los 17 segundos que tarda desde que la puerta se cierra y se vuelve a abrir en su otra entrada se hacen largos, muy largos, para muchos. "La gente comenta el agobio que le entra a uno. Si se pudiera poner un ventilador o algo.", propuso Javier Astiz Jiménez, un vecino de 48 años, que utiliza el elevador a diario. "Aún así, es mejor que esté caliente que no haya", añadió él.

Calor o 70 peldaños

Él esquiva así los casi setenta peldaños de la escalera anexa, que se le hacen más cuesta arriba. A la estructura, de unos 12 metros de altura, le castigan los rayos de sol durante las horas fuertes del día. Su armazón de cristal concentra el calor y a ello se añade la falta de aire y la sensación claustrofóbica de encontrarse en un lugar pequeño y cerrado. Un cóctel poco tranquilizador. Y si a esto se le suma una niña llorando con ganas de comer. para de contar. Le ocurrió al marido de María Sanz de Galdeano Monreal, de 34 años, y ella ayer recordó la historia. "Se quedó dentro sin poder salir y se agobió un poco. Es un problema, en verano, pero lo cierto es que todo se soluciona rápido. Te "liberan" enseguida", indicó Sanz de Galdeano.

El miércoles, María Zambrano Rodríguez, con un familiar residente en esta zona, experimentó esta sensación durante cinco minutos. Le ocurrió, como al anterior, en uno de los otros tres ascensores -mucho más pequeños- que se han colocado en este barrio de Lizarra después. "Se me ha bloqueado, pero se ha arreglado solo. Menos mal que tenía el agua que llevo para mis niñas. Porque llevo la silleta, si no las escaleras serían mejor opción en verano", dijo. Aunque a los 72 años, como dijo el estellés Dámaso Valencia Azcona, se sube más cómodo que por las escaleras. "Lo prefiero pero es un horno. Cuando se abren las puertas, sientes un calor. Es matador", manifestó.

Bueno, para Javier Napal Goizueta, de 50 años, esto es relativo. Él por su profesión, trabaja en el Tanatorio San Agustín, está acostumbrado a soportar temperaturas muy altas. En el horno crematorio de Estella se expone a 60 y 70 grados. "Para mí estos 40 no son casi ni calor, pero reconozco que, para el resto, es horroroso estar entre cristales con el sol de agosto. El año pasado, en un día como hoy [se refirió al miércoles] se quedaron dentro varias personas que se pusieron muy nerviosas. Había un niño y estaba medio deshidratado", dijo.

Agua, agua es con lo que sueñan Carmen Mesa Calleja, de 13 años, y sus amigas nada más salir del ascensor. Lo utilizan todos los días para subir a las piscinas del Obeki y se sumergen en el vaso nada más llegar. "Agobia. Se hace largo el tiempo dentro", aseguró. La misma sensación ratificó Eguiarte Garín Calanda, de 39 años. "Yo no soy de sudar, pero aquí dentro sí lo hago. Siento humedad y agobio", afirmó.



  • un vecino
    (19/08/11 08:50)
    #1

    la verdad es que siendo el problema ya viejo podian haberse planteado el que al parar dejara la puerta abierta para equilibrar algo la temperatura ,ademas de poner untramo de rejilla en la parte inferior del tunel para que habria corrriente dentro ddel mismo

    Responder


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